Doble rasero

La segunda definición que el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, la misma que limpia, fija y da esplendor; asigna a la palabra rasero, afirma que medir por el mismo nivel es tratar cualquier situación, forma de pensar o actitud con rigurosa igualdad, sin la menor diferencia.

¡Qué lejos nos hallamos actualmente de esa rigurosa igualdad en la medición de todo lo citado! El doble rasero está a la orden del día. La misma circunstancia, escenario o momento tendrá tantas interpretaciones como cada uno quiera darle. A ver, según nos beneficie actuaremos de una manera o de otra, opinaremos que si o que no, según nos convenga.

Si se pita el himno español en el Camp Nou o en cualquier otro estadio de nuestro país, de este país que pese a quien le pese sigue llamándose España, resulta que van y nos dicen los flautistas de Hamelin, que eso es libertad de expresión. Pero si se pita a un jugador porque éste, en todo su derecho, piensa diferente a los demás, resulta que es una falta de respeto a la persona.

Pues bien, queridos músicos de viento, no se pita ni a nadie ni a ningún himno. Ni al de España, ni al de Tanzania, ni al Segadors. Eso es una falta de educación y ojalá muchos reaccionaran ante esos despropósitos como hizo el portero italiano Giuanluca Buffon, un señor en toda la extensión de la palabra, cuando sus paisanos silbaron el himno sueco recientemente.

Si se le monta un escrache, que por cierto el mismo diccionario citado anteriormente define como romper, destruir o aplastar; a un gobernante clasifiquémoslo como de defensor de la actual Constitución, resulta que el pueblo tiene derecho a expresar su sentir.

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Pero cuando el pueblo muestra su repulsa a un político, digamos de esos que no comparten nuestra Carta Magna, hasta tal punto que la denominan el Régimen del 78, resulta que “el jarabe democrático de los de abajo” no será para nada una situación que les agrade.

Por cierto la frase del jarabe no es mía, qué más quisiera yo. Es de un iluminado. Es del que quiere salvarnos a todos. Es de un líder de coleta y futuro morado, defensor a ultranza del ruidoso y ensordecedor agobio a los demás pero contrario a que se lo hagan a él.

Por cierto, ni a unos ni a otros. Eso es inmiscuirse en la vida privada de un político que por encima de su cargo o función, es persona y que aunque muchas veces nos tengan hasta las narices, no son merecedores, tengan la ideología que tengan, de ser insultados incluso delante de sus propios hijos.

Sigamos con más dobles raseros. El Primer Ministro belga condenó la, según él, violencia policial desplegada por los agentes del operativo policial desplegado por el gobierno de España para impedir la celebración del esperpento, llamado por algunos referéndum, a todas luces ilegal, sobre la independencia de un querido trozo de tierra de  nuestro país. Desde su poltrona de Bruselas tuiteó: ”¡La violencia nunca puede ser la respuesta! Condenamos todas las formas de violencia y reafirmamos nuestra llamada a un dialogo político”.

Pero no usa el debate con los aficionados que celebraban en las calles de la capital belga la clasificación de Marruecos para el mundial de futbol del próximo año. Usó la misma fuerza que criticó pero con una violencia mucho mayor a la que, según él, se usó en Cataluña el pasado uno de octubre.

Los agentes federales belgas, en todo su derecho a disolver a la turba, no dialogaron con ellos como el político centroeuropeo lleva por bandera, respondieron con cargas policiales, incluso con la utilización de un camión con un cañón de agua a presión.

Una vez más quiero para los demás lo que no quiero para mí.

Por cierto, quien sabe si un buen cañón de agua y un cargamento de gel de baño y champú no habría disuelto más de una manifestación o de un escrache.  Aunque seguramente los inocentes corderitos, lo de la comparación con el animal más que nada por el olor que por otra cosa, independentistas y poco dados a la higiene corporal, habrían criticado la dureza de los antidisturbios que cargaban con desodorantes roll on en ristre.

Ahora bien, lo que me hizo tronchar de risa fue que lo de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), no confundan con DIU o tendrán un grave problema; era de broma. Somos unos crédulos. Que era de coña. Que lo españoles nos tomamos las cosas a la tremenda y que parece ser que ni independencia ni nada. Que no fueron a declarar a la Audiencia Nacional vestidos de cortos y de flamencas, de las de aquí, de las de arte, no de las de Bélgica, que son “mu esaborías”; porque no tenemos sentido del humor.

Y es que en la cuna del humor, donde sentó catedra el simpar Eugenio, se han reído de nosotros y sin darnos cuenta. ¡¡¡Que arte, joé!!!

José Blas Moreno
José Blas Moreno