Trucos para dejar de mirar el móvil

El 21% de los jóvenes españoles son adictos a su smartphone

La dependencia que han generado los móviles ha superado cualquier expectativa. Se está incluso convirtiendo en una adicción para muchos jóvenes e incluso adultos, en algo que les impide desconectar, y nunca mejor dicho, por ejemplo de un trabajo o de una partida de videojuego, o red social, en la que acaban de postear un comentario.

Desde el Instituto Psicológico Desconect@, su director Marc Masip llama la atención sobre el hecho de que el 21% de los jóvenes españoles son adictos a su smartphone. Al mismo tiempo, este especialista enumera los tres principales síntomas que harían sospechar de que estamos frente a un caso de adicción al móvil: Síndrome de abstinencia, Substitución de actividades, y Negación de la adicción.

En ‘Buenos Hábitos. Malos hábitos’ (Urano), Wendy Wood, psicóloga social, menciona por su parte que, según la última encuesta publicada por Gallup, el 59% de los trabajadores estadounidenses con cuentas de correo corporativo lo revisaban cuando ya había acabado la jornada laboral.

«Para la salud, los inconvenientes están claros. Por ejemplo, una mayor actividad de correo electrónico fuera del horario laboral genera estrés, cansancio emocional, y conflictos entre la vida laboral y la familiar. Y no son únicamente quienes tienen empleos conflictivos los que se estresan. El estrés está asociado al hecho de no estar trabajando, pero sí al seguir estando de guardia, accesible a supervisores, compañeros de trabajo o clientes», subraya la también decana de Psicología y Empresa de la Universidad de Carolina del Sur (Estados Unidos).

Igualmente, alerta de que estas personas se sienten más ansiosas y fatigadas, y están de peor humor por las mañanas, e incluso muestran picos de cortisol, la hormona vinculada al estrés.

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Es más, la experta resalta que no sólo este tipo de situaciones se dan en quienes revisan el correo del trabajo, sino que también pueden suceder en quienes están pendientes de las redes sociales de forma constante a través de su Smartphone, o bien de quienes quieren echar una última partida de un videojuego en el móvil.

¿Cómo mejoraría todo? Si estas personas dejaran de mirar el móvil. Suena fácil, pero no lo es a veces y, según reconoce la psicóloga, por uno mismo, muchas veces, es difícil darse cuenta de que se está enganchado al móvil. Por ello, pide entonces hacer caso a esa llamada de atención que nos ofrece un familiar o un amigo: «Oye, estás obsesionado, ¿por qué no dejas ese chisme un rato?».

Lo siguiente, a juicio de la también miembro de la Sociedad de Psicología Estadounidense, es controlar los condicionantes del contexto que activan y facilitan el uso del teléfono.

«Se trata de algo bastante sencillo, en este caso, eliminar los condicionantes que te hacen echar mano del móvil. La manera más sencilla y directa de hacerlo es no tener el teléfono encima. No llevártelo cuando te sientas a desayunar o cuando haces un descanso en el trabajo para tomar un café y un donut. La primera vez te costará hacerlo pero, a no ser que trabajes en los servicios de emergencias, nadie va a notar que has dejado el móvil de lado un cuarto de hora», agrega.

Déjalo en casa o hazlo inaccesible

Wood cree que es muy posible que al salir de casa cojas siempre estas cosas: las llaves, la cartera y el bolso, y el móvil. «Sólo dos de esas cosas son necesarias en la mayor parte de los sitios a los que vas y para la mayoría de las cosas que quieres hacer. Esa rutina es un condicionante del que es difícil desprenderse», sostiene.

A su vez, indica que los teléfonos móviles incluyen multitud de condicionantes que podemos reorganizar y manipular a nuestra conveniencia.

«Resulta muy fácil añadir fricción para dificultar el uso del móvil. Siléncialo. Apágalo. Activa el modo ‘no molestar’ para que sólo tus contactos favoritos puedan comunicarse contigo. Desactivar las alertas, elimina estímulos y evita que surja automáticamente esa idea recurrente y molesta de mirar el móvil», aconseja la psicóloga.

Además, señala que hay más cosas que se pueden hacer para despegarse del continuo uso del móvil, y sugiere el guardarlo en un bolsillo con cremallera en la mochila, en el maletín o en el bolso. «Así tendrás que abrir la cremallera y hurgar en el bolsillo para sacarlo. O puedes apagarlo después de cada uso, de modo que cada vez que quieras echarle un vistazo tengas que volver a encenderlo, con todo lo que eso supone», agrega.

También sugiere que pueden borrarse las aplicaciones del móvil, de forma que nos costará más adentrarnos en las redes sociales o bien en el correo electrónico, algo que puede suponernos a la larga cierta pereza para conectarnos y comprobarlos.

Otra táctica, según resalta Wood, podría ser el vincular una acción nueva y saludable al hábito del uso del móvil. «Incluso cuando consigas reducir la cantidad de veces que consultas el móvil, vas a seguir mirándolo. De modo que puedes servirte de ese hábito tan tenaz, y probablemente necesario, para adquirir otro nuevo que hayas elegido conscientemente y que coincida con tus objetivos: ¿Qué tal si cada vez que miras el teléfono aprovechas para llamar y saludar a un familiar?», señala, a la vez que aprecia que si instauras este nuevo hábito, seguramente te plantearás dos veces el sacar el móvil porque en muchas ocaisones no te apetece hablar con nadie.

Con todo ello, la psicóloga recomienda ser «constante y coherente» con las medidas que se elijan para despojarse del móvil, así como con la repetición.

«El cambio que al principio te costaba tanto se volverá automático», asegura, a la par que destaca que la nueva acción comenzará a ocurrírsete de manera inmediata, y la dificultad de recaer en tu antiguo hábito persistirá.

El llevar también un reloj de pulsera puede ser otra medida para dificultarte el que mires el móvil con tanta asiduidad, según defiende: «¿Cuántas veces sacas el móvil para mirar la hora o la fecha y de paso abres una red social? En vez de echarte la mano al bolsillo para sacar el Smartphone, mírate la muñeca».

Y por último, Wood aboga por hacer que no mirar el móvil sea gratificante. «Se me ocurre una recompensa excelente para dejar de lado el móvil. ¿La lectura de un buen libro puede ser?», sentencia.