El match point de la vida depende de muchos puntos de buena fortuna o de todo lo contrario. De un hilo impredecible a veces depende el sino de cada cual. Nada está asegurado. Y mucho menos si de coronavirus hablamos. Todo puede variar a las primeras de cambio según el lema grecolatino del abrir y cerrar de ojos. Nada es predecible. Incluso para los médicos.

Nadie posee entre sus manos la bola el cristal de la certeza del destino. La vida es un carrusel de velocidades variables y el final de trayecto a veces es inesperado. Todo depende de todo. Todo depende de nada. El futuro juega al esconder con cada persona, con cada ser humano. Es el caso de Adriana y Gustavo: una pareja de médicos que no tenían ningún tipo de patología previa y que, después de más de 40 años juntos, el coronavirus los ha acabado matando.

El coronavirus se ha cebado con los dos. Casi a bocajarro. Por la espalda y sin nadie esperarlo. Argentina entera está de duelo por la trágica muerte de Gustavo Salemme y Adriana Chabele, de 62 y 67 años, puesto que esta pareja de médicos ha acabado muriendo a causa de la Covid-19 sin tener patologías previas. ¿Cómo ha sido posible? Qué ha sucedido?

¿Cómo es la narración de los hechos? Veamos. De inicio solo se contagió Adriana y, posteriormente, su marido, su amor de toda la vida, y, después de muchos días luchando a brazo partido, acabaron muriendo a causa de una insuficiencia respiratoria provocada por el coronavirus. Un golpe de mala fortuna.

La historia contada por su hijo Matías

Matías Salemme es el hijo de las víctimas. Ha querido explicar la historia de estos médicos y se ha hecho viral en las redes sociales. No era para menos. Un dato: Matías está a punto de ser padre y el hijo no podrá conocer a sus abuelos. Ambos han muerto por culpa de la Covid-19 con solo una semana de diferencia.

Sólo con una semana de diferencia. «Trabajé durante muchos años con tu madre en el hospital. La noticia me dejó el corazón de piedra. Compartí muchas horas con ella y eran amigas», explica una excompañera de trabajo en Instagram de Matías Salemme. La desazón es expansiva.

Estaban en su mejor momento

Matías Salemme asimismo explica que sus padres estaban en su mejor momento, ya que viajaban mucho y “estaban súper ilusionados” con la idea de que serían abuelos. La vida con sus puntos y seguidos, sus puntos y aparte y su punto final. Las horas, todas hieren y la última, indefectiblemente, mata.

Viajaban, reían, se abrazaban, disfrutaban del momento, a todo le sacaban el máximo partido de la felicidad. Todo se interpretaba según el matiz de las risas. Eran dos abuelos muy felices.

Mucho. El contento era pan de cada día.  Y el optimismo. No obstante, lo que parecía que tenía que ser una época perfecta se acabó torciendo, todo por culpa del coronavirus: «Sus muertes me provocan un dolor enorme que solo se calma gracias al amor infinito de la gente», explica Salemme.

«Más allá de lo que crea cada uno sobre esta pandemia, la cuarentena, el gobierno o las medidas que se están tomando, la única cosa real y objetiva es que este virus existe y mata. Si no empezamos a actuar con responsabilidad, no saldremos adelante. Seamos conscientes y cuidémonos a nosotros mismos y en el resto», lamenta Salemme en su cuenta de Instagram.

El virus está haciendo de las suyas a lo ancho de todo el mundo. Es un enemigo común a batir. No conoce clemencias ni excepciones. No acepta treguas. El virus ha llegado para quedarse. Y para aniquilar, de sopetón, a buenas personas como esta pareja de médicos que hace nada soñaban con la idea de convertirse en unos abuelos radiantes.