El gazpacho es un producto típicamente de la tierra. Es una receta que actualmente ha sabido legarse con fortuna de tradición en tradición. El gazpacho es un referente de la gastronomía andaluza. Refresca el organismo y mejora el estado de ánimo. Es agradable al paladar y próximo a la memoria colectiva de todos.

Se trata de una receta no pasa de moda. Es como un revulsivo que une el ayer con el mañana. Un incentivo para todo cocinillas que se precie. El gazpacho no traiciona. Forma parte del ADN de los andaluces. El gazpacho no involuciona.

Llega el otoño. Y ya no necesariamente,como antaño, emparentamos el gazpacho en exclusividad al verano. Porque se ha convertido en un compañero permanente. Sucede como antiguamente con los helados o el champagne, qué respectivamente eran exclusivos de las vacaciones de verano y de las vacaciones de Navidad.

Pero ahora hay productos que no están atados a una época del año concreta. No tienen por que estarlo además. Cuando un producto es saludable se debe mantener durante todos los meses. Y el gazpacho es permanente. Tan socorrido como único.

Hay grandes manos expertas en la elaboración del gazpacho. Cada mano le da su punto, sin perder un ápice de su esencia. De apellido siempre andaluz. Se trata de uno de los platos más clásicos de nuestra esencia culinaria. No falta en ninguna mesa que se precie. En ningún ámbito familiar. En ninguna reunión de amigos. Forma parte del ideario del hondo Sur.

Además para todos los públicos. No se desaconseja su consumo ni a niños ni a personas de la tercera edad. Muy al contrario: se recomienda abiertamente.

Cabe constatar que el gazpacho es bajo en calorías pero a su vez muy nutritivo. Quiero decir que además ayuda a saciar el hambre y es rico en fibra, de modo que mejora el tránsito intestinal y elimina toxinas.

Ralentiza el envejecimiento

En este sentido es positivo subrayar que ralentiza el envejecimiento en tanto en cuanto tiene propiedades antioxidantes como la vitamina C o el licopeno. Se cree con fundamento que el origen del gazpacho se remonta a los romanos quiénes elaboraban una mezcla obtenida al machacar pan, sal, ajos y aceite.

El gazpacho se ha introducido, por derecho propio, en las cartas de los restaurantes más prestigiosos del país. Es como una condecoración, una licenciatura, ganada a pulso. A fuerza de un meritorio propio. El gazpacho ha subido peldaños, de su particularidad a su generalidad, a base de buen gusto y regusto.

Siempre se ha anunciado a bombo y platillo, además, su carácter nutritivo. Pues constituye toda una fuente de vitamina C. El gazpacho, siempre, en primera línea de salida. Un estudio realizado por investigadoras de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de La Laguna ha revelado un dato ilustrativo. Que interesa mantener en conocimiento.

Veamos: la cantidad de vitamina C del gazpacho es inferior a la suma del aporte vitamínico de sus ingredientes. De todos los ingredientes del gazpacho el pimiento es el que tiene más vitamina C, seguido del tomate. Por el contrario el pepino es el que menos tiene.

Las hortalizas y las frutas comienzan a perder sus vitaminas una vez que se pelan y se cortan. Por eso el momento ideal  -el más saludable- de tomar el gazpacho es tras  acabar de prepararlo. Ténganlo presente todos. Para así evitar la mayor pérdida posible de vitamina C. Así que… ¡de la receta a la mesa!

De las manos en la masa al mantel. Inmediatamente de su preparación a la boca. De su elaboración al paladar. Un lujo en todos los sentidos.