El equipo multidisciplinar integrado por especialistas de los Servicios de Endocrinología, Cirugía, Radiofísica y Medicina Nuclear del Hospital Virgen Macarena de Sevilla ha innovado la cirugía del cáncer diferenciado de tiroides (papilar y folicular), el tipo de cáncer endocrino más frecuente y con mayor incidencia en mujeres.

En un comunicado, el centro hospitalario señala que se trata del sexto cáncer más frecuente en mujeres y el primero entre mujeres de 20 y 34 años. El dos por ciento de los casos, aproximadamente, ocurre en niños y adolescentes.

El tratamiento habitual suele ser el quirúrgico, seguido en determinados casos de la administración de yodo radioactivo con los que se consiguen tasas de curación mayores del 85 por ciento.

Sin embargo, en algunos casos los pacientes experimentarán una recaída en el lecho quirúrgico o en los ganglios linfáticos del cuello. Esto suele conllevar una nueva cirugía que no siempre es posible efectuar en las mejores condiciones para el paciente.

La distorsión de la anatomía normal del cuello, la fibrosis o una localización poco accesible suponen un reto también para el equipo quirúrgico a la hora de localizar la lesión y realizar su correcta extirpación; además puede asociarse a efectos secundarios importantes –parálisis vocal, hipoparatiroidismo transitorio o definitivo y más raramente lesiones de otros órganos como tráquea, esófago o vasos sanguíneos–.

«Es, sobre todo, en estos casos donde la implantación de semillas marcadas con I-125 proporciona una ventaja sobre la cirugía convencional», añade.

Medicina nuclear

La especialista en Medicina Nuclear, Teresa Cambil, explica como siguiendo los pasos que se dieron en la cirugía de mama y aprovechando la experiencia en la utilización de semillas de 125-I en el cáncer de mama «se elaboró un protocolo normalizado de trabajo para el marcaje y extirpación de estas lesiones mediante colocación de una semilla radiactiva de I-125, RSL (Radiactive Seed Localization), y valoramos las ventajas con respecto a la cirugía tradicional».

«La semilla es un marcador de muy pequeño tamaño (cuatro milímetros), compuesto de titanio, que en su interior contiene 125-I, un isotopo radioactivo con una vida media de 60 días», indica.

A pesar de las restricciones derivadas de la presente pandemia Covid, a día de hoy se lleva realizada esta técnica en el Hospital Virgen Macarena, en 14 pacientes con un total de 17 semillas implantadas, estando en la actualidad pendientes tres pacientes más de beneficiarse la misma.

«Aunque estos tumores suelen ser poco agresivos», comenta el especialista Tomas Martín, responsable de la sección de UPRA de patología tiroidea intervencionista del Servicio de Endocrinología, «con metástasis a distancia raras y una supervivencia elevada con el tratamiento adecuado, más del 90 por ciento a los diez años, sin embargo, en algunos pacientes el riesgo de recidivas o incluso de muerte por esta enfermedad puede ser mayor debido a que es relativamente frecuente (20-50%) que los pacientes presenten durante su seguimiento afectación de los ganglios linfáticos del cuello, especialmente en personas jóvenes».

El procedimiento

Los días previos a la cirugía (hasta siete días antes), en condiciones de esterilidad y bajo control ecográfico se deposita una semilla de 125-I (colocándola a través de una aguja espinal), en la lesión que se quiere resecar, con un control exhaustivo de su correcta colocación

El día programado en el quirófano, el médico nuclear con la utilización de una gammacámara portátil y una sonda gamma, busca la actividad que emite la semilla en el cuello del paciente, ayudando al cirujano a elegir la incisión más estética y el acceso más adecuado.

Posteriormente, a través de rastreos con la sonda gamma, durante la intervención quirúrgica, se identifica la localización exacta de la semilla y por lo tanto de la lesión a tratar, a pesar de la distorsión anatómica y fibrosis que exista en el cuello.

Una vez extirpada ésta y tras comprobar que la semilla está en su interior, se procede a enviar al Servicio de Anatomía Patológica para su análisis, retirándose la semilla para su posterior almacenamiento por el Servicio de Radiofísica.

Tiempos de duración

Según la cirujana Consuelo Marín, comentando los datos que se han obtenido, destaca que el tiempo de duración de la cirugía se redujo de forma significativa casi un 50 por ciento en todos los casos. De esta forma, se logró la extirpación de las lesiones tumorales diana en el cien por cien de los casos, incluso en aquellos pacientes que se habían intervenido previamente del cuello en dos o más ocasiones. No tuvimos ningún caso de yatrogenia permanente derivada de esta cirugía, a pesar de que a algunos pacientes los trataron de la tercera cirugía del cuello.

«En uno de los últimos casos, una paciente procedente de otro centro de referencia que había sido reintervenida por sospecha de recidiva local cervical y en la que no consiguieron la identificación, ni extirpación de la lesión durante la cirugía. Tras ser remitida a nuestro Hospital y la colocación de dos semillas de I-125 en la zona ecográficamente sospechosa, permitió al cirujano su identificación y extirpación», cuenta el endocrinólogo doctor Martín.

Cirugía

En todos los pacientes intervenidos con este procedimiento y afectos de carcinoma papilar, se han obtenido criterios de remisión completa con niveles de Tiroglobulina inferiores a 0,5 ng/ml y rastreos con 131-I negativos, con criterios de remisión. «

Una de las claves de éxito en este tipo de procedimientos, es sin lugar a dudas, el carácter multidisciplinar de esta prestación», añade Martín.

El radiofísico José Manuel Terrón señala en relación a la seguridad y radioprotección que los pacientes no tienen que mantener precauciones en su domicilio desde que se le implantan las semillas hasta su retirada en el quirófano, ni tampoco exposición de riesgo para el personal sanitario. Por tanto, se considera un procedimiento seguro y bien tolerado por el paciente.

En la encuesta que se elaboró para ver la satisfacción de los cirujanos, explica la doctora Teresa Cambil, «esta técnica fue muy satisfactoria en el cien por cien de las intervenciones, ofreciéndole a estos, la seguridad de que las lesiones sospechosas quedan extirpadas, con bajo consumo de tiempo y tranquilidad frente a la posibilidad de crear yatrogenia sobre todo en aquellos pacientes que ya tenían lesiones en el nervio recurrente debido a las intervenciones previas».

Los cirujanos consideraron esta cirugía en un 90 por ciento de las ocasiones, más ventajosa que la tradicional. «Debido al éxito de esta técnica que ofrece seguridad y confianza a nuestros cirujanos», afirma Cambil, «en nuestro hospital se están realizando cirugías en pacientes complejos que, en otros momentos, dado el riesgo de posibles complicaciones, se hubieran desestimado». «En la actualidad, hemos incluido esta técnica como de uso clínico rutinario en aquellos casos que esté indicada su utilización», concluye.