Una enfermera es acusada de la muerte de una anciana atragantada mientras comía donuts

Tras largos años de juicios, la justicia al fin dicta sentencia

Ninguna muerte es dulce. ¿O sí? Se suele denominar así a las que se producen sin dolor. O en un momento de cierta inconsciencia. ¿Es una muerte dulce la que se produce mientras se paladea un ídem, es decir, un dulce: por ejemplo un donut?
Una enfermera había sido acusada de la muerte de una anciana. Sí: de una anciana que se había atragantado comiendo donuts. La enfermera declaró de todas a todas su inocencia. Quedó perpleja ante la acusación. Y ha sufrido este capítulo con rabia e impotencia.

Ahora ha visto cómo la justicia finalmente le ha dado la razón. Nunca es tarde si la dicha es buena. Ha quedado totalmente libre. Y sin cargos. Al fin ha podido respirar. Al fin ha podido recobrar el aliento. Al fin ha podido recuperar la serenidad.

Procede contextualizar: los hechos se remontan a siete años atrás, a 2013. La enfermera nipona Kesae Yamaguchi le ofreció a una de las internas del geriátrico en el que trabajaba un donut, ya que tenía prescrito comer alimentos blandos.

Hasta ahí todo normal. Es subrayable que pudiera comer alimentos blandos. La anciana, no obstante, una mujer de 85 años, se atragantó con el dulce y sufrió una hipoxia cerebral que terminaría por causarle la muerte. Una fatalidad en toda regla.

Después de largos e inclusos tortuosos años de juicios, un tribunal de Nagano declaró a Yamaguchi culpable de negligencia profesional imponiéndole una multa de 200.000 yenes, unos 1.614 euros.

La sentencia causó dejó boquiabiertos a propios y extraños y creó mucho revuelo en Japón, al tratarse de una de las primeras que atribuía responsabilidad penal a un cuidador por una muerte accidental acaecida en una residencia de ancianos. Algo insólito hasta la fecha.

Tras una fuerte y bien orquestada campaña de apoyo a la enfermera que ha reunido más de 270.000 firmas a favor, ahora el Tribunal Superior de Tokio ha decidido absolver a Yamaguchi de todo cargo. Más vale tarde que nunca.