Un susto de órdago. Casi mortal y de consideración. De los que suben el corazón a la barbilla y hacen saltar de la silla para provocar una pirueta de auténtico equilibrista. De los que contienen el grito tres segundos antes de expulsarlo como un alarido huracanado propio de hombres prehistóricos. Un susto de los que petrifican, de los que  ponen pies en polvorosa para salir a toda mecha en cualquier dirección. En definitiva, un susto de infarto. Es cuanto ha sucedido en un restaurante de la zona próxima a la calle Bailén, en Valencia. Allí se ha encontrado una serpiente, una serpiente de considerables dimensiones, en el interior del local. Abrieron las puertas para dar inicio a la jornada laboral. Como cada mañana, como cada día. Tocaba abrir el establecimiento…

Pero ¡pies para qué os quiero! Llegó la sorpresa de sopetón. En un amén. Como una aparición un tanto desagradable. Como una fantasmal silueta de forma alargada. ¿Qué era aquello? ¿De qué se trataba? ¿Era lo que realmente parecía que era? ¿Cómo podía ser posible? ¿Por qué sendero había llegado precisamente hasta allí?

Lo último que esperaban era eso. Lo último que esperaban los propietarios del restaurante era encontrarse frontalmente aquella serpiente. Pero así fue en realidad. Una imagen evidenciaba toda explicitud. Enseguida llamaron a las autoridades. Era la mejor opción. Era lo idóneo en este caso. A pesar del susto, de la congoja, incluso del miedo que recorrió todo el cuerpo de los presentes.

Centro de acogida

Eran las autoridades las que debían hacerse cargo de la serpiente. Fueron, por tanto, los Agentes de la Unidad Medioambiental (UMA) los que al cabo recogieron al reptil del restaurante. Se trataba de una serpiente de la variedad de pitón real. La han trasladado hasta el centro de acogida de avifauna y animales exóticos de Nazaret (proporcionan alimentos y cuidados a los animales allí refugiados).

Cabe consignar que este tipo de serpiente está considerada potencialmente peligrosa. ¿Dimensiones? Grande. Tanto como para asustar de veras. Su tamaño puede oscilar entre los 3 y 4 metros, ¡ahí queda eso!, en edad adulta. Puede llegar a provocar la asfixia.

Curiosamente, no se trata de un caso aislado. No es la primera vez que este tipo de animales asustan a los vecinos. Sucedió también en Madrid, concretamente en Vallecas: ocurrió que un hombre encontró fortuitamente una serpiente pitón en la mismísima nevera de su propio hogar, de su misma casa. También fue capturada por los agentes de la Policía Municipal de la comunidad madrileña.

Un pitón de casi cuatro metros

Otro ejemplo: en Castellón una vecina pasó por una situación muy parecida. Fue el caso de Daniela. Ella pudo observar cómo una pitón de casi cuatro metros se alojaba en el patio de un bloque de pisos. Fueron necesarias varias personas para trasladar al reptil. Esta aparición provocó un miedo de espanto.

Puede recordarse otro caso bastante más macabro. Sucedió hace un año, aproximadamente, en Indiana. Fue encontrado el cadáver de una mujer -era propietaria de 20 serpientes- con una pitón reticulada de dos metros y medio de longitud alrededor del cuello. Para más escalofrío, alrededor de ella había otras 140 serpientes más. Una imagen dantesca, sin duda alguna.

Parece necesario constatar que la normativa establece unos parámetros muy claros. Los dueños de las serpientes domésticas deben acreditar un documento en el que se detalle cuál es el origen del reptil. Pero no sólo eso. También un justificante de compra y un seguro de responsabilidad. Esto es absolutamente obligatorio. No opcional. Además, y por descontado, tener una animal de estas características conlleva asimismo una responsabilidad de cuidados, vigilancia constante y su debida alimentación.