Novillero Ruiz Muñoz: “La naturalidad no se puede imitar delante de un toro”

Entrevistamos al novillero José Ruiz Muñoz en Chiclana, junto al monumento a Emilio Oliva

Nos citamos con el novillero José Ruiz Muñoz en Chiclana, junto al monumento a Emilio Oliva, inaugurado hace poco. Ese será, para esta ocasión y para muchas futuras ocasiones, un buen punto de encuentro entre los taurinos. Pepe nació en junio de 1995; es un muchacho espigado y bien parecido.

Sus maneras son exquisitas y cualquiera puede ver a qué tronco se parece la rama. Paseamos por la bella localidad, taurina ella, y cruzamos el río Iro, con su cauce bien cuidado, que embellece aún más el entorno. Decidimos que el Museo Paquiro puede ser el lugar idóneo para sentarnos y hablar sin prisas. Allí, entre estatuas y retratos al óleo del gran torero decimonónico, regulador del toreo en su forma moderna, comenzamos a repasar la carrera de este joven, que lleva la pasión por el toreo en las venas y también a flor de piel.

¿Había antecedentes taurinos en tu familia?

Mi padre es de Huelva y mi madre, de Sevilla. Después de casarse se asentaron en Chiclana, por motivos laborales, ocho años antes de nacer yo. Mi padre no había tenido ninguna relación con el mundo del toro. Mi madre, por su parte, no era aficionada aunque es hija de María, hermana de Curro Romero; mi abuela no fue nunca a la plaza a ver a su hermano y no lo veía ni en vídeo. No se hablaba de toros en aquella casa. Mi familia no es taurina y nunca había ido a los toros; ahora ya sí, a raíz de lo mío.

¿Cómo te entró la afición?

Nací en Chiclana y desde pequeñito quería ser torero. La afición me viene de dos cintas de vídeos que había en mi casa (uno, con la faena de Antoñete al toro de sborne y otro, con una antología de faenas de los años 80 que incluía muchas de Curro) y desde los dos añitos sólo quería verlos una y otra vez, en lugar de dibujitos. A partir de los ocho años me puse pesado con mis padres y conseguí que me apuntaran a la escuela taurina que dirigía Emilio Oliva.

¿Cómo fue tu etapa en la escuela?

Primero estuve en ella hasta los doce años. Otros alumnos, como Jorge Alba o Manolito Ponce, tenían mi edad pero estaban en la escuela desde pequeños y, cuando los llevaban a los tentaderos, al volver me ponían los dientes largos. Con once años, jugando al fútbol en el colegio, me partí la pierna y dejé de ir a la escuela aunque seguí entrenando en casa, pero no conocía a gente cercana para ir al campo. Con catorce años fui con mi madre a ver al paisano Francisco Montero en su debut de luces y cortó un rabo; ahí me dije “si éste, que fue mi compañero, hace esto también yo puedo sentir lo mismo”. Entonces me reincorporé en serio a la escuela otros tres años, aunque a los quince años me fui a Sevilla. No toreé becerradas ni toreé de corto pero hice mucha tapia y paré vacas en los tentaderos que organizaba la escuela. Mi debut de luces con erales fue el 17 de octubre de 2010 con ganado de Hermanos Lavi, en Chiclana; tuve muchas volteretas y corté una oreja.

Después, el 24 de abril de 2011, el maestro Oliva organizó una goyesca, por el bicentenario de la Batalla de Chiclana, donde me volvió a anunciar. Entonces decidí mandarle un vídeo a mi tío Curro y decirle que me echara una mano para torear una becerra en el campo, de preparación. Curro habló con su amiga Rocío de la Cámara, que me regaló dos becerras y allí fue cuando por primera vez paraba y toreaba enteros a los animales. Mi tío le pidió a Gonzalito, su mozo de espadas, que viniera a verme a la goyesca y, en ella, corté dos orejas a un novillo de Pedro Fernández. Tenía yo dieciséis años. Gonzalito decidió apoderarme y es cuando me fui con él a Madrid; ahí empezó mi etapa sin caballos por libre.

Luego tuve dos citas más; una fue el Ciclo Provincial de novilladas, en Tarifa, donde tuve mala suerte pues me tocó un novillo de Salvador Domecq complicado, y la otra fue un festival organizado en Chiclana por los cincuenta años de alternativa del maestro, en el cual toreé un eral de Torres Gallego. En estas dos últimas actuaciones yo pertenecía a la escuela sólo nominalmente.

¿Toreaste como novillero sin caballos fuera de la escuela?

Sí. El 2012, con dieciséis años, me fui a Sevilla e hice mucho campo. Toreé en Salas de los Infantes (Burgos) en un mano a mano con Brandon Campos pero pinché. Actué en Soria, donde quedé triunfador con cuatro orejas y un rabo. En Torres (Jaén) corté cuatro orejas y un rabo, en mano a mano con Lama de Góngora. En Roquetas (Almería) corté dos orejas con ganado de Guadalmena.

