Fallece el conocido jerezano Juan Soto de la Calle

“Murió con la medalla de su Hermandad de los Judíos puesta entre las manos”

Era un jerezano clásico. De los que sumaba amigos a cada paso y los fidelizaba ya de por vida. Una buena persona, muy cordial, atentísima. Como todos sus hermanos. Como todos los Soto de la Calle. Hijos de la tierra. Ha fallecido, a la edad de 81 años, Juan Soto de la Calle.

Su muerte ha causado hondo dolor en la ciudad. Sobre todo en la collación del barrio de San Mateo, en cuya cuna nació y creció. Y de cuyas calles ya jamás se separaría pues no en balde entregó toda su vida la Hermandad de los amores de la familia Soto de la Calle: el Desconsuelo, popularmente conocida como los Judíos de San Mateo.

Llegar a la Casa de Hermandad de los Judíos, cualquier tarde de cualquier mes de cualquier año y abrirte los brazos alguno de los hermanos Soto de la Calle era todo uno. Juan era acogedor, alegre. Cristiano hasta la médula. Sencillo en su enorme categoría personal.

A la corporación del Martes Santo dedicó toda su vida ocupando cargos de responsabilidad en distintas Juntas de Gobierno como por ejemplo el de secretario. Formaba parte de los fijos de la Hermandad. Del núcleo de los veteranos. Del grupo de los clásicos.

El actual Hermano Mayor del Desconsuelo, Francisco Zurita Martín, ha comunicado la profunda tristeza que sienten los cofrades de los Judíos de San Mateo. Acaban de perder a uno de los suyos, que además hacía mucha vida de Hermandad. En el día a día, ahora y siempre.

Zurita recalca “el lamento profundo” de la Hermandad por quien fuese consejero, secretario perpetuo “y, sobre todo, ejemplar hermano”. Zurita subraya que “Juan descansa ya en el cielo, en cuyas puertas le esperaba María Santísima del Desconsuelo para llevarlo ante su Señor de las Penas, a quien tantas veces invocó”-

El Hermano Mayor resalta que Juan “no tenía un no por respuesta cuando su Hermandad lo requería. No faltaba en sus labios una palabra de aliento cuando las circunstancias eran adversas. No escatimaba agradecimientos para cualquier Junta de Gobierno a la que apoyaba de alma y corazón”.

“Heredó de sus padres la sangre roja y negra que bulle orgullosa por las venas de sus hijos y de sus nietos. Llevó  siempre su medalla colgada en el pecho y murió con la medalla puesta entre sus manos, aferrándose a esos Titulares que le enseñaron el camino del cielo”. Descanse en paz.