Ante unas letras fenicias

Al doctor Guillermo Boto,
quien comprende a las personas
y a las cosas

Cuando el visitante recorre distraído el Museo de Cádiz se sorprende, al pasear por la sala de la época fenicia, con la vista de los espectaculares sarcófagos antropomorfos, masculino uno y femenino otro; aunque los conozca de los libros, siempre llamarán la atención por su monumentalidad. No obstante, ese visitante, si va un poco atento, se sorprenderá tanto o más, por ser desconocidos, ante dos lotes de fragmentos cerámicos con grafitos hallados uno en Castillo de Doña Blanca y otro en la excavación del Teatro Cómico. La lengua y la escritura fenicias son parte fundamental del panorama lingüístico de la España antigua.

TDB-86001

En el primer caso se trata de cinco piecitas, de las cuales una, el epígrafe incompleto TDB 86001, contiene unas letras fenicias, concretamente las cuatro primeras del alfabeto, álef, bet, gimel y dálet, sobre las que la ficha explicativa sugiere que puede tratarse de un ejercicio para aprendizaje de la escritura, como una cartilla de primeras letras, pero que los investigadores creen que forman un más que posible antropónimo fenicio (salvo que se trate de una inscripción más larga).

TDB-91001

Otra, el epígrafe completo TDB 9100, contiene una preposición y el nombre personal fenicio que indica la pertenencia del recipiente cuyo es el fragmento (I ‘smnh, derivado del nombre divino Eshmún, en una mención antiquísima que sorprende en Occidente).

TDB-87001

El TDB 87001 conserva dos letras y es inicio de una inscripción mayor, con seguridad un antropónimo. El epígrafe TDB 87002 presenta tres signos, aunque pudo ser más largo, y puede referirse a un nombre de lugar.

TDB-87002

La otra pieza contiene un solo signo que, por su morfología, se asemeja a algún grafema fenicio y que podría corresponder a un uso mínimo de la escritura lineal. La data de estas piezas pertenece a los siglos VIII y VII aC. Estos epígrafes dan testimonio del buen conocimiento y del uso extendido de la escritura entre los habitantes de Doña Blanca y su calidad deja ver manos habituadas al manejo de la escritura lineal sobre otros soportes, por lo que nos sugieren que era conocido otro tipo de documentación, la administrativa, como reflejo de prácticas económicas complejas.

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Epígrafe de Doña Blanca

El otro lote contiene tres piecitas procedentes de la excavación del Teatro Cómico, en la vecindad de Torre Tavira. Según el estudio de Zamora López, esas tres piezas corresponden a las numeraciones 1, 2 y 3 de la excavación y son representantes de un total de nueve fragmentos cerámicos con grafitos, encontrados en distintos niveles arqueológicos de lo que pudo ser la inicial ciudad fenicia de Cádiz. De ellos, siete fragmentos son restos anfóricos; uno, de un plato (el 3) y otro, de una olla hecha a mano. Dos fragmentos están datado en los finales del Siglo IX aC, seis fragmentos pertenecen al siglo VIII aC (de los que uno se asigna específicamente a la primera mitad [el 1], otro a mediados [el 3] y otro a la segunda mitad [el 2]) y uno, al VI aC. Se ha podido determinar que tres son de producción local (el 1, el 3 y otro), dos del área malagueña, uno de Cartago (el 2) y  otro de Cerdeña. El fragmento 1 es una de las más antiguas muestras de escritura con seguridad producidas en la Península Ibérica y consta de tres letras  de derecha a izquierda, “ypq”, que  podrían corresponder a un nombre propio en función de marca. El grafito numerado con el 2 posiblemente tenga el texto completo y corresponda a un nombre personal. La pieza 3 tiene una clara inscripción de propiedad sobre un plato en el que su propietario escribió su nombre con la soltura de un usuario habitual de la escritura fenicia, con características similares a grafitos de Castillo de Doña Blanca.

Los testimonios son modestos y breves pero demuestran al menos tres cosas: que hay escritura en los primeros momentos de asentamiento; que, en algún caso, la escritura se hizo en la zona y que en Cádiz había personas capaces de escribir en fenicio con trazos propios del que lo hacía normalmente sobre soportes perecederos. Los textos nos aportan nombres personales fenicios, completando el conocimiento de la antroponimia de los periodos fenicios más antiguos.

Teatro Cómico 1

La excavación del Teatro Cómico aportó otro descubrimiento complementario de los grafitos y son seis improntas de sellos de arcilla o crétulas, grabadas quizás con escarabeos. El documento soporte sobre el que se aplicaron estas piezas estaba elaborado en papiro. Lo  determinante es que estos sellos-crétulas deben fecharse entre fines del siglo IX e inicios del VIII aC. Sin dejar a un lado que el nombre del interior del cartucho de uno corresponde al praenomen de Tutmosis III (Menkheperre) escrito con signos jeroglíficos muy esquemáticos, es mucho lo que aportan estas piezas al conocimiento de la escritura entre los fenicios, ya que, aparte de su antigüedad, se trata de una prueba incontrovertible del uso masivo de documentos escritos en papiro. Esta práctica en papiro y la costumbre de tener grandes archivos en los templos abren nuevas hipótesis sobre los textos que pudo haber en el Templo de Hércules y en otros santuarios (como los de Baal Hamon o de Astarté). También se abre el camino para estudiar la adopción de esta escritura por las poblaciones locales antes incluso de finales del siglo IX a. C. Ello explicaría la forma arcaica de las letras fenicias presentes en los llamados alfabetos paleohispánicos.

Así las cosas, puede que el visitante se plantee la cuestión de que en España escasean las inscripciones fenicias, lo que contrasta con el hecho de que los fenicios nos trajeran el alfabeto.

Teatro Cómico 2

Las inscripciones son escasas pero se siguen descubriendo y a día de hoy son unas 150, de las que 70 son de Castillo de Doña Blanca (alrededor de 30 en el nivel del siglo VIII aC.),  lo que no es poco en comparación con lo que hay por ahí; en el mismo Líbano se han descubierto poco más de 300, de las que unos cincuenta son de Tiro (la metrópolis de la que venían los colonizadores de Cádiz y de otras ciudades de nuestra costa mediterránea).  De un total de 10.000 inscripciones fenicias, unas 7.000 corresponden a la zona de Cartago (norte de África) y dentro de una época concreta, según datos de JL. Cunchillos.

Hablamos de pequeñas inscripciones, porque las grandes inscripciones no eran comunes entre los fenicios aunque se pudieron practicar en zonas próximas no fenicias que usaban el alfabeto fenicio, bien para la lengua fenicia (adoptada como propia) bien para las propias lenguas (a cuyo sistema gráfico acabó sustituyendo). Los fenicios usaron las grandes inscripciones sólo para las tumbas de los reyes, y éstas se localizan en lo que fue Fenicia; por eso no hay en zona de colonias, como España. Resumiendo, las inscripciones fenicias en España no son escasas relativamente, aparte de las muchas que se han perdido por estar en material corruptible como el papiro.

¿Por qué hay esa escasez absoluta? Reparemos, siguiendo a Zamora López en su ponencia de un congreso de Huelva en 2004, en que la escritura puede ir sobre un soporte específico (papiro, pergamino, papel, soporte informático…) o sobre uno marginal (un mueble, una estructura monumental…). Pues bien, los fenicios y los habitantes de su entorno conocían tanto la cultura egipcia como la mesopotámica, de manera que la escritura jeroglífica sobre papiro y la cuneiforme sobre tablillas de barro confluyeron en las inscripciones fenicias que vieron los primeros signos alfabéticos en el segundo milenio aC. y dieron paso al alfabeto plenamente desarrollado en el primer milenio. Sin embargo, es en la ciudad de Ugarit (al norte de los fenicios), cuando se somete a los hititas, donde se plasma la escritura alfabética adaptada a tablillas, algunas de las cuales, como soportes específicos, han llegado a nosotros, junto a un reducido número de soportes marginales. El éxito del alfabeto llevó en Fenicia a usar también los signos lineales sobre el papiro, pero este tipo de soporte no pervive como la tablilla. Así, sólo han llegado a nosotros las inscripciones fenicias sobre soportes marginales, los cuales son un pequeño porcentaje de todos los soportes.

Teatro Cómico 3

Podríamos decir que en España las inscripciones fenicias existentes son menos del cinco por ciento de las que pudo haber en total. Aparte, muchos documentos escritos en signos fenicios debieron pertenecer a lenguas y pueblos indígenas, aunque sus lugares de aparición se repartan irregularmente. Terminamos, repitiendo que la destrucción de textos fenicios nos lleva a que el número de inscripciones conocidas no refleje ni de lejos la intensidad y la antigüedad de la implantación del alfabeto fenicio en España.