Al alba sería… es el inicio de una frase enteramente quijotesca, enmarcada en la magna obra literaria universal por antonomasia. Al alba suceden todo un encabezamiento de eclosiones vitales la mar de las veces imperceptibles para el gran público. Al alba el mundo se despereza y no desespera. Todo lo contrario que al ocaso de la jornada. Al alba también se fragua en lo secreto las germinaciones del arte…

Sí, las germinaciones del arte. Por esta noble razón nuestra protagonista es posible que naciera al alba. Cuando los hados se confabulan en favor de la vida. En favor de la pureza de la vida. En favor de la clorofila. En favor de las legañas de los ángeles de la guarda. En favor de los seres alados por prodigiosos y de suyo geniales. Algunos incluso dotados del don mesiánico del distingo de la libertad propia.

Nuestra protagonista es más que posible, sí, que naciera al alba. Y que por esta razón así se bautizara. Con dicho nombre. Y vino al mundo entre las flores del tronío artístico. Entre lo germinal y lo racial, como una estela morena de poderío exponencial. Como una síntesis de genes que ya adelantaban el agua cristalina de todos los más caudalosos afluentes. Alba Flores siempre fue una niña discreta. Que labraba en silencio todos las cimas de su libertad. Libertad como cultivo a tiempo presente y no libertad como mero vocablo decorativo.

Sí: entre las flores del tronío artístico porque Flores, con mayúsculas, es la carne de su carne y el hueso de sus huesos que conforman la familia de cuna. Una familia ya mítica encabezada por su abuela que además fue Faraona de España. En singular. Aglutinada. Unificada. Un país -el país- de todos. La niña Alba pronto quedaría huérfana de padre. Su progenitor subió a las estancias celestes también al alba sería…

Alba Flores -Alba González Villa- era muy pequeña cuando su padre ascendió de dimensión para abandonar la propia esfera consciente de este mundo de los vivos. Desde niña sintió una especial vocación por el mundo de la interpretación. De casta le venía al galgo. Bendita la rama que al tronco sale. ¿De tal palo, tal astilla? La estirpe es siempre la estirpe.

La estirpe es mucho sedimento. Y es que Alba Flores es hija de Antonio Flores y Ana Villa, nieta de Lola Flores y de Antonio González ‘el Pescaílla’, sobrina de Lolita Flores y de Rosario Flores y prima de Elena Furiase. Alba Flores ha ido dando pasos seguros en el mundo de la escena. Debutó pronto en el cine con la película ‘El calentito’ (2005) de Chus Gutiérrez con unos compañeros de autentica excepción: Macarena Gómez, Verónica Sánchez, Estibaliz Gabilondo o Lluvia Rojo, entre otros.

Luego fueron llegando papelazos, tanto en cine como en televisión, tales ‘El comisario’, ‘El síndrome de Ulises’, ‘Al final del camino’, ‘El tiempo entre costuras’ o ‘Cuéntame’. En 2015 subió muchos peldaños gracias a su esfuerzo personal. A su tesón. Y abrazó a la nueva serie de Antena 3 ‘Vis a vis’ para dar vida a Saray Vargas, una chica joven de etnia gitana, con mucha personalidad propia, que además se enfrenta a cuatro años de cárcel por asalto con violencia.

Aunque quizás su consagración llegó con su participación como protagonista en ‘La Casa de Papel’, donde encarna a Nairobi; una mujer de raza dentro de una banda de atracadores donde reclama ‘Jarana’.

Y le vinieron más papeles. También para el género teatral. Como, por ejemplo, en 2019, la obra de teatro ‘La excepción y la regla’ de Bertolt Brecht. No es una mujer que busque el protagonismo a toda costa. Es una actriz muy profesional y muy original en razón de su amplio concepto de la libertad. Este 27 de octubre cumple 34 años. Y lo hace en uno de sus mejores momentos profesionales. Su modus operandi es trabajo, trabajo, trabajo. Siendo una de ellas, esta artista jamás se echa flores.