En Sanlúcar Luque se lleva una interesantísima miurada

La II Corrida Magallánica ofrece un gran espectáculo de toros, lidiados por Manuel Escribano, Daniel Luque y Pepe Moral

Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), sábado, 22 de agosto de 2020. II Corrida Magallánica, organizada por Carmelo García en celebración del Quinto Centenario de la Primera Vuelta al Mundo. Tarde soleada con algo de brisa. Un tercio de entrada, máximo aforo permitido por las restricciones causadas por el coronavirus, guardándose la distancia de metro y medio entre los espectadores, todos con mascarillas. Ameniza la Banda de Música “Julián Cerdán”, dirigida por Justo Jiménez.

Se lidiaron seis toros de la ganadería de Eduardo y Antonio Miura (que pasta en Lora del Río, Sevilla), con pesos entre 569 y 650 kilos, bien presentados y en general de juego muy interesante. Todos los toros fueron aplaudidos de salida. En el arrastre, el segundo recibió la vuelta al ruedo; el tercero y el cuarto fueron aplaudidos y el quinto y el sexto, ovacionados.

Manuel Escribano, media tendida y cuatro golpes de descabello; ovación. Honda atravesada y un aviso; ovación.

Daniel Luque, entera desprendida y descabello; dos orejas. Pinchazo sin soltar y media en su sitio de efecto rápido; dos orejas.

Pepe Moral, gran estocada; una oreja, Bajonazo, pinchazo, media tendida y dos golpes de descabellos; silencio.

Incidencias: La alfombra de sal que cubría la arena de la plaza, diseñada por Joaquín Lara, y los dibujos que adornaban las tablas de la barrera presentaban elementos alusivos a la Vuelta al Mundo. Los actuantes vestían atuendos que querían parecerse a los del siglo XVI. Al acabar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por las víctimas del coronavirus y a continuación se interpretó el Himno Nacional mientras las cuadrillas se repartían por el ruedo y los équidos volvían a su patio. Se usaron banderillas de lujo. En el quinto toro, Caricol saludó tras parear y Contreras fue aplaudido por su brega. Daniel Luque no salió a hombros por la normativa sanitaria de la pandemia que sufrimos.

Este año tocaba organizar la segunda corrida que conmemora la Primera Vuelta al Mundo de Magallanes y Elcano; habrá otra el año que viene, si Dios quiere, porque este Centenario se extiende a lo largo de tres años como tres años duró la hazaña marinera del siglo XVI. Como decíamos el año pasado, seguimos discrepando del calificativo “magallánica” de la corrida, pues el que remató aquella hazaña fue Elcano y no Magallanes. Si en la primera edición vino ganado de Victorino Martín, el listón había que mantenerlo alto y nada más apropiado que el de Miura, a cuyo hierro pertenecía la novillada de la inauguración provisional de la plaza del Pino en 1900. No se ha prodigado mucho por aquí la veterana ganadería pero sí hay recuerdos como el triste de 1907, cuando el novillero Posadas pagó con su vida, o el de 1972, cuando Limeño y Paula ofrecieron un insólito mano a mano; el último recuerdo fue visto y no visto en la corrida concurso de 2010 que protagonizó en solitario Padilla cortando nueve orejas (el ejemplar miureño fue devuelto por inválido).

Paseíllo | Marciano Breña

En cuanto a los espadas del cartel, recordemos que Escribano fue el autor de la faena a Tahonero, el primer miura indultado; que Luque tiene en su haber una corrida en Osuna con buen papel ante los de Zahariche y que Moral vuelve a donde el año pasado, por las mismas fechas, indultó a Milhijas de Victorino.

Tenemos que poner pegas, otra vez, a la indumentaria lucida por los actuantes por cuanto en la época de Magallanes y Elcano no había corridas al estilo de hoy; de haber querido igualación tendrían que haber salido caballeros en todos los toros, pero sobre todo es que los diseños de los trajes sólo habla de la fantasía desbordadas de sus sastres, pues ya me dirán qué pintan esos dieciochescos baberos de puntillas en unos maniquíes del siglo XVI y en unos marineros de alta mar (al menos alguna cuadrilla va igualada, con lo que el desafuero reduce su espacio), marineros que en sus barcos no llevaban la enseña rojigualda (nacida en el siglo XVIII) por mucho que ahora lo diga un desinformado dibujo en la arena.

Tras un minuto de silencio se interpreta el Himno Nacional a destiempo; ¿tan difícil es para la presidencia o para los organizadores aprender que debe sonar al comienzo de cualquier acto, es decir, en nuestro caso, antes del paseíllo, con las cuadrillas ya formadas? Que vayan a Campo Pequenho para aprender lo que es un orden protocolario. Bueno, algo hemos ganado con la alfombra de sal sobre la arena y es que, para no estropearla, no sale ningún fotógrafo al ruedo. Por demás, se hace raro eso de no tener sentado alguien al lado para comentar los pormenores del espectáculo; una persona y tres asientos libres, las caras tapadas como bandoleros… qué frialdad, qué rigidez, parece que así la Fiesta es menos fiesta.

Manuel Escribano, en su primero, entrepelado cinchado en cárdeno y de morfología enorme, con seiscientos cincuenta o sesenta kilos pero con puntas poco finas y astillas de salida, saluda bien terminando con media y con aplausos;  la pelea es buena, con fijeza, en las dos visitas y el picador Macías se va entre aplausos;  los banderilleros resuelven de sobaquillo. Tras un inicio de aliño, la siguiente serie, con protestas en cada viaje, se cierra con desplante y luego la izquierda es la mano que queda para tres intentos de tanda donde hay tres pases completos entre lavados de cara, abaniqueo, mucho aliño y algún furtivo kikirikí; cuando se va por el estoque el silencio expectante llena la plaza; al final el torero prefirió el albur de los descabellos antes que una segunda entrada.

Escribano | Morales

A su segundo, cárdeno oscuro, lo recibe con una larga cambiada de rodillas y lanceo con dominio avanzando hacia el tercio. Al caballo va rápido y le castigan con recargo; a la segunda la puya es mejor aunque el público pide que la acorten y tras la tercera cita, más breve, se aplaude al picador Peña mientras se va. Coge las banderillas el jefe de filas pero organiza un sainete; entre el cuarteo inicial y el quiebro final hay pares a medias, banderillas al vacío y salto de barrera (¡qué manía con creerse olímpicos!) en seis intentos, seis, tras lo cual el público aplaude, no sabemos por qué. La muleta empieza con prometedor cite en la boca de riego y pases cambiados por la espalda pero luego es un continuo alternar de mano donde el animal va siempre con la cara alta y pegando tornillazos, permitiendo poco más que un pase pecho de pitón a rabo y un cambio de manos, tras el cual vuelve a salir mirando al Alto de las Cuevas, allí donde vivía Paco Ojeda, titular del pasodoble que la banda esparce por los ámbitos en ese momento; en un descuido coge a su lidiador y lo lanza hacia adelante, con un susto, tras lo que queda sólo un aliño y la preparación, dificultada por un gazapeo persistente.

Sanlúcar de Barrameda corrida toros
Escribano | Morales

Daniel Luque, en su primero, castaño y bravo, que va bien a la capa, lo saluda desde tablas al tercio con media. En el caballo ofrece buena pelea y es bien picado por Quinta; tras un quite breve con larga cordobesa, arranca de largo y pelea como es, como bravo, siendo aplaudido; lo pone el torero ocho metros más allá de la boca de riego y vuelve a acudir con decisión, y con sus seiscientos treinta kilos, para otra gran puya, dando lugar a una gran ovación (a ambos). El bosqueño Contreras deja un gran primer par. Tras brindar al público, inicia una serie larga avanzando a los medios y basada en ayudados; siguen otras dos breve en que el toro se cobra la colaboración con tornillazos y una más entonada, y aplaudida; con la izquierda vemos una tanda buena, aplaudida, donde el animal muestra su ser; vuelve el torero a la derecha y ahí saca a un toro que va a más lo mejor que vamos a ver en toda la tarde; la preparación se realiza por bajo y algunos gritan que no lo mate (la moda, la moda). La segunda oreja se nos antoja generosa, será por la calor; la vuelta al ruedo de “Africano”, justa.

Sanlúcar de Barrameda corrida toros
Luque | Morales

A su segundo, cárdeno oscuro, ligeramente engatillado y corretón, lo saluda con brega por la cara hasta los medios y media; al caballo va dos veces y empuja con un cuerno contra puyazo arriba, largo en el segundo viaje. La cuadrilla de a pie se luce. La faena empieza contundente saliendo a los medios para serie de trazo largo, aplaudida; vienen luego tandas alternativas por cada pitón, con un toro que va muy bien y permite grandes cosas, aplaudidas, hasta que empieza a revolverse y se encuentra con un Luque en buena forma que aguanta y domina, levantando una gran ovación; sigue entregado el gerenero y remata con un desplante de rodillas. La estocada es de las que ponía Lagartijo y nosotros pensamos que ese tipo de medias tiene más mérito que una estocada entera; ponerla en su sitio es lo importante, y lo difícil.

Vuelta en el arrastre | Morales

Pepe Moral en su primero, bragado y meano corrido, saluda en tablas aunque el animal se desplaza sin complicaciones; hay buena pelea en los dos encuentros con el caballo, acudiendo al segundo de largo y con presteza, y buenas puyas, pero la primera excede de larga; el quite, breve, es tanto que se reduce a una media. Las banderillas no son pares, son de a una (Miura impone). Se inicia en tablas por bajo y luego, en los medios, el toro va; por la izquierda hay tanda esforzada y aplaudida; a derecha el torero exige y el bicho dobla las manos dos veces; por la izquierda de nuevo, hay tanda breve; lo mejor viene luego, por la derecha y otra vez por la izquierda, ahora con ayudados, rematando con desplante de rodillas. Tras breve preparación la estocada es una fortuna; a ella se debe gran parte de la oreja.

Sanlúcar de Barrameda corrida toros
Moral | Morales

A su segundo, entrepelado, acapachado y colaborador, le da un lanceo ágil en tablas; en el caballo hay buena pelea metiendo los riñones y en la segunda visita arranca, con sus seiscientos veintiséis kilos, desde la boca de riego entre aplausos, todo ello para varas traseras (será por la velocidad) que no impiden los aplausos ahora al picador mientras se va. Las banderillas son de todos los colores. La faena empieza por bajo avanzando; ahí empieza y termina porque, aunque el animal no muestra nada del otro mundo, el diestro se pone a la defensiva y anda sin acople; el miura sale de cada pase hacia afuera y aun así Moral anda en un continuo pasito atrás, hasta que dice que no quiere verlo. La ovación al toro contrasta con el silencio al torero.

Son las diez y media de la noche y la gente sale despaciosamente, como con miedo de contagiar o contagiarse. Llegamos a la puerta principal y no hay casi nadie; eso sí, el ganadero charla con dos tres personas y lo vemos contento. Le damos la enhorabuena por el envío y le decimos que nuestro compañero de afición, francés, ha pensado por un momento que estaba en Vic o en Ceret. Nos responde que no hace falta esa comparación; estamos en Sanlúcar y aquí también se aprecia y se disfruta de un buen ganado que sepa aportar espectáculo. Esta tarde, efectivamente, ha habido espectáculo por parte del ganado.