Segunda parte del linchamiento público que recibe Isabel Pantoja en apenas una semana. Telecinco emite este pasado viernes 20 la segunda entrega del especial ‘Cantora: la herencia envenenada’. En esta ocasión se cambia, como protagonista medular del espacio, a un Rivera por una Rivera. No estuvo Kiko, el hijo de la Pantoja pero sí Teresa, su cuñada y hermana del difunto Paquirri.

Teresa Rivera ha sido humillada públicamente por Isabel Pantoja, Jorge Javier dixit. “Jamás se ha sabido el porqué Isabel la ha odiado tantísimo”. Otros invitados aguardan en penumbra su turno. Todos tienen hambre de palabra. La noche se presume intensa. Dos programas de este calibre dejan K.O. a cualquier superestrella. ¿Podrá humanamente Isabel Pantoja soportar lo que está sucediendo en torno a ella?

Teresa Rivera comienza sus aseveraciones sin despacho: “En la familia de Isabel Pantoja no había amor. Ellos querían demostrar que se querían. Y que todo era idílico pero eso no fue así. Al principio Isabel me gustaba y me llevaba bien con ella. Eso al principio, claro está”.

Jorge Javier pregunta sobre el comienzo de los desencuentros. Teresa responde: “Cuando regresaron del viaje de novios mi hermano Paco me preguntó si yo me había comprado un traje de gitana y lo había cargado a su cuenta. Me quedé fría. Le dije que no. Y me comentó que ese hecho, señalándome a mí, se lo había dicho Isabel Pantoja. Cuando en realidad había sido ella. Mi hermano dijo que no pasaba nada, que estaba todo aclarado. Pero yo llamé al modisto delante de él”.

Constantemente en Cantora

Sigue Teresa comentando: “La familia de Isabel estaba constantemente en Cantora. Y el casado casa quiere. Jamás lo entendí. El estaba harto de tanta gente en Cantora y en el piso de Sevilla. Eso no podía ser. Paco era muy espléndido pero que tampoco le pisaran. Paco tenía que pararle mucho los pies a Isabel. Le decía: Yo no voy a mantener a tu familia”.

Sale a la palestra el controvertido tema del maletín de Paquirri, el suyo personal, el que siempre llevaba a las corridas para guardar sus objetos personales. La tarde de su muerte Isabel sólo preguntaba por el maletín. De una manera obsesiva. Quería que lo recogieran del hotel y se lo dieran….

El maletín con dinero de la corrida anterior y de la corrida de esa tarde, el reloj, sus cosas personales. Esto con Paquirri de cuerpo presente. Ramón Alvarado, su mozo se espadas, le dijo a Teresa que estaba ya harto de que se lo pidiera tantas veces.

Recordando aquella tarde aciaga para Paquirri y la familia Rivera

“Cuando yo llegué -dice Teresa- y vi a mi hermano, no me lo podía creer. Lo vi con los ojitos medio cerrados y yo quise abrirlos. Una monjita me dijo que no le tocara los ojos y yo le respondí que cómo no iba a tocar a mi hermano”. En ese momento Teresa se rompe. Recordar aquella tarde noche es regresar a un estado de shock permanente.

Añade la Teresa Rivera: “Mi hermano me dijo que estaba hasta los pantalones de ella y que cuando volviera de América iba a separarse de Isabel. Tenía la intención en firme. La seguía queriendo pero algo pasó que él tomó la decisión en firme. No sé por qué discutirían tanto”.

Está presente Vicente Ruiz Soro, el único superviviente del cartel maldito de Pozoblanco. Muy emocionado. En silla de ruedas. Han sido 36 años los que ha estado guardando silencio. “Yo adoro a los Rivera. Sobre todo a Cayetano y Francisco, que los he visto crecer en pañales. Yo he venido a liberarme también. A quitarme una losa que llevo encima”.

Paquirri cobraba 8 o 10 millones de pesetas por corrida

Enseguida Soro debe secarse sus lágrimas: “Yo conozco a Paquirri en Valencia en el año 79. Me lo presenta el periodista Pedro Toledano. Nace una amistad y un cariño entre nosotros. Para mí era un dios en la tierra. Tenía una personalidad tremenda. Empiezo más a fondo a conocerlo en el 82. En el año 82 Paquirri cobraba 8 o 10 millones de pesetas por corrida. Lo de Pozoblanco fue un favor a Canorea. No había pueblo que le bajara el caché. Y aquella tarde cobro 5 millones de pesetas”.

“Si Paco levantara la cabeza -añade Soro-… siempre quería ver a su familia. Tenía carácter a la vez que era muy bueno. El maestro se casó muy enamorado de Isabel Pantoja pero más adelante me confesó que era un desastre su vida en la relación con Isabel. Viví un año en Cantora con ellos. Presencié algunas peleas de chillidos en otra habitación. Paquirri se disgustaba mucho por sus peleas con Isabel. Se alteraba mucho. Estaba harto. Tras la muerte de Paquirri , Isabel Pantoja nunca volvió a cogerme el teléfono”.

Soro siempre sintió una generación especial por el maestro: “Yo de más pequeño quería ser como Paquirri. Se llevaba bien con Agustín. Tenía un oído periférico prodigioso. Estaba hablando contigo y enterándose de las charlas de al lado. Atentos con todo. En Pozoblanco llevaba dos o tres días sin hablarse con Isabel. Incluso jugó a las cartas, cosa que nunca hacia”.

Noche se pesadilla para los niños

Soro comparte un recuerdo con la audiencia: “Estábamos mi hermano y yo durmiendo en Cantora, de la época que me quedé allí. Esa noche también dormían en la finca los entonces niños Fran y Cayetano. Dormían los dos solos en una habitación próxima a la mía. Sobre las tres de la mañana tuvieron una pesadilla. Y noto cómo llaman a la puerta de mi dormitorio. Cuando abro eran los dos niños, muy chiquititos, cogidos de la mano, y llorando. Fran decía: ‘mello, mello, tenemos mello’. Daba lástima verlos».

Y sigue narrando: “Mi hermano y yo juntamos las camas y los niños se metieron volando en el centro, entre mi hermano y yo, y enseguida se quedaron dormidos. Como a las seis de la mañana ya estaba el maestro levantado y ese día también lo hice yo, enseguida se lo conté y me dijo que habíamos hecho muy bien en recogerlos en nuestras camas”.

Un color verde intenso

Teresa se prueba las esmeraldas que su hermano le regaló a su madre, con un color verde intenso. En los 80 era una pieza que casi nadie podía permitirse. Se sospecha que Isabel Pantoja hizo una réplica mala y ella se quedó con las buenas. Teresa: “Isabel ha dicho a boca llena que no quería que los Rivera se llevaran nada de la herencia de mi hermano”.

En el programa interviene un experto en joyas y examina las esmeraldas que se prueba Teresa Rivera. Resuelve el experto: «Está claro que hay cosas que no cuadran en cuanto a la piedra, las piezas no tienen la alta calidad que supuestamente compró Paquirri en Colombia (…) Las esmeraldas de estos pendientes sí que son colombianas, pero no son de alta calidad, son de una calidad muy comercial (…) Yo deduzco que la pieza en sí, tanto las esmeraldas como los diamantes, son de una calidad media (…) Estas piezas no están hechas por una muy alta joyería (…) Su precio en el mercado serían de unos cuantos miles de euros». Punto y seguido a la tragicomedia más omnipresente de esta España nuestra.