En 2013 me subí a Madrid y participé en muchos tentaderos. Toreé el 2 de mayo en Las Matas con reses de Montealto. En Valladolid toreé primero en mayo en una novillada de seis, cortando una oreja, y luego en septiembre, saliendo a hombros. Me vuelven a repetir en Soria, donde corté tres orejas. En Navalperal de Pinares (Ávila) corté dos orejas a un novillo, alternando con Roca Rey. Debuté en Francia, en Tartas, con ganado de Los Bayones. En total fueron ocho o nueve novilladas.

Cuenta tu etapa de novillero con caballos

En 2014, el 27 de abril, debuté con caballos en Sevilla, en preferia, con reses de García Jiménez, alternando con Lama de Góngora y Gonzalo Caballero. Había hecho mucho campo con becerras; con toros, no, pero tenía mucha ilusión. El debut fue bueno, porque en el primer novillo, de quinintos diez kilos, aunque se paró pronto maté bien y saqué una ovación y en el segundo, complicado, tuve otra ovación. Fui a El Puerto de Santa María y el primer novillo, de Torrestrella, no sirvió y el segundo, extraordinario en el capote, cuando estaba brindando a Rocío de la Cámara se mató en un burladero. Al día siguiente tenía Santander; durante el viaje, por la noche, iba con preocupación y no descansé nada. Muchas veces la responsabilidad me ha presionado demasiado y eso no me ha beneficiado; sin embargo, al llegar a la ciudad vi que era muy bella y que había una gran afición. Los novillos de Juan Pedro Domecq embistieron y toreé con una pasión tremenda; corté dos orejas y una oreja. La salida a hombros fue muy bonita. Como la novillada fue televisada tuvo mucha repercusión y sonó mucho el teléfono. Fui a Riscle (Francia) para lidiar novillos de Conde de la Corte y corté una oreja, quedando triunfador de toda la zona suroeste. En Collado Mediano y con ganado de Montalvo, el primero, después de una buena faena, me fracturó la nariz al entrar a matar pero aun así toreé el segundo. En Aranjuez toreé en una de seis novilleros y corté una oreja a uno de Alcurrucén. En Valladolid los pinché. En septiembre, en Navalcarnero mi primer novillo, de Pallarés, me cogió y me fracturó el pómulo izquierdo en varios puntos y la nariz, con hemorragia en el ojo, lo que me tuvo inactivo seis meses, con dos en cama. En una segunda operación, con el doctor García Perla, se me corrigió la desviación facial y visual.

El año 2015 recibí en Santander, el 20 de febrero, el Premio al Novillero Más Valiente, del Hotel Palacio del Mar. Reaparecí el 22 de marzo, tras seis meses en que no había hecho nada. Me ofrecieron un mano a mano con Ginés Marín en Arnedo; sólo había tenido dos tentaderos y no salieron las cosas bien, porque mentalmente no había superado todavía la cornada. Fui a Sevilla en abril, con novillos de Algarra; el primero se apagó pronto, aunque lo toreé bien con el capote y con la muleta, y al segundo lo disfruté con el capote pero también se paró. En Fuentes de León (Badajoz) lidié novillos de El Cahoso, alternando con Ginés Marín y Juan Carlos Caraballo; corté oreja y oreja. Tuve una segunda tarde en Sevilla, en junio, con novillos de Guadaira pero no salieron las cosas; el segundo tenía quinientos treinta kilos. La Maestranza me encanta mientras que Madrid, por la responsabilidad, me consume. Volví a Riscle, pero me salió un novillo que me parecía estaba toreado. Luego toreé en Rieumes con reses de Toros de la Plata y corté dos orejas, saliendo a hombros, lo que me dio mucha moral. En Villa del Prado (Madrid) toreé ganado de Pérez Villena, de origen Fuente Ymbro, y corté tres orejas. Finalmente, fui a Nimes, para una novillada de seis para seis, y cuajé al novillo pero pinché, aunque me hicieron dar la vuelta al ruedo.

El invierno de 2016 hice menos campo pero me presenté en Madrid el 3 de abril, junto a Pablo Aguado y Miguel Ángel León; los novillos salmantinos de Sánchez Herrero (de origen Aldeanueva) se caían y, aunque maté bien, no hubo opción ninguna. Me quedaba Sevilla, donde estaba anunciado con reses de Rocío de la Cámara. En el primer novillo toreé bien con el capote y con la muleta por la derecha, pero por la izquierda me cogió con cornada de 25 centímetros, aunque seguí en pie y lo maté; cuando fui a la enfermería ya no pude salir. Pasé dos meses en casa curándome y al reaparecer en el campo, con un toro, recibí un puntazo en el gemelo. A las dos semanas, el 14 de agosto, volví a Madrid e intenté echar la tarde para adelante; el primero, de Toros de la Plata, se dejó aunque no pasó nada pero el segundo, de Antonio Ordóñez, no sirvió y vi que se me derrumbaba mi vida; esa tarde me hizo mucho daño a mi carrera. Gonzalito y yo decidimos dejarlo y me volví a Chiclana.

¿Vino una etapa de una reflexión?

Cogí un tiempo para pensar pero me di cuenta de que no podía vivir sin el toro y decidí volver a empezar desde cero para recuperar la ilusión por cada entrenamiento, por cada muletazo. En 2017 encontré a José Ibáñez, taurino de Ávila que había llevado a El Pana, y me ofreció tener paciencia conmigo. Estuve con él un año viviendo en torero, entrenando y matando toros en el campo; pasábamos juntos mucho, hablando de toros y me inculcó el frontón. Me dio las herramientas que hasta entonces yo no tenía. Fuimos a Méjico para una estancia de veinte días y toreé allí un festival, donde corté una oreja. Más tarde volvimos para otros veinte días y entonces toreé dos novilladas; en la primera corté dos orejas y la segunda fue en Aguascalientes, por San Marcos, pero ahí pinché con la espada. Ibáñez intentó abrir puertas en Madrid y Sevilla pero no se abrían; me dijo, como amigo, que debería buscar a otro que pudiera conseguir algo más.

En 2018 volví a Chiclana y me puse a hacer campo por mi cuenta y apreciar cada instante de esta profesión. En Torrestrella me vio Cayetano, que decidió ayudarme en encontrar nuevos tentaderos. En uno de ellos conocí a Antonio Grosso, quien me puso en contacto con Gerardo, el empresario de Campofrío, que me trató de categoría. Fui a su festival y salió el extraordinario novillo Sacaperras, de El Parralejo, al que toreé con sentimiento e indulté. Alterné con Javier Jiménez, apoderado por José Luis Peralta, el cual me vio. Días después, a través del escritor Miguel Aranguren, contacté con José Luis, que decidió apoderarme.

¿Qué has hecho este año?

Este año de 2019 me fui a vivir a La Puebla para corregir aspectos técnicos, entrenando a diario rodeado de profesionales, entre los que está el maestro Morante. En abril, en Guillena volví a vestir de luces, después de dos temporadas sin hacerlo, y corté dos orejas. Volví otro año al festival de Campofrío y corté una oreja a un novillo, también de El Parralejo. En Blanca (Murcia), ante ganado de Virgen María, corté una oreja a cada novillo. Me repitieron en Guillena, donde perdí las dos orejas del primero, de Soto de la Fuente, y corté una oreja al segundo, de Algarra.

¿Cómo se presenta la próxima temporada?

El planteamiento para el año que viene es entrar en Sevilla, si se puede. Está difícil pero en las restantes plazas, también, porque me falta un gran triunfo en Sevilla o en Madrid. Si es imposible, se intentará tomar la alternativa.

Va una pregunta genérica. ¿Cómo es tu toreo?

Soy fiel a mi concepto y quiero hacer las cosas de forma natural, con mi personalidad. Hay que torear despacio, acompasado, con ritmo, interpretando un sentimiento, acoplándose a la embestida de cada animal. Del maestro Curro admiro su capacidad de aguantar tanto tiempo, con tantos detractores, por la fe en sí mismo, que es difícil mantenerla. Me gustaría tener sus muñecas, para mecer el capote como él, y sobre todo la despaciosidad y la pasión con que se entregaba. La naturalidad no se puede imitar y menos delante de un toro.

Vamos acabando. ¿Cómo ves la situación actual de la tauromaquia?

En España estamos pasando una situación muy desagradable, porque se ha perdido el respeto por la parte de la sociedad que no comparte la afición. Soy optimista pues la Fiesta ha pasado por etapas parecidas a ésta pero se ha seguido manteniendo. El toreo es una cosa tan pura que no desaparecerá. Como aficionado, veo que ahora se torea más perfecto que nunca pero le estamos quitando importancia, de tanto hacerles cosas inimaginables a los toros. Antes era más puro y el toro más limpio, más humano.

José Ruiz Muñoz junto a Marciano Breña

¿Quieres añadir algo más?

Solamente que doy las gracias a mis familiares y a las personas que me han apoyado. Quiero hacer mención especial, entre otros amigos, a Jorge Alonso. También te doy a ti las gracias por concederme esta entrevista para tu medio, elMira.es.

Algunos turistas que visitaban las instalaciones, al observarnos, nos han dirigido miradas inquisitivas, como si fuéramos parte del paisaje. Nos levantamos, porque va llegando la hora de cerrar el Museo, y agradecemos al encargado su amabilidad. Paseamos de vuelta y nos dirigimos a la Peña Emilio Oliva (la Peña del maestro). Con un refrigerio vamos dando fin a nuestra cita. Al despedirnos, le deseamos a Ruiz Muñoz lo mejor, que tenga éxito y cumpla su deseo. La Fiesta ganará.