Atacan a una joven y la dejan calva tras ponerle un sombrero con ácido

“El pelo vuelve a crecer pero el daño psicológico… Ahora tenemos miedo”

A menudo lo canallesco no conoce límites. La fiereza de la violencia humana tampoco. Siendo, en puridad, la misma cosa. Porque la violencia humana suele estar espoleada por lo canallesco. En pleno siglo XXI la maldad ha sentado plaza por doquier. Para atacar a bocajarro.

Es cuanto le ha sucedido a una mujer en Valencia: ha sido violentamente atacada con un sombrero impregnado en pegamento corrosivo. Un ataque muy calculado. Muy premeditado, aunque, eso sí, se desconocen tanto la identidad de los agresores como el motivo o los motivos de semejante ataque.

Marcela Tascón tiene 31 años. Es de Valle del Cauca, Colombia. Reside desde hace algún tiempo en Benaguacil (Valencia). Allí regenta un comercio de estética. Hace algunas semanas comenzó a recibir llamadas sospechosas.

La voz femenina le resultaba familiar. Le sonaba muchísimo. Llamaba desde un número oculto. Sabía lo que hacía, quienquiera que fuese la intrigante mujer. Y le preguntaba con insistencia por la ubicación de su negocio. Nada encajaba. Todo olía a chamusquina.

Aunque comenzaron a trascender este martes 28, los hechos sucedieron el pasado sábado 25. Fue el día de la agresión. La mujer recibió el sábado otra llamada. Y la voz femenina anónima comentaba que en 15 minutos se presentaría en su negocio. Le rogaba los datos exactos. Pero…

Pero Marcela le comentó que indefectiblemente debía pedir cita previa. La enigmática y por ahora invisible interlocutora hizo caso omiso para decirle que daba igual, que daba lo mismo, que iría de todos modos. Que solucionarían lo que fuese en el mismo centro de estética.

Quince minutos más tarde le suena el videoportero. Se alivió al comprobar que no era ninguna mujer. Sino un hombre vestido de mensajero. Dijo que le traía un regalo y por el videoportero le mostró un ramo de flores.

“¿Eres Marcela?”, cuando la joven esteticién respondió afirmativamente, el hombre, bruscamente, le espetó un sonoro y lleno de rabia «¡hija de puta!» y le colocó un sombrero en la cabeza y salió corriendo.
A Marcela, que estaba acompañada de su hijo de ocho años, todo le empezó a quemar al instante: el sombrero estaba impregnado con pegamento corrosivo. Comenzó a sentirse mal.

No daba crédito a cuanto estaba sucediendo. Todo le ardía en su interior. La cabeza era un infierno lleno de calderas.

“Intenté retirarme el sombrero y aparecieron las quemaduras”, cuenta. “No sabía qué hacer, si quitarme el pegamento, salir corriendo, llamar a la Policía o a la ambulancia…”. Finalmente decidió ir a Urgencias donde la atendieron de quemaduras de segundo grado, por le que tuvieron que raparla el pelo al cero.
Cabe constatar que la Policía Judicial de la Pobla de Vallbona ha asumido la investigación.

Los especialistas en criminalística han fotografiado todos los objetos del acto vandálico: desde el ramo de flores al gorro de tela impregnado de la mezcla corrosiva, así como las salpicaduras en la pared producidas cuando Marcela se arrancó bruscamente el sombrero instantes después de que el extraño se lo encasquetara en apenas unas décimas de segundos.

Un hecho muy lamentable. Marcela todavía está tratando de asimilar lo que le ha sucedido, dar con los autores del ataque y esclarecer el porqué de la agresión. El porqué es la gran incógnita. El quid de la cuestión. El precedente del suceso.

Aunque no lo puede asegurar está convencida que conoce a la autora de las llamadas desde hace no menos de cinco años y que el autor material de la agresión ha actuado a sueldo. “El pelo vuelve a crecer pero el daño psicológico… ahora tenemos miedo”.