En Morón, Jesulín retorna, Cayetano entregado y Aguado indulta

Buena tarde, con gran envío de El Torero para Jesulín de Ubrique, Cayetano y Pablo Aguado

Plaza de Toros “Manuel Morilla” de Morón de la Frontera, 24 de marzo de 2019. Cielo despejado con viento molesto durante todo el festejo. Entrada equivalente a las cuatro quintas partes del aforo. Ameniza la Banda de Música “Rafael Mitjana”, dirigida por Julián Jiménez Quintero.

Se lidiaron seis toros de la ganadería de El Torero (que pasta en El Bosque, Cádiz), con pesos entre 500 y 531 kilos. En el arrastre, el primero fue aplaudido y el cuarto, pitado; el quinto recibió una vuelta al ruedo. El sexto fue indultado.

Jesulín de Ubrique: estocada honda desprendida, de efecto rápido; dos orejas. Pinchazo y media tendida; ovación saludada.

Cayetano: estocada entera arriba pero tendida y un golpe de descabello; una oreja. Pinchazo y estocada entera algo desprendida, dos orejas.

Pablo Aguado: dos pinchazos y pinchazo hondo en su sitio más cuatro golpes de descabello; ovación saludada. Dos orejas y rabo simbólicos.

Incidencias: se anunciaba la vuelta a los ruedos de Jesulín de Ubrique. Tras la fiesta del indulto, los tres toreros salieron a hombros.

El atractivo y la estimulación del público provenía de la anunciada vuelta a los ruedos del diestro Jesulín de Ubrique. La apuesta de Carmelo como empresario, sin embargo, no estaba exenta de osadía porque la plaza de Morón siempre fue difícil; es de propiedad particular y su dueño hace ya años que dejó de dar festejos porque la asistencia no remontaba pese a sus intentos. Con Jesulín tenía que ser otra cosa, pero surgió la intempestiva cogida de Enrique Ponce, que imposibilitaba lucir el cartel al completo. Se buscó como solución de emergencia la sustitución por Pablo Aguado y ahí algunos tuvieron malas ideas. No obstante, los que están en el tema sabían no sólo que se trata de un joven que merece oportunidades, que le están racaneando, sino que podría decir cosas buenas con el capote y la muleta (y las dijo, y las dijo).

Jesulín de Ubrique, de blanco y oro, en su primero, recortadito y un tanto regordío, saludó junto a tablas con cuatro lances y media, templando. El caballo tapó la salida y hubo castigo excesivo. Los tres pares se pusieron bien, aunque el bicho acabó perdiendo las manos. El brindis fue para El Mangui pero con el mal ejemplo de sacarlo a la arena. El inicio de la faena en tablas, por alto y por bajo, fue de circunstancias porque el viento empezó a molestar, aunque las dos siguientes tandas resultaron más entonadas, rematando, ¡ay!, con el doble pase de pecho cuando con uno hay suficiente. Vino por la izquierda una serie y otra, por la derecha (muchos cambios de manos cuando iba bien), otra por la izquierda y vuelve por la derecha, yéndose a zona de sol, donde le da fiesta al toro con molinetes y toque de pitones ante el griterío del público. En la vuelta triunfal Jesulín se pone a firmar autógrafos, no esperábamos otra cosa, y le regalan un jamón.

A su segundo, negro zaíno, un poco montado y bizco del izquierdo, lo recibo en tablas muy brevemente. Al caballo acude muy rápido y más rápido se va, repuchado; de las tres veces que acude sólo en la tercera se lleva un picotacito; hay un cuarto intento, pero el pica no lo coge bien y tiene que rectificar, y a la quinta vez el puyazo es serio de verdad, ante lo que el público lanzó su ira contra el picador. Hay una gran par de Tomás Loreto Tomate de Jerez; lo mejor de la tarde en banderillas corrió de su mano. La faena se inicia en terrenos de sol, junto a tablas y por alto, siguiendo en el tercio con la derecha dos series muy despegadas y con el brazo libre levantado; suena un fandango en el tendido mientras vemos otra serie, por la izquierda, donde el toro lleva la cabeza a la media altura y va teniendo un recorrido cada vez más corto; de nuevo por la derecha, recordamos los tiempos populistas, con despatarre delante del toro, mirando al público y provocando el aplauso fácil. El toro no está colaborador, con la cara alta, saliendo distraído y pensándose lo de volver a embestir; la siguiente serie es de mero aliño y luego tardó en prepararlo para la estocada porque resultaba gazapón.

Cayetano, de tabaco y oro, a su primero, castaño enmorrillado y con cornamenta acapachada, que salió enterándose, le dio recibo breve en tablas y, mientras lo llevaba al caballo, sufrió una colada que pudo costarle un disgusto. En el peto pareció no emplearse, empujando alto y con cabeceo, pero luego resultó de pelea persistente; al salir, al primer lance perdió las manos y, mientras lo colocan para banderillas, dio una vuelta de campana, que lo quedaría resentido. Sólo el tercer par quedó reunido arriba y volvió a hocicar mientras seguía al capote que lo llevaba al burladero. Tras brindis a Jesulín, la tanda de inicio fue en los medios, como la siguiente, en redondo, en la que volvió a perder las manos; con la izquierda hubo breve tanda, rematada con un pase de pecho de pitón a rabo, y luego otra, con más postura que otra cosa y pase de pecho; de nuevo por la derecha y empezó a protestar, completando la serie con algún kikirikí; de nuevo a izquierda, a derecha, con serie de adornos mirando al tendido y serie de ayudados por alto con pase de pecho de la casa.

En su segundo, negro zaíno, bien presentado, saludó garboso, con lances largos, y el toro mostró recorrido, metiendo la cara, pero luego el torero no remató la tanda. Hubo buena pelea, empujando con los dos pitones y con la cara abajo, sin cabecear, y hubo buena puya, quizás un pelín larga. El toro refrenaba el recorrido en el encuentro con los rehileteros y en el tercer par, persiguiendo al banderillero, lo puso en apuros, aunque lo intentó de nuevo y clavó valerosamente, terminando encunado para arriba sin consecuencias. Con brindis al público, la faena principió al estilo de Ordóñez, con doblones por bajo jaleados por el público y con un pase de pecho de pitón a rabo; después vinieron tres series vibrantes ante un toro presto, aplaudidas; por el pitón izquierdo el toro mostró toda su casta y el torero, su entrega, con adornos de afarolados y miradas al público; de nuevo por la derecha embistió con gran nobleza y humillación, acudiendo a donde lo llevan y terminando con una gran pase de pecho; hubo una pequeña preparación para la muerte con ayudados por alto. El presidente sacó los dos pañuelos orejeros a la vez, mala costumbre copiada de don Matías. Luego sacó el pañuelo azul.

Pablo Aguado, de azul marino y oro, a su primero, bien presentado, jirón, axilado y bien armado, dio buen recibo de lances bajando la mano, jaleado por el público. El picador no lo cogió bien, provocando las protestas del público, y al final la puya fue un poco larga aunque el toro se dormía bajo el peto; al salir del caballo hubo una vuelta de campana. El animal recortaba en banderillas y puso en aprietos a los banderilleros. Tras otro brindis a Jesulín, la primera serie, en el tercio, fue de pases largos y un gran pase de pecho; en la segunda tanda el toro cabeceaba y no ponía las cosas fáciles; por la izquierda el toro protestaba a cada pero luego vimos una gran serie con temple, muy aplaudida; de nuevo por la derecha, cuando toreaba en redondo se echó al torero a la espalda, sin mayores consecuencias.

En su segundo, negro zaíno, bizco del izquierdo pero en general bonito, lanceó avanzando hacia los medios y rematando con revolera, siendo lo mejor de capote en toda la tarde. El toro empujó en el peto con la cabeza alta y, como el picador no lo cazó a la primera, después picó recargando. En el primer par vimos apuros del rehiletero y vimos un buen segundo par. El brindis fue al público y hubo un gran inicio de faena, doblándose; a la tercera serie ya estaba Aguado bajando la mano y el toro acudiendo con limpieza, con nobleza, aunque el viento molestara un poquito, y siguió por la derecha humillando y con ganas de repetir; por la izquierda también disfrutamos una gran serie, ligada y rematada con la mirada al tendido; de nuevo por la derecha, otra gran serie muy buena, muy ligada, con firmeza en el torero y continuidad en el toro; otra vez por la izquierda, el toro va magnífico, permitiendo el toreo de seda, sigue humillado y embiste con auténtica nobleza en tanda tras tanda, acudiendo desde lejos. Asomaron algunos pañuelos pidiendo el indulto, el torero citó nuevamente de lejos y volvió a acudir, ahora ya cerca de la presidencia; todo el mundo arrancó a pedir el indulto y el presidente acabó por sacar el pañuelo naranja, mientras las palmas sonaban por bulerías. Como nota bene, una vez que se recogió al toro no sacó los pañuelos de conceder los trofeos, aunque algunos pañuelos del público se agitaban pidiéndolos, pero el alguacilillo entregó las dos orejas y el rabo simbólicos, ganados con todo merecimiento.

La tarde se había cerrado a lo grande, todo el mundo salía con el regusto de cuando se pasa una buena tarde. La corrida que mandó Lola Domecq había sido un gran conjunto, a juego con el gran momento que esta ganadería lleva viviendo desde hace unos años. Le mandamos nuestra felicitación. La gente, y los jóvenes, no se olvide, los jóvenes celebraban el éxito del festejo libando unas copas en los locales de moda (sí, de moda) que rodean la plaza de toros, alargando entre las barras y las terrazas el placer de la afición taurina.