A los 96 años cumple su sueño: ser universitario y graduarse

«Nunca me canso de estudiar y le digo a los jóvenes que hagan lo mismo»

Nunca hay que darse por vencido. Por más que las dificultades campen en derredor. Siempre debemos luchar por nuestras metas, pese a que las circunstancias no sean favorables. Pese a que la adversidad dificulte la senda y coloque pedruscos en el camino.

Nada es imposible si la fuerza de voluntad se empecina en apretar los dientes y sacar fuerzas de flaqueza. Quien la sigue, la consigue. Antes o después. Siempre a tiempo y jamás a destiempo. En la biografía del hombre, de cualquier hombre, el calendario no marca etapas sino logros. La vida es corta o larga según el prisma de los sueños.

De los sueños personales. Nuestro protagonista estaba convencido que conseguiría su objetivo. Nada le hacía más ilusión. No flaqueó en el horizonte de sus miras. No se achicó por la edad. Por su tercera edad. Ni de lejos. La voz interior le impulsaba hacia adelante.

Siempre creyó -sí, por supuesto que sí- que conseguiría su objetivo. ¿Cuál era su objetivo? Graduarse. Y lo ha logrado. Lo ha logrado con creces. Contra pronóstico. Contra todo pronóstico de muchísimas personas pero no así según su perseverancia. Su fe en sí mismo. Su erre que erre. Su tenacidad.

Estudiar era el sueño de su vida -un sueño mágico- y lo ha hecho a los 96 años y 10 meses en Estudios Filosóficos e Históricos en la Universidad de Palermo. Se trata de Giuseppe Paternò, el alumno de más edad de Italia. El alumno de más edad. Pero de mayor ilusión. Ahora otea un horizonte cuajado de sonrisas.

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Paternò comenzó a trabajar a los siete años y únicamente hace tres años tomó la decisión de inscribirse en la universidad. Ha aprobado todas las asignaturas a la primera y con notas sobresalientes. Con una entereza que ya nadie puede quitarle lo bailado. Ha evidenciado por largo su valía.

En la víspera de la graduación todavía estaba sentado en su escritorio estudiando. «Nunca me canso y les digo a los jóvenes que hagan lo mismo. Sigo estudiando todo el tiempo, porque lo único que lamento es no haberlo hecho tan joven como me hubiera gustado».

«Las asignaturas de la carrera -añade- estaban entrelazadas con mis recuerdos. La historia que estudio también es la mía: la guerra, los bombardeos, el servicio militar y el embarque en el submarino que esquivé por una neumonía», dice doctor Paternò, como todos le llaman con cariño. ¡Una ovación fortísima para su luminoso ejemplo!