Nunca hemos llevado mascarilla hasta hace seis meses y ahora es un ‘must’ en nuestro outfit diario. Es más, nos asalta, y en muchos casos, revienta, la imagen de una persona sin su mascarilla. ¿Por qué nos cuesta tanto llevarla? ¿Son lícitas las emociones que nos suscita su empleo?

Pues sí, y es que estamos en pandemia, y es normal que al llevar la mascarilla durante todo el día nos sintamos tristes. Es normal sentir angustia por este 2020 que tan rápido queremos que pase, o en cambio rabia por la situación; o bien por la irresponsabilidad de quienes no la llevan y están poniendo en peligro la salud de quienes les rodean.

En una entrevista, el psicólogo Miguel Ángel López Bermúdez matiza obviamente que esas emociones dependerán de cómo sea la persona y de cómo afronte la situación.

«Las personas somos responsables, en el sentido de que somos capaces de responder a cualquier contingencia vital de modo distinto. Esto, a grandes rasgos, dependerá de la biografía y de la biología de cada uno, de sus creencias y/o valores, entre otros aspectos», remarca el especialista.

De hecho, mantiene que «lo congruente» en estos días es sentir episodios de miedo, de tristeza, de rabia o de frustración. «La necesidad del uso de la mascarilla hace que tengamos presente de manera casi constante la situación de pandemia que estamos viviendo, y por tanto las emociones que genera», señala.

Las mascarillas y las emociones

En concreto, el miembro de CEPSI Psicólogos (Bailén, Jaén) afirma que cuando sentimos miedo, la conducta vinculada a esa emoción es intentar reducir ese miedo, normalmente evitando la situación o el contexto que lo genera. «Esto es posible cuando se trata de una amenaza identificada con una contingencia concreta y clara como, por ejemplo, sería el caso del virus del SIDA, cuya vía de transmisión facilitaba el control de la misma evitando ciertas conductas de riesgo», apostilla.

En este caso dice que esta perspectiva no es válida, ya que la única sensación de seguridad sería el aislamiento total con todo lo que eso implica a nivel emocional. «Toda esta tensión emocional provoca una amplificación de otros trastornos emocionales, como por ejemplo los problemas de ansiedad generalizada», indica.

Según confiesa López Bermúdez, hace poco le comentaba un amigo dentista que nunca antes había visto tantos dientes rotos por la tensión mandibular vinculada al miedo.

La rabia, una de las emociones más comunes

«Por no mencionar la emoción de ira o de rabia, que hacen más probable la ocurrencia de conflictos, tanto en el contexto familiar como en el laboral o de la calle. ¿Quién no ha visto alguna discusión por el uso o no de la mascarilla en un lugar público?», se pregunta el miembro de la SEPCyS.

Por eso, sostiene que en este contexto actual, las emociones, hay que valorarlas en función de si son congruentes o no con la situación. «Y, yendo un poco más allá, en qué hacemos las personas para intentar controlar esas emociones y/o conductas implicadas o vinculadas a ellas. Yo diría que ahora mismo, en un contexto de amenaza e incertidumbre como el que estamos viviendo lo congruente es sentir miedo, y las personas cuando sentimos miedo exhibimos conductas muy variadas para intentar reducirlo», recalca.

En cuanto a las relaciones, y cómo el uso de las mascarillas puede o no afectarnos, el psicólogo subraya que no afecta de forma relevante en nuestra interacción social. «Si nos fijamos en los niños veremos que para ellos, su uso, no supone ningún problema. De hecho, al ver a todo el mundo con mascarilla ellos también piden llevarla», valora.