“Está muriendo mucha gente que no debería de haber muerto”

Personal sanitario de la Comunidad de Madrid nos muestra la situación “caótica” que viven en la lucha ante “un rival desconocedor”

España suma hoy, sábado 28 de marzo, más de 72.000 contagios y 5.690 muertes por Coronavirus. Junto a China, Italia y EE. UU., es de los países más afectados por esta epidemia que tiene al mundo en vilo.

Dentro del estado español, la comunidad autónoma más afectada, de calle, es Madrid, en casos de coronavirus, al registrar este sábado 21.520 positivos y 2.757 muertes, casi la mitad del total en España.

La situación en la capital es muy complicada. De hecho, esta semana se tomaron varias medidas que muestran el panorama de la comunidad madrileña. En primer lugar, la creación de un hospital, de urgencia, en IFEMA. Otra de las medidas es convertir el Palacio del Hielo en una especie de morgue, por la “aumento del número de fallecidos y la imposibilidad de las funerarias para poderlos enterrar en el plazo establecido».

Los sanitarios, que siguen siendo los grandes héroes, se encuentran ante una contienda sin medios de protección para luchar contra el virus. Esto ha provocado que el número de sanitarios infectados haya aumentado, ante la falta de medidas de seguridad.

Una situación “catastrófica”

Desde elMira.es nos hemos puesto en contacto con varios sanitarios de la Comunidad de Madrid para hablar sobre cómo están viviendo la crisis. Sobre las condiciones de trabajo, un sanitario señala que la “situación es catastrófica”, debido, en su opinión, a que no se tomaron las medidas adecuadas de manera precoz para evitar la propagación de la enfermedad.

“No tenemos miedo porque la mayoría somos jóvenes, sin factores de riesgo. Pero todos tenemos familiares ancianos o con patologías crónicas y creo que nuestro mayor temor es contagiarlos”, sentencia Fran, un sanitario.

Estefanía, una enfermera, nos afirma que la situación es “caótica” y da miedo “como se está colapsando el sistema y la manera en la que se está yendo la gente”. “De sobra se podría haber controlado o contenido la situación tomando medidas a tiempo. Está muriendo mucha gente que no debería de haber muerto”, comenta la sanitaria de la Comunidad de Madrid.

La misma enfermera nos señalan que trabajan “bajo la incertidumbre constante, cada día nos cambian protocolos, directrices, sinceramente pienso que esto les ha venido muy grande y van actuando a contrarreloj”.

 Sin protección en una “guerra ante un rival desconocedor”

“Es una mala pesadilla. Una situación catastrófica, nos sentimos engañados, luchando en una guerra contra un rival desconocedor y sin protección”, matiza una enfermera.

Sandra, otra enfermera, nos afirma que están trabajando en unas condiciones “de ansiedad y estrés muy elevadas”. Además, hace hincapié en algo llamativo en cuanto a los equipos de protección, conocidos como EPIs. Antes, les decían que había que desecharlos porque eran “altamente contaminante”. Sin embargo, ahora las indicaciones son “reutilizarlos una y otra vez y pasarlo de unos compañeros a otros”.

Igual ocurre con las mascarillas, que “nos tienen que durar 15 días. Estamos trabajando con bolsas de plástico, gorros de ducha y material improvisado y donaciones”.

Personal sanitario haciendo batas para combatir el coronavirus

“La duda ya no es si te vas a contagiar o no, sino en qué momento va a ser”, señala una enfermera.

Trabajando contra viento y marea

“Trabajamos contra viento y marea, porque no nos queda otra”. Además, asegura que los trabajadores sanitarios están acostumbrados a que se les maltrate, mientras ellos luchan y pelean en condiciones mínimas y sin recursos, como ocurre ahora mismo.

Lo triste, como nos cuenta una enfermera, es llegar a ver cómo, día tras día, pasan por sus manos cientos de pacientes y “seguimos sin material”.

En algunos casos trabajan de “manera infrahumana” debido a la “descoordinación ante esta situación” y a que “el material es muy escaso. Nos obligan a llevar una mascarilla ffp2 durante una semana y la ffp3 sólo para intubación”.

Los medios de protección con los que trabajan son “justos”. En muchos casos ellos mismos, “con paños quirúrgicos y esparadrapo” crean estos sistemas de protección en cada turno. Una situación lamentable.

Por ejemplo, nos dicen que cuentan con batas, “pero no las homologadas para estar completamente protegidos”. Además, nos asegura que no disponen de cambios de “batas impermeables” y la reutilizan muchas veces tras “desinfectarlas con solución de lejía”.

Proporcionar el mejor cuidado al paciente

A pesar de la situación complicada en la que trabajan los sanitarios, nos aseguran que “ponemos los cinco sentidos para proporcionar el mejor cuidado a los pacientes, en no contagiarte y en no contagiar. En no cometer errores, ya no hablamos solamente en errores de medicación o técnicos, sino en tocarte la cara sin darte cuenta, el pelo o un boli”.

“Cuando terminas de trabajar, te acuestas sin saber si al día siguiente te encontrarás bien o no.  Hay un alto volumen de pacientes que tienen miedo y están solos. Intentas ser profesional pero eres humano y empatizas y sabes que igual no vuelven a ver a sus familias”, afirma Sandra.

Indica que ellos no son héroes, son humanos e igual de vulnerables ante el Covid-19 que cualquier persona. “Vives intentando encontrar el equilibrio entre humanidad y empatía y controlar el contagio. El problema no es la carga física de trabajo, es la carga psicológica que arrastras las 24 horas”.

“Sentimos miedo, pena, tristeza, tensión, estrés, rabia… y a pesar de ello llevamos nuestra mejor cara. Saldremos de esta porque esto es un túnel, no un pozo, pero saldremos muy tocados y costará levantarse”. Aun así, destaca que saldremos “más unidos, más sabios, más terrenales, más conscientes y, sobre todo, más humanos”.

Por último, Fran, matiza que “ahora solo nos queda resistir y enfrentarnos a la crisis con disciplina y fortaleza”.

Gracias, gracias y gracias. Gracias a todos los sanitarios que luchan contra esta pandemia sin las medidas de protección necesarias, poniendo en riesgo su salud y la de los suyos para enfrentarse a un rival desconocido. Estaremos eternamente agradecidos.