Entre la Ética y el Pragmatismo

Ya lo describió Viktor Frankl: «al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa, su libertad humana, la libertad de decidir su propio camino»

Cuando algún elemento o parte de tu vida pierde su valor material o emocional y decae su atracción inicial, la reacción inmediata casi siempre suele reflejarse en la indiferencia y dejadez hacia ello, incluso en la descalificación, terminando por ser suplido el objeto, o parte de tu vida, por otra realidad, a veces inferior, sin entrar en el detalle valorativo de que aquello que ya no forma parte de la cadena preferencial tuya, puede haber subido su escala de valores en otro lugar, o en otras personas.

El simplista ejemplo podría verse reflejado en cualquier orden de la vida. Sea, por ejemplo, en un jugador de futbol, es posible que no encaje su juego en este equipo, pero en aquel otro, paradójicamente llega y triunfa; igualmente sucede en el caso de los desamores y amores, y así se podía eternizar los ejemplos de forma indefinida. Obviamente, en otra escala de valores infinitamente superior, podían encontrarse los efectos emocionales que ha irradiado e irradia la epidemia que nos asola, El Covid-19.

La situación generada por el coronavirus, tanto a nivel local, nacional o mundial, entre el miedo, el pánico o la indefensión, ha sido fuente de infinidad de comentarios y de mil y un análisis social, sobre todo porque desde la óptica de nuestros dirigentes políticos, todos pillados con el paso cambiado, la mayoría de las veces han actuado como gallo sin cabeza, con decisiones que al paso del tiempo se ha comprobado que las medidas eficaces han rivalizado con las ineficaces y sin sentido. Y desde la óptica ciudadana, además del desconcierto inicial, del miedo y la preocupación, también en infinidad de opiniones de como hubiese actuado él, o ella; caso de encontrarse en la obligación de hacerlo.

Obviamente, todo es opinable en la vida, cuestión de criterios, pero el caso más sangrante que se puede dar en una sociedad, donde se piensa que el derecho a la igualdad es fundamental, es el posible triaje de personas, y más, si éstas son mayores y enfermas frente a otra sociedad más pujante y joven, poniendo en la balanza clasificatoria los valores de la propia vida compitiendo con otros valores más superficiales, como la economía, aunque a la postre, esta sea el engranaje que mueva el mundo. El mundo del mercado y su rentabilidad.

En reciente escenario y en situaciones críticas, como pudo llegar a ser la situación de colapso del sistema sanitario en algunos puntos de la Nación: con las unidades hospitalarias colapsadas, las ICIs saturadas y sin respiradores para todos, por parte de algunos de nuestros dirigentes se llegó a plantear a quienes salvar. Difícil papeleta. Mejor no encontrarse en ella, ni individual ni colectivamente; ahora bien, caso de ser así, una vez tomada la decisión, en solitario o en equipo, si por razones de imagen pública se llegase a emborronar el futuro más cercano del político en cuestión, habría que saber, quien todavía no lo sepa, que no siempre la actividad de un dirigente político se resume en cortar cintas de inauguraciones o recibir agasajos entre vítores y aleluyas, existen otras actividades, fuera del vino y las rosas, que contienen más hiel, más rictus tenso y sonrisa caducada, ya que inherente el cargo también existe un canon negativo que muchas veces ponen al dirigente político ante el espejo de la realidad que el mismo ha ido creando. O sea, frente a su ética moral y responsabilidad social.

Pero claro, una vez tomada la decisión, lo que no vale, como está sucediendo, y posiblemente volverá a suceder, porque esto no ha acabado, es pretender quedar bien con tirios y troyanos, porque aquellos ciudadanos que por posible “interés general,” operatividad del sistema o rentabilidad del mercado se vieron arrojados al diván de lo secundario, de lo inservible, nadie puede esperar ahora que aplaudan en silencio al motivo de su tragedia, ni tampoco pretenda que opinen de forma neutral la decisión técnica que un día anuló su propia decisión personal. Ya lo describió Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco, en su libro, El hombre en Busca de Sentido: «al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa, su libertad humana, la libertad de decidir su propio camino». Y si ahora por razones de edad se ha visto abocado a convertirse en la parte menos rentable de la sociedad de consumo, seguirá sin aceptar el ocaso de sus ilusiones. Y en esas estamos; no porque los remordimientos atosiguen a ciertos políticos, lo que estamos viviendo en estos últimos días es cómo vergonzosamente tratan de endosar el mochuelo a su oponente político para ocultar las vergüenzas propias.

La realidad está demostrando que en todos los partidos políticos hay vergüenzas que ocultar, pero en algunos de ellos se cobijan ciertos políticos que en un momento dado llegaron a sobrepasar la raya de lo digno. Situemos el escenario para que sean ustedes los que opinen. Conferencia organizada por la Juventudes Comunistas del PCE. Tema Comunicación política. Los medios de comunicación, Tv incluida, como testigos. Al finalizar su exposición el ponente, un periodista le preguntó sobre las dotes de transmisión oral y políticas del recientemente fallecido, Julio Anguita. Responde el conferenciante desde pódium de su arrogante juventud. Supongo que la propia fogosidad con la que suele utilizar el verbo, aunque sea con vaselina, como muchas veces le sucede, meditando muy poco la respuesta, entre otras lindezas dijo el señor Iglesias: «la gente mayor tenía que tomar el ejemplo de Ratzinger, coger un helicóptero e irse a Castel Gandolfo, irse a la mierda, o a donde quieran, pero que dejen paso a personas de veinte, treinta o cuarenta años». Fin de la cita. Hemerotecas y videotecas a su disposición para salir de dudas sobre fake news.  (Noticias falsas)

La señora Ayuso también tuvo su momento de “gloria” a preguntas de un periodista que le preguntaba sobre unos documentos aparecidos, donde se ordenaba al servicio sanitario madrileño prohibir a los mayores enfermos de las residencias ser atendidos en los hospitales públicos. Contestó la señora Ayuso: «sólo era un croquis de trabajo, no eran  documentos oficiales». Igualmente sucedió en la Comunidad Valenciana, en  la Aragonesa, en la Generalidad Catalana, en…

Se acuerdan ustedes quienes fueron islotes de salvamento, aunque fuesen islotes a la deriva, donde muchos náufragos de la sociedad de consumo se cobijaron cuando la crisis económica sacudió España entre los años 2008 al 2016. No se obliguen, yo se lo recuerdo: nuestros mayores. Sí, sí, nuestros mayores, además de cobijo, amor y ánimo, compartieron su propio pan, muchas veces quitándose ellos los bocados de la boca. Se acuerdan ustedes quienes están pagando las carencias sociales actualmente, por ejemplo, las carencias de guarderías, las carencias de residencias sociales, las carencias de instalaciones que puedan acoger a la sociedad estudiantil en periodos estivales, o mismamente, las carencias de centros que ayuden en la conciliación del trabajo y la familia.

Se lo recordaré de nuevo: Nuestros mayores. Pues esos mismos mayores, en las decisiones supremas de algunos componentes de nuestra clase dirigente, parapetados tras las barricadas de su desvergüenza y echando sobre la espalda de los técnicos sanitarios sus propias responsabilidades, son los mismos que ahora siguen aumentando un poquito más la inquietud de los mayores. Sin ir más lejos, el día 20 de junio de 2020 apareció en los medios de información una noticia que al menos a mí me ha puesto los pelos como escarpias: “Sanidad penaliza nuevamente a los mayores de 65 años en el acceso a quirófanos tras la pandemia.” Luego, sin sonrojarse siquiera, pedirán el voto a los mayores.