Hay quienes no confiaban en absoluto de la veracidad de esta marimorena. Quienes advertían un complot impostado de cara a la galería. Son muchísimos los que apostaban por un montaje millonario a tres partes: la madre, el hijo y el medio. El medio de comunicación. La cadena, o sea.

Se hablaba de un par de millones de euros por un enfrentamiento más o menos aparente, pactado -un enfrentamiento que diese carnaza y titulares durante una semana o diez días sobre poco más o menos-, para luego sumar la reconciliación más tierna, todos para casa, pelillos a la mar y borrón y cuenta nueva. E incluso si te vi, no me acuerdo.

Eso pensaban los más incrédulos. O no tanto, porque, a decir verdad, la cosa es tela de fuerte. Demasiado para liarse la de San Quintín en apenas un abrir y cerrar de ojos. En un visto y no visto. Entre dos personas muy unidas efectiva y afectivamente desde siempre. Desde el nacimiento de él. Desde que ella fuese madre (y pariese a su “piel de canela”).

Uno de los vínculos más estrechos y más sólidos del panorama del famoseo nacional es el formado por Kiko Rivera y su cantaora madre Isabel Pantoja. Entre ellos, en medio de ambos, han intentado meter cizaña la rumorología del amarillismo imperante. Desde algunos periodistas del género rosa hasta otros conocidos -que no allegados- deseando hacer caja en platós aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.

«Dientes, dientes…»

Hasta ahora ha sido misión imposible. Sin necesidad además de ninguna intervención heroica de Tom Cruise. La Pantoja siempre ha sido mucha Pantoja y, ante las circunstancias más adversas, ha apretado la dentadura para devolver la sonrisa más retadora porque, claro está, siempre hay que apostar por el “dientes, dientes, que eso jode». Y, sí no, que pregunten al pantalón subido a la altura del ombligo de Julián Muñoz.

Estos días ya se ha dado por hecho que no existe montaje entre el pequeño del alma y la viuda de España. Ni entre el antaño denominado Paquirrín y su tío, ahora alias el Agus. En cuestión de millonarios montajes mediáticos podemos esperarnos de todo (sobre todo entre quienes adoran el vil metal, tal es el caso tanto de la mamá como del pequeñín ya crecido que nos ocupa). Pero ahora todo indica que el poderoso caballero don dinero no es el causante del enojo. O sí, con una herencia de por medio.

Y es que la novedad de la entrega de Kiko a su familia paterna será la prueba del algodón de la verdad que subyace en esta tragicomedia que tiene más de amargura que de risotada. En Cantora quedó la huella del delito, nunca mejor dicho.

La custodia ilegítima y herencia envenenada

Y allí, en la finca, donde las dieron… las tomaron. La bronca entre Kiko y su tío Agustín fue de traca. O, por mejor decir, de luces: las de tantos trajes de ídem -a la postre nunca robados- que permanecían ordenados en la hilera de una custodia ilegítima.

Pues bien: la contienda suma y sigue. Y no únicamente por el encuentro o reencuentro -con 36 años de diferencia- de Kiko con toda su parentela apellidada Rivera, sino porque este viernes 20, a las 22.00 horas de las noche, Telecinco ofrecerá una segunda parte, una segunda entrega, del programa especial ‘Cantora: la herencia envenenada’.

¿Quién da mas? ¡Hagan juego, señores! El morbo de la escandalera continúa. Todo apunta a que en esta segunda entrega un miembro de la familia Rivera hablará alto y claro. Después de décadas de absoluto silencio. Cantora como centro de la diana y la herencia de Paquirri como surtidor de enfrentamientos personales. Por ahora Isabel Pantoja no ha dicho esta boca es mía. Quizá esté callada para no dar el cante.