«No puedo estar agradecido a la vida por tener un hijo con parálisis cerebral»

Las más duras declaraciones de Andrés Aberasturi en el ‘Chester’ de Risto Mejide

La opinión de Andrés Aberasturi siempre reporta un matiz interesante en razón a su reconocida independencia -política, empresarial, religiosa, social-. No predica en el desierto del oportunismo. No es hombre casado ni cazado por siglas. Posee una profunda filosofía existencial -ácrata, anárquico en el sentido solidario del término-. No baila el agua a terceros gratuitamente. Impone la razón y el corazón en sabia mezcolanza.

Su presencia este pasado domingo en el programa ‘Chester’, que presenta Risto Mejide en Cuatro, había levantado la lógica expectación. Sobre todo porque el epicentro temático de la entrevista descansaba en la enfermedad -parálisis cerebral- de su hijo Cris. Y, contra todo pronóstico, salió a flote el hombre que nada quiso endulzar: el hombre lleno de contradicciones emocionales: el hombre dual y complejo: el hombre en sentido estricto.

Posiblemente denotamos un Andrés Aberasturi demasiado pesimista, casi como “muerto en vida”, estilando una descreencia quizá impropia de su vitalismo genuino de hace años. ¿Ha hecho mella la edad en su ánimo? El nihilismo se apodera de quien ignora los valores de la esperanza. Pero no así debiera en un periodista que ha escrito análisis tan hermosos sobre la vida. Porque la vida jamás se prorratea con las secuelas de una estafa en sí misma. La vida no es estafa: sino fascinación que se regenera.

Andrés Aberasturi, a sus sesenta y nueve años, se expresó cansado en sus respuestas. Triste, alicaído. Quien la lleva, la entiende. Y ha sido muchísimo el sufrimiento que ha recaído y recae sobre sus espaldas. Hasta tal punto que algunos de los entrecomillados de su entrevista sorprenden sobremanera. Risto Mejide quiso neutralizar la visión oscura de Andrés con reportes de luz. También el entrevistador asumió su papel de árbitro ante una situación -la enfermedad crónica de un hijo- que no ha de concebirse como una desgracia sempiterna.

En cualquier caso se hizo alusión al libro penúltimo del periodista -libro reflexivo-: ‘El libro de las despedidas’. Tono siempre que marida la ternura y la derrota. El dulce alejamiento de lo imprescindible. Destacamos a continuación algunas de las aseveraciones de Andrés Aberasturi en una entrevista que en efecto abrió su corazón en canal para no dejarse nada guardado en la recámara.

“El libro de las despedidas. No me voy. Ya me fui. Un libro de este tipo es más fácil escribirlos que explicarlos”.

“El arcén también tiene su belleza, no siempre hay que estar en la carrera. Sobre todo cuando compruebas que has hecho bastante”.

“Ya todo es previsible. A los sesenta y nueve años”.

“La vida no es objetivamente hermosa, pero la puedes vivir hermosamente”.

“Imagino que he tenido una vida hermosa. Sí, creo que sí. Depende de uno vivirla más o menos hermosamente”.

“Nunca he hecho algo que no me hubiese gustado hacer”.

“Poder sostenerme la mirada en el espejo es para mí algo importante. Hay que ser coherente consigo mismo. Con mis ideas y con lo que creo”.

“El éxito es una pompa de jabón. Confundir el salir en la tele con el éxito es una estupidez”.

“La verdad cuesta dinero. Dejas de ganar dinero”.

“Yo he tenido veranos en los que no me ha llamado nadie. Al ser polivalente siempre sacas unas colaboraciones”.

“Los fracasos enseñan lo que no hay que hacer. Tampoco mucho más”.

“En mi vida personal creo que he triunfado. O al menos que le he empatado al fracaso”.

“Es muy trascendente traer hijos al mundo. Es nuestra obra, la que da sentido a la vida. Yo soy la obra de mis padres y mis hijos la mía”.

“No me cabe la idea que me han vendido de Dios. No lo conozco. No me lo han presentado. Dios somos todos los que estamos aquí. Una armonía en nosotros. Más un olor a lluvia. Si Dios existe, tiene que ser buena gente”.

“Cris es mi vida, es una pasión. El amor. Una pasión inútil. Un montón de antibióticos. Unas caricias. Una confrontación de muchas cosas. No estoy agradecido a la vida por tener un hijo con parálisis cerebral. Me niego a esa posibilidad. No tengo a quién culpar. Es intolerable, no por mí, sino por él: por no tener libertad para elegir. Lo acepto. No se puede aprender mucho gracias a que otra persona sufra mucho. No puedo estar agradecido por tener un hijo con el que no me puedo comunicar. Cris no vive una vida: vive una estafa”.

“El problema de mi hijo es que no le vas a curar. Siempre va a estar atado a su silla, atado a su destino. Un destino que no ha elegido. Porque una vida sin libertad es una estafa de vida. No encuentro una razón para la existencia de mi hijo. La frontera de sus afectos parece que desaparece en dos minutos. Le amo porque es Dios, la inocencia en estado puro. Su angustia y mi miedo. Tienes que aceptar que el milagro no existe. Todo lo que yo opine es cosa mía. No estoy postulando nada”.

“Cuando yo me muera, Cris va a estar ajeno al duelo. Pero si Cris hubiese muerto, cómo hubiese llenado yo sus silencios. Si le pudiera decir una frase que entendiera sería: Te queremos mucho”.