El “Pin Parental”

«Se ha convertido en el nuevo velo que diluye los verdaderos problemas de la educación formativa de los últimos tiempos»

Hasta no hace mucho, relativo a la definición del PIN, podíamos decir que era un número de identificación personal utilizado en ciertos sistemas de comunicación: teléfonos móviles, cajero automático o para identificarse en cualquier acceso informático, o, como era el caso, en la juventud de algunos el pin lo relacionábamos con una insignia del Real Madrid, del Barsa o el de cualquier otro equipo de fútbol que solíamos llevar clavado en la solapa de la camisa y sujeto por detrás con una pieza circular. Pero amigos míos, parece ser que cuando el demonio está aburrido con la porra mata moscas, y ahora lo que mola, lo que le lleva es hablar del controvertido Pin Parental hasta en el wáter.

Todavía no hace medio año cuando en esta España de pandereta y botijo, (pero que poco avanzamos, puñeta) tuvimos una ración ideológica de aquí te espero, ya que algunas fuerzas políticas, como primer objetivo llegaron a hacer bandera y tema capital de un tema que al noventa por ciento de los españoles; no menciono a las españolas también porque la Real Academia de la Lengua Española ha resuelto que en el paquete de “españoles” entran hasta las suegras.

Como iba diciendo, al 90% de los españoles, el tema capital de algunos nos importaba un higo, por no decir que nos la traía floja. Una vez conseguido aburrir hasta a las ovejas con lo del traslado de los restos dictador Franco, como ya no hay tema, ahora nuevamente estamos a lo que estamos, a las cortinitas de humo de marras para ocultar el verdadero horizonte que tanto intentan ocultar unos y otros.

Sin dudar de la buena voluntad de algunos, el Pin Parental, como últimamente viene pasando en la política española a un lado u otro de la barricada ideológica, se ha convertido en el nuevo velo que diluye los verdaderos problemas de la educación formativa de los últimos tiempos, pero conforme se va escarbando en el meollo de la cuestión queda más clara la intencionalidad política de distraer el foco de atención social para que nadie se fije en los verdaderos retos que habría que afrontar en España.

Recordemos someramente algunos: el mayor paro de Europa, la economía en receso, el tercer pilar donde se sustenta el Estado, como es la Justicia, en entredicho, los separatistas crecidos, etc.

En sintomático que precisamente la polémica de la implantación del Pin Parental se haya abierto con más crudeza en una de las comunidades que peores ratios educativos ofrece; tanto en rendimiento escolar, en equidad o abandono escolar.

Murcia o Andalucía no brillan precisamente en estos conceptos, ni tampoco en la inversión por alumno; segunda y tercera por la cola. Y si tocamos el informe PISA, (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) tanto en comprensión de lectura, en ciencias como en matemáticas, tampoco Murcia o Andalucía salen del furgón de cola. Quinto y sexto lugar.

Habría que recordar que todos estos datos tienen una traducción final, las comunidades implicadas en tan malos resultados luego se ven afectadas, entre otras negatividades, en un mayor paro juvenil o en inciertos futuros laborables.

Obviamente, mirado el tema desde otro punto de vista, el discutible Pin Parental que tanta polémica está levantando, hasta podría resultar positiva su implantación nacional si con ello se consigue que todos los niños o adolescentes de esta España taifada, hayan nacido en esta o aquella comunidad autónoma, tengan el mismo derecho a la formación educativa en su más amplio aspecto, o en la elección de centros, que sigue siendo la actual ley más teórica que práctica, o en todas aquellas actividades extraescolares que sean constructivas, no doctrinarias, para la formación del alumnado, y que cuando se enfrenten a un mundo real puedan adaptarse rápidamente al mercado laboral.

Obviamente, estas clases extraescolares deberían estar impartidas por personal docente especializado, o en todo caso por expertos cualificados como psicólogos, sexólogos o médicos, nunca por personajes de dudosa doctrina que lo único que ven en las tiernas mentes de nuestros alumnos es un terreno fértil donde poder sembrar sus dogmas doctrinarios.

El gobierno navarro, en base al programa Skolar, anima que se masturben los niños entre 12 a 16 años para después poder comentarlo en clase como materia educativa. Así, como suena. En el mismo programa escolar se estipula que los niños entre 0 y 6 años deben aprender a identificar sus instintos de si son niño o niña, además de dotar a los niños de juguetes eróticos para que empiecen pronto a familiarizarse en su utilización. Esta asignatura está prevista que se imparta en 150 centros educativos los próximos tres cursos.

Y, ojo, no habría que dejar de lado que cuando se da una charla o se imparte una clase, que en principio debería ser educativa, se está manejando información, se está expresando una opinión y de alguna manera se está introduciendo un grado de formación; de ahí que algunos se lleven las manos a la cabeza al recordar experiencias de antaño poco recomendables para lo que pudiera ser la convivencia actual o de futuro, como fue la fase formativa del Movimiento Nacional de la postguerra, de inspiración fascista, o la anterior etapa, la del estalinismo comunista puro y duro, con pretensiones de adoctrinamiento social como único cauce de participación en la vida pública española.

Ha llovido mucho desde entonces, y hoy, sin querer echar la vista atrás, y menos aun con intenciones de remover fangos mal olientes, la sociedad no debería dejarse llevar por charlatanes o predicadores doctrinarios de nuevo cuño, y los centros pedagógicos, (colegios, institutos, etc.) en complicidad permanente con los padres, ser los encargados de la formación y educación de nuestro niños y jóvenes, y aquellos otros que para ocultar sus vergüenzas cada poco tratan de manipular, utilizar y fomentar la discordia, pues eso, que compren un bosque y se pierdan en el.