Dice el vulgo popular que si encuentras a un gallego en medio de una escalera nunca sabes si está subiendo o bajando; pues en esa tesitura nos encontramos algunos con esto del Coronavirus. No sabemos si todavía estamos en el remplazo primero de la ola, en el segundo o sencillamente que el “bicho” nunca se ha ido y estaba esperando a que los “idos”, que son muchos, se tomaran esto del Covid a cachondeo para hacerse dueño del tendío mundial.

Bueno, pues lo han conseguido, en nuestro ejercicio cotidiano de emular al cangrejo, los españoles, como siempre, a la cabeza del desmadre en casi todo lo regular tirando a malo, y con el Covid-19 no íbamos a cambiar, y ahí estamos, como Riki Martin en su canción María: ¡Un pasito p´alante, María, y un pasito p´atras!

Primero, porque en la ignorancia de