Aunque haya aún quien lo niegue, el planeta entero sigue inmerso en la grave crisis sanitaria provocada por la epidemia de Coronavirus. Por ello, ante la llegada del invierno, y hasta la puesta en marcha de una vacuna eficaz que pueda acabar con el Coronavirus es necesario seguir cumpliendo las medidas de protección y seguridad; como usar mascarillas, lavarse de forma frecuente las manos. Y respetar un mínimo de distancia con otras personas de 1,5 o 2 metros.

A estas medidas, las múltiples investigaciones que intentan dar con la clave para controlar la pandemia han sumado además otras recomendaciones relativas a la ventilación de espacios cerrados y la filtración de partículas que se encuentran en el aire y que trasladan el Coronavirus. Para evitar riesgos en mayor medida, es necesario tener en cuenta otra herramienta, especialmente de cara a la llegada del invierno, que se plantea difícil por la propagación del virus.

Hay que poner especial atención a la humedad. Así lo han afirmado tres reconocidos científicos Joseph G. Allen, profesor y director del programa ‘Healthy Buildings’ de la Escuela de Salud Pública TH Chan de la Universidad de Harvard; Akiko Iwasaki, profesora de inmunobiología en la Facultad de Medicina de Yale, y Linsey C. Marr, profesora de ingeniería civil y ambiental en Virginia Tech.

En su artículo, Allen, Iwasaki y Marr señalan la importancia de mantener en espacios cerrados una humedad relativa en el entorno del 40% al 60%. «La humedad relativa es el término para la cantidad de vapor de agua que hay realmente en el aire en comparación con la cantidad que puede contener», han explicado en la columna, donde han ahondado en esta cuestión con un ejemplo: «A medida que se pasa del otoño al invierno y comenzamos a calentar el aire, nuestros ambientes interiores se vuelven más secos, a menudo alcanzando un 20% de humedad relativa, muy por debajo del 40 a 60% ideal».

Humedad afecta a las transmisión

Así, explican cómo «la humedad puede afectar a la transmisión: en el aire seco hay menos mucosidad y los cilios no laten tan rápido o en la dirección correcta. Esto significa que se capturan o eliminan menos partículas de virus del tracto respiratorio, lo que permite que muchas lleguen a la parte más profunda de nuestros pulmones, donde causan el mayor daño». Además, destacan un nuevo estudio que afirma que el coronavirus «se descompone más rápido a una humedad relativa cercana al 60% que a otros niveles».

Finalmente, recuerdan que el aire seco también influye en la distancia a la que pueden viajar las gotas que contienen el virus y el tiempo que pueden permanecer en el aire: «Cuando hablamos, cantamos o respiramos, emitimos gotitas respiratorias. Algunas son bastante grandes y caen al suelo rápidamente. Pero las microscópicas, que llamamos aerosoles, permanecen en el aire durante horas. Y viajan mucho más allá de los dos metros».

¿Dónde está el problema?

Es aquí, según dicen, donde «está el problema: cuanto menor es la humedad relativa, más rápido se evaporan esas gotas más grandes». De esta manera, apuntan que un rango de humedad relativa entre el 40% y el 60% «está justo en el punto óptimo donde obtenemos los beneficios de tener un poco de humedad, pero no los inconvenientes de demasiada». ¿Por qué es tan importante tener en cuenta esto de cara al invierno? Allen, Iwasaki y Marr explican que por el invierno «estamos a punto de pasar mucho más tiempo en espacios interiores; donde ocurre casi toda la transmisión».

«En invierno, llevamos aire al interior y lo calentamos. Aumentamos el tamaño de la esponja sin añadir más vapor de agua. Por tanto, la humedad relativa interior acaba siendo inferior a la exterior«. Los científicos recomiendan usar humidificadores portátiles al tiempo que reclaman defender «nuestros hogares, escuelas y oficinas» haciendo uso de las herramientas con las que contamos actualmente para hacer frente a la pandemia hasta que tengamos en nuestras manos una vacuna que nos permita decir adiós al Coronavirus».