En la mañana del domingo, 27 de septiembre, el obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy, presidió, en la Catedral de Cádiz, la ceremonia de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2020.

Bajo el lema Como Jesucristo, obligados a huir, esta edición trata de poner rostro a las personas vulnerables, rescatándoles de las listas anónimas de cifras, tratando de sensibilizar a la sociedad española para que asegure los derechos de la dignidad humana a toda persona obligada a desplazarse.

La ceremonia, marcada por las restricciones derivadas de la pandemia de la Covid-19, estuvo amenizada con cantos y bailes típicos africanos, y contó con menos afluencia que años anteriores.

Aún así, asistieron migrantes que residen en la diócesis, algunos de ellos ataviados con la vestimenta típica de su país, y agentes y voluntarios de la pastoral diocesana de migraciones.

Durante la misma, se recordó la grave situación que están viviendo los refugiados del Campo de Moria en Grecia.

Una tienda de campaña situada en el altar hizo referencia a la dramática situación que están atravesando estas personas.

El obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza, aseguró que «en esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado la Iglesia nos recuerda la importancia de estar a tono con esa misericordia de Dios, ante un gravísimo problema de dimensiones internacionales.

Un fenómeno que nos desborda a todos, para el que no tenemos todas las soluciones, pero donde nos encontramos, como nos recuerda el Santo Padre, con personas sufrientes a las que tenemos que conocer para comprender.

Tenemos que ver esta situación no como un problema abstracto, ni como números, ni como noticias que se quedan en el papel o en el celuloide.

Son personas que viven un drama y a las que tenemos que amar y atender».

Capaces de expresar nuestra fe

Mons. Zornoza pidió al Señor que «seamos capaces de expresar nuestra fe en un amor caritativo, que llega a tocar las heridas de las personas y del mundo.

Que encontremos al Cristo herido y doliente en los necesitados que nos rodean y que seamos capaces de responder  con generosidad y con nuestro testimonio, siendo una luz para nuestro mundo».

En total, hasta septiembre de este año, el Secretariado Diocesano de Migraciones ha atendido a más de 1.200 migrantes, siendo la mayoría de ellos procedentes de Marruecos, Honduras y Colombia.

Durante el confinamiento, el Secretariado puso a disposición de los migrantes 44 agentes (entre técnicos y voluntarios) y se atendieron a 536 migrantes.