El fin nunca justifica los medios. Sobre todo si algunos medios son inadmisibles desde el punto de vista ético y desde el punto de vista legal. A veces la imaginación sobrepasa todos los límites tolerables para conseguir un fin. Un fin intolerable, naturalmente. Tanto es así que una mujer presentó el cadáver de un jubilado en el banco para intentar cobrar una pensión.

A veces la imaginación fuerza la realidad de las cosas; convierte en abstracción lo que debe ser prohibido; fuerza situaciones que caen en lo delictivo, con una falta de escrúpulo que incluso abarca lo enteramente peligroso.

Es el caso de cuanto ha sucedido. De cuanto ha sucedido y no cabe en cabeza humana. Una mujer ha intentado por todos los medios cobrar la jubilación de un hombre muerto llevándolo en silla de ruedas en la sucursal bancaria. Así como se lee. Lo ha hecho libremente, a las primeras de cambio y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo.

Comienza la contradicción: ella sostiene que, cuando lo llevó, el jubilado estaba vivo, bien vivo, pero las investigaciones han reflejado que el anciano, de 92 años, había muerto hacía bastante tiempo. La contradicción es manifiesta. Contradicción que enseguida se ha traducido en falsedad consciente. En embuste. En engaño aposta.

Niega haber cometido ningún delito

La acusada ha sido identificada. Responde al nombre de Josefa de Souza i Mathias, de 58 años de edad y reside en la ciudad de Campinas, en el Brasil. En su declaración ha negado categóricamente haber cometido ningún delito. Mucho menos de intentar cobrar una pensión. Estaba en sus trece. No admitía lo contrario. Empecinada en su versión.

Sostiene, sin recular en ningún momento, que ya en el banco alertó de que el hombre se sentía mal, por lo que se llamó a emergencias. Entonces, se descubrió que el abuelo, identificado como Laércio Della Colleta, de 92 años, estaba muerto. Es cuanto subraya sin salirse un ápice de dicha narración de los hechos

El banco, siempre según la versión de Josefa, había solicitado una prueba de vida para poder cobrar la pensión de Laércio como medida de seguridad después de que ella, supuestamente perdiera la contraseña bancaria. Una prueba de vida para cobrar la pensión… Y se presentó de tal guisa. No se le ocurrió cosa mejor. Asimismo afirma que había sido su compañera durante muchos años.

Estado cadavérico, pies hinchados

Más datos: según la policía, hay varios testigos que contradicen frontalmente la versión de la mujer. No en balde el departamento de bomberos y el servicio de emergencias que fue hasta el banco han informado que notaron cómo Laércio presentaba a las claras un estado cadavérico y tenía los pies hinchados.

La escena no puede definirse de pintoresca pero sí de punto menos que desagradable. No se deben extremar las circunstancias hasta tal punto. No todo está justificado. Ni incluso la obtención del mantenimiento de una pensión que además es ilegítima. Sucede a menudo que desconocemos hasta que punto puede llegar la insensatez de una persona sin sentido de la medida.

El director del departamento de la policía judicial de Sao Paulo, José Henrique Ventura, informó de que la autopsia ha mostrado que el hombre jubilado llevaba 12 horas muerto cuando fue llevado al depósito de cadáveres. 12 horas. Blanco y en botella. No hay duda. No hay discusión. Las pruebas son determinantes.

Cabe constatar que, una vez Josefa pasó por la comisaría y los hechos quedaran registrados, el cadáver del jubilado Laércio fue enterrado al día siguientes de los hechos. Lo dicho: una historia rocambolesca en la que se ha pretendido que el fin justifique los medios. Unos medios ilegítimos que ha forzado el traslado hasta un banco de un cadáver en una silla de ruedas. El mundo al revés y la razón puesta bocabajo. Utilizar un cadáver en aras de intereses propios es algo que no tiene perdón de Dios.