Expulsan a una anciana del autobús por no llevar en efectivo el dinero del billete

La mujer perdió así una cita médica que llevaba meses esperando

El mundo al revés. La noticia sucedió hace varios días y ahora se ha dado a conocer. Un capítulo resbaladizo que ha creado indignación. Una anciana de 81 años tenía la intención de viajar en un autobús que une varios municipios de Madrid…

Tenía la intención. Pero finalmente se quedó en tierra. ¿Por qué peregrina razón? Simplemente por no llevar el dinero en efectivo. Ya se sabe que, a raíz de la pandemia del coronavirus, ha quedado limitado el pago de los viajes al mismo vehículo en efectivo. De modo que se debe disponer de tarjetas de abono.

La señora responde al nombre de Juani. Es vecina de Ambite. Ella quería coger la línea 326. Para llegar a Arganda. Allí tenia visita con el médico. Mas no pudo ser. Bien es cierto que la señora disponía de su abono para personas mayores. Aunque -¡mala suerte!- lo tenía caducado.

Ahí radicó el quid de todo el problema. La buena señora no se percató de ello. Procuró comprar un billete sencillo para acudir a la visita con el médico. Pero sucedió algo inesperado. Pese a que ella llevaba el dinero exacto, es decir: 2,60 euros, el precio justo del billete, el conductor argumentó que no era válido. No era viable.

Quizá sin tener por qué, la anciana explicó al conductor que poseía el abono caducado tras permanecer meses encerrada en su casa por motivos del confinamiento. Pese a las exhaustivas explicaciones, el conductor se cerró en banda, le hizo caso omiso y prohibió a la señora que subiera al autobús.

La cosa se enroscó. La mujer no quiso bajarse del bus: tenía la visita a las diez y cuarto de la mañana y eran sobre las ocho y media. Iba ya con el tiempo demasiado ajustado para acudir a la visita. El conductor arrancó pero…

Pero, para asombro de propios y extraños, paró en la siguiente parada, aún en Ambite, manifestando que no seguiría hasta que la señora no bajara. Hasta que la anciana no abandonara el vehículo. Se creó entonces una situación de auténtica estupefacción.

La señora, con los ojos humedecidos por las lágrimas, bajó del autobús a fin de que pudiera seguir su ruta. El conductor insistía en que sin billete no podía viajar pues se exponía a una sanción, a una multa, por parte de la propia empresa o bien de la policía. El pez que se muerde la cola.

La anciana perdió la visita al médico. Perdió la cita concedida después de haber estado meses esperándola. ¿Qué dice la empresa? Que la actuación del conductor fue la correcta, llegando incluso a solicitar a algún otro viajero si podía marcar con su abono -para cobrar a continuación ese billete- pero tampoco pudo ser: finalmente hizo bajar a la anciana.