Manolo Escobar encandiló a millones de españoles durante décadas. De alguna artística manera representó a España con una constancia amable a prueba de bombas. Supo lo que es sudar la gota gorda para ganar cuatro perras ídem, es decir, cuatro perras gordas. Comenzó pronto en el mundo de las tablas, precisamente cuando el hambre llamaba a diario a la puerta de toda la familia.

La Guerra Civil había hecho estragos. Nadie debía pasar hambre pero la realidad era otra muy distinta. Había que partirse el pecho del esfuerzo. Una jornada tras otra. Y no decaer en el intento. Nada era fácil cuando entonces. Mucho menos en el mundo de la canción. Ámbito donde además los presupuestos eran escasos, por no decir inexistentes.

Había, sí, que partirse el cobre. Entonces no se regalaba nada a nadie. Abrirse camino era una opción personal. El que llegaba, al cabo triunfaría. Pero él trayecto era rocoso, duro, cargado de espinos y de horas de carretera. Así nuestro protagonista de referencias plurales, el gran Manolo Escobar. Y es protagonista porque ya hace siete años de su adiós definitivo.

Siete años ya sin este emblemático icono de la canción española, de la copla. Quién lo dijese. Manolo Escobar, incluso en sus últimos años, ya de voz más apagada, ya se pelo más cano, ya de fortaleza más consumida, ya de salud más mermada -pero de mirada igual de chisposa, igual de despierta, igual de ilusionada- su muerte supuso un jarro de agua fría para todo un país entonces sumido en el mar de lágrimas de cuanto se consideraba, por derecho propio, patrimonio nacional.

Querido siempre por todos

El cantante  era querido por todos. Y sigue siéndolo. Algunos de sus temas forman parte de la banda sonora de toda una nación. Pongamos que hablamos de ‘El porompompero’, ‘Mí carro’, ‘La minifalda’ o ‘Y viva España’, curiosamente compuesta por el belga Leo Caerts. Cosechó pronto éxito en un país que tatareaba sus canciones hogares adentro. Perdió 380 millones de pesetas en un negocio fallido –“me engañaron”- de una fábrica de pantalones. Y tuvo que empezar de nuevo, como aquel que dice.

Las enamoraba a cada paso. Sin embargo él se mantuvo fiel a su esposa Ana Marx Schiffer. Con todo y con eso, Concha Velasco confesó recientemente que estuvo muy enamorada de Manolo Escóbar y que entre ellos se sostuvo algo más que una amistad de la que dieron cumplida cuenta a Ana. Manolo cantó muchísimo al amor. Al amor entre un hombre y una mujer. Y también al amor patrio. Que viva España y olé.

Fue prolífica su carrera como actor, con un número considerable de películas en ristre, que se dice pronto. Debutó con la película ‘Los guerrilleros’ junto a ‘la más grande’, junto a Rocío Jurado. Son muy conocidos filmes como ‘Un beso en el puerto’, ‘El padre Manolo’, ‘Relaciones casi públicas’, ‘Juicio de faldas’, ‘Me debes un muerto’, ‘La casa de los Martínez’, ‘Me has hecho perder el juicio’ o ‘Donde hay patrón…’.

Manolo Escobar falleció en octubre de 2013

Falleció el 24 de octubre de 2013. Contaba 82 años de edad. Murió en su casa de Benidorm tras sufrir complicaciones del cáncer de colon que le fue diagnosticado en 2010. Pocos días antes de su fallecimiento el artista había superado una insuficiencia renal y también un ictus.

Manolo era un emblema del ideario hispano. Un hombre bueno en el sentido machadiano del término. Un hombre feliz que quiso hacer feliz a los demás. Una voz con un timbre de color bandera rojigualda. Jamás frunció el ceño. Jamás torció el rictus. Jamás se le vio malhumorado. Vino al mundo a cantar y en España desplegó todo su arte. Y los españoles lo recuerdan como signo inmortal de la esencia de toda una sociedad consciente de que sí, de que en efecto a Manolo Escobar su carro se lo robaron.