La censura en Instagram: ¿debate abierto?

Sofía Suescun y Tamara Falcó, dos modos de mostrarse en las redes

La censura, por supuesto, también se ha instalado en Instagram. Es un debate abierto entre los usuarios. Sobre todo entre los famosos que optan por lucir palmito. Cada cual es cada quien. Y cada quien libre de mostrar su cuerpo. ¿Hasta ciertos límites? He ahí el quid de la cuestión.

Sucede que a veces la censura de Instagram se focaliza en tachar o tapar pechos de la protagonista titular de la cuenta, que decide lucirlos a sus anchas -en este sentido la bella estampa de alimentar a un recién nacido también crea la controversia entre las  mamás y la imposición censora-, pero no así sobre los traseros (o la noble parte donde la espalda pierde su honroso nombre).

La censura en las cuentas de las redes sociales es un asunto que también conlleva pareja su picaresca. Hay quien procura saltárselas a la torera -a la censura, nos referimos-, chocando frontalmente contra el lápiz rojo, y quienes usan la astucia como método de inteligencia. Los límites del sí y del no es una línea finísima. El criterio no está del todo claro. De ahí que a menudo las sorpresas sean morrocotudas.

No suele haber manga ancha pero a veces la censura recibe un gol por toda la escuadra. Por despiste, por falta de agilidad o de discurso propio o por el simple hecho de dejarse ganar de vez en cuando.

Es lo que acaba de suceder con la televisiva -¿polemista?- Sofía Suescun. Ha subido a Instagram una imagen -una fotografía- que bien pudiéramos calificar de ardiente. Bueno, quizás ardiente sea subir en exceso la temperatura del calificativo. Ella seguro que así lo ha pretendido. Y no ha fallado en la intentona.

Ahora se muestra completamente desnuda, de espaldas, como una diosa joven que brota de los mares. En un lugar paradisíaco. Su texto es explícito: “A ver, Instagram. ¿Cuál es la diferencia entre un culo y unas tetas? ¿Ésta no la borráis? Hipócritas”. La publicación ha recibido 140.00 “me gusta” y más de 2.000 comentarios.

En el lado opuesto se halla Tamara Falcó. La hija de Isabel Preysler ha publicado una foto que tanto podría recibir la definición de sexy como elegante. Pudorosamente bella o explícitamente natural. Aparece junto a un ventanal, con un medido juego de luces, sentada en el suelo mientras luce sus bonitas piernas. Sólo está revestida con una camiseta rosa que proyecta la frase más solidariamente comprometida: “A mí, me importa”.

Símbolo de la adhesión para con las mujeres que han padecido y padecen cáncer de mama. Dos modos de mostrar cuerpo. Con dos mensajes diferentes. Y con la censura de las redes arbitrando o todo lo contrario. El debate parece abierto. ¿Lo está en realidad?