“La Autoridad soy yo”

«Era una seña de identidad de todo lo que se podía progresar en esta tierra simplemente medrando y sonriendo en la feria de Sevilla»

  Tribuna Libre de Antonio Saldaña 

Hace poco más de tres años, Susana Díaz dio un golpe de estado y arrebató a Pedro Sánchez la secretaría general del PSOE con una operación de cuello blanco en las altas esferas de Ferraz.

Por aquella hazaña le aplaudió media derecha y media izquierda económica andaluza, muy mal acostumbrada durante años a servir de aplaudidores al socialismo andaluz de los fondos de formación, las subvenciones, las “obritas” menores y los expedientes de regulación de empleo.

Aún retumban en los salones de media España las palabras que Susana Díaz entonó por boca de su enviada a Madrid, su confidente, amiga y secretaria general del PSOE de Sevilla. “La autoridad soy yo”, “la autoridad soy yo” repetía con voz altiva Verónica Pérez, entre el mayor número de micrófonos y cámaras de televisión que jamás había soñado, y encima en Madrid, lo que era una seña de identidad de todo lo que se podía progresar en esta tierra simplemente medrando y sonriendo en la feria de Sevilla. Directas a la fama ella y su amiga. Apuesto a que ya se veían las dos de compras por Serrano y cambiando los muebles de Moncloa como buen socialista andaluz que se precie.

Durante todos estos años nos ha quedado claro que el socialismo andaluz no es una ideología es una forma de vida a la que le da igual si eres liberal o comunista, sólo importaba si entrabas en su círculo de los favores y el dinero. Y a las ultimas sentencias nos remitimos.

Pero lo más curioso de toda esta historia es que Susana y los suyos justificaron aquella operación, que después le devolvieron en la cara las urnas, en que Pedro Sánchez quería pactar con el populista Pablo Iglesias y eso, teóricamente, no era bien visto por el susanismo. Y decimos teóricamente porque ahora parece que a Susana hasta le cae bien Pablo y está de acuerdo en que su jefe ahora pacte con el populismo que antes rechazaba. No hay más que escuchar ahora a la lideresa y ex todopoderosa Susana para ver como Iglesias ha pasado de ser el demonio de la política española a ese chico simpático del chalet en Galapagar que seguramente es familia cercana de nuestro histórico fundador. ¡ Míralo que mono con su coletita!

Que los “susanistas”  estén a las ordenes de Pedro Sánchez es lógico, razonable y saludable. Al fin y al cabo ganó el congreso y deben aceptar la decisión de la mayoría, pero que sus principios sean adaptables dice muy poco de lo que debería ser la política de las ideas y de los valores.

Si llegaste a justificar una operación de asalto a la cúpula del PSOE para parar un gobierno con los populistas en España ahora no puedes más que aceptar las decisiones pero nunca estar de acuerdo con ellas. Creo que sólo esperan que Pedro les deje seguir de compras  aunque sea por la calle Sierpes, que Madrid está muy lejos, hace mucho frio y no queremos molestarte. Un gobierno con Podemos en España ni era bueno antes ni lo es ahora y ese criterio no depende de si ocupas un escaño en Madrid o en el antiguo Hospital de la Cinco Llagas.

Y mientras se da una reconversión de principios políticos en toda regla,  Pedro Sánchez está utilizando la debilidad de Susana para limpiar en Andalucía a todo aquel que no le fue fiel y ella se está prestando a traicionar a los suyos por un plato de lentejas. Ha dejado caer  y ha entregado la cabeza de los que la apoyaron en su camino al “estrellazo” y no está siendo leal a los suyos, algo que le costará muy caro. Cuando terminen de apartar a los que fueron de Susana, Pedro la ajusticiará políticamente y ella ya no tendrá a nadie que la apoye porque los ha dejado caer. Ya no le librará ni cinco horas con Mario.

Así es la vida y desafortunadamente así es la mala política. La que no entiende de principios, la que no parece ser consciente de todo lo bueno que se puede hacer por nosotros y sólo entiende de yo. Esta es la historia de Susana, de la que pudo serlo todo en España y que ahora tiene la pena de que su principal objetivo será jubilarse siendo política. La autoridad no soy yo. La autoridad no se sienta en los escaños de ningún parlamento.