La historia de Jessica Elliot, de Reino Unido, es inexplicable. La historia de Jessica forma parte de una desgracia injusta. La historia de Jessica sólo puede catalogarse de desventura, de fatalidad. Lleva esta joven nada más y nada menos que cuatro años sufriendo una auténtica pesadilla. Una pesadilla de enormes dimensiones a causa de una enfermedad rara. Pesadilla que no le permite, ni de lejos, llevar una vida normal.

¿Qué le sucede? Pues que vomita todo lo que come. Absolutamente todo. ¿Y a qué se debe este calvario sin precedentes? A una enfermedad rara. Una enfermedad que incluso le ha llevado este año a estar cuatro veces muertes clínicamente. Una sufrimiento inaguantable. Una situación que además no puede controlar de ninguna de las maneras posibles. Una dolencia que se le escapa de las manos. Y no sólo a ella.

Jessica es madre de un niño y está comprometida con su actual pareja. Pero su desesperación va en aumento. Lo que es más que comprensible. No sabe qué hacer. No sabe cómo salir de este túnel tan negro como su presente. Tan oscuro como su falta de ilusión. Tan desesperanzado como su futuro. Un futuro incierto. Un futuro preocupante. Un futuro que se estrecha ante sí misma.

Todo comenzó en 2013, cuando empezó a padecer la enfermedad rara

Los médicos -ni los médicos siquiera- saben qué hacer para mejorar su situación. Y si los profesionales desconocen cómo actuar, Jessica menos aún. Todo comenzó en 2013, en el fatídico año de 2013 -fecha aciaga para la protagonista de esta noticia- cuando a Jessica, que entonces contaba con tan sólo 23 años de edad, le diagnosticaron la enfermedad de Crohn, una dolencia inflamatoria crónica y de causa desconocida con manifestaciones intermitentes que afectan principalmente -muy principalmente- al sistema digestivo.

Fue un revés de consecuencias negativas. Al principio, Jessica no notó demasiados cambios en su vida que fuesen más allá de algunos dolores, algunos dolores esporádicos. Pero en 2016 la enfermedad rara empeoró considerablemente de un día a otro. «Me desperté un día y todo lo que comía y bebía lo devolvía», explica Jessica.

Comenzó una travesía de sufrimiento diario. Una agonía en juventud. Los claroscuros se tornaron en permanentes oscuros. «Las válvulas de mi estómago y esófago no funcionan en sincronización, así que en lugar de empujar la comida hacia abajo como se supone que deben hacer, actúan como una máquina de pinball y se mueven hacia arriba», subraya.

Los médicos, desesperados, lo han intentado todo, hasta inyecciones de bótox en el estómago, pero nada. Nada funciona. Nada resuelve este problema. Nada es solución. Como cabe imaginar, la situación es desesperante, ya que hay días que Jessica vomita hasta 30 veces, lo que le impide en algunos momentos hasta beber agua.

«Un día normal puede vomitar más de 30 veces, sangrar, deshidratarse y experimentar calambres musculares severos«, dice Josh, el prometido de Jessica. «Siento calambres en todo el cuerpo: manos, pies, hombros, mandíbulas… Es el peor dolor que he sentido nunca». Un sacrificio en vida. Jessica es una mujer fuerte, muy fuerte, pero la situación la está superando. Una enfermedad que en realidad sacaría de quicio a cualquier persona.

Así las cosas, en enero sufrió un paro cardíaco después de que sus niveles de potasio cayeran a un nivel tan bajo que su corazón dejó de latir, lo que estuvo a punto de acabar con su vida. «En ocho meses mi corazón se ha parado tres veces y mis pulmones también ha fallado una vez. Los médicos me han declarado muerta cuatro veces».

Sólo cabe confiar en la suerte. En que todo cambia de la noche a la mañana. En que casi un milagro haga superar esta enfermedad rara que Jessica soporta con fuerza pero asimismo con una tristeza enorme.