Mata a su novia de 17 años por no querer abortar

Planificó sin escrúpulos el asesinato con todo detalle

El mundo de los adolescentes es complejo. Tanto que a veces traspasa la línea roja de lo permitido. Para caer, de lleno, en lo delictivo. Aaron Trejo, un chico de 16 años, sin pensárselo dos veces ha asesinado a su novia, Breana Rouhselang, de 17 años, después de descubrir que estaba embarazada de seis meses y ya no podía abortar legalmente. Así, de sopetón: sin encomendarse a Dios pero quizá sí al diablo. Un suceso tristísimo que bien podría haberse evitado de mil maneras.

¿Cuándo acontecieron los hechos? En diciembre del 2018, en Mishawaka (Indiana, EE.UU.). Trejo ha admitido a la policía que planificó el asesinato durante una semana antes de llevarlo a cabo. De modo que no puede achacarse ninguna clase de arrebato inconsciente. Ni mucho menos. Todo pensado y repensado. Como un minimalista del crimen perfecto. O casi. El asesino clavó un cuchillo en el corazón de Breana «pensando que la mataría rápidamente», según ha confesado a la policía. A continuación, tiró el cuerpo de la chica en un contenedor detrás de un restaurante.

Y se quedó tan pancho. Como un pensador, alelado, de musarañas. Como un encendedor de la calma chicha. Como un disimulador profesional. Trejo ha explicado a los agentes que tiró el cuchillo con el que mató a su novia, lo tiró rápidamente, así como también su móvil, a un río cercano a la zona para encubrirlo todo. Lo dicho: ni un detalle dejado a la improvisación. El chico planificó el asesinato después de saber que Breana no quería abortar a su hijo. Incomprensible en toda su más honda significación.

En ningún instante se le pasó por la cabeza un paréntesis de clemencia. Ni una duda entre el sí y el no. Ni una tregua a la muerte. Ninguna condescendencia. Ninguna piedad. Ningún anticipado arrepentimiento.  La autopsia que le han practicado al cuerpo de la víctima ha confirmado que murió por las varias heridas que le provocó el puñal. A mayor abundamiento, la chica llevaba un pañuelo en el cuello que estaba apretado con tanta fuerza que la asfixió.

La chica estaba en el segundo trimestre del embarazo. “Tomé acciones. Le tomé la vida”, ha confesado el autor de los hechos. ¿Se trataba de un embarazo secreto? Veamos: el asesino y Breana eran estudiantes en el Instituto de Mishawaka, donde ella era animadora y jugadora del equipo de softball.

La chica era simpática y se granjeaba la amistad de sus compañeros con facilidad. Era sociable. Su familia ha explicado a medios locales que no tenían ni idea de que su hija estaba embarazada. El padre se ha dirigido desconsolado al público, diciendo que «era la niña más encantadora, dulce e inocente que se haya podido conocer nunca».

La injusticia es manifiesta. Y la desproporción de un asesinato que a nada lleva. Trejo se ha declarado culpable del asesinato de Breana y del feticidio de su hijo este miércoles 30 en el juzgado. Aceptando los delitos, ha llegado a un acuerdo con la fiscalía por el cual no se tendrá que enfrentar a otros cargos.

Todo se ha consumado. En estos momentos el chico espera la sentencia, que se pronunciará el 7 de enero. Puede recibir una condena de entre 45 y 65 años por el asesinato de Breana, y de entre tres y 16 años por la acusación de feticidio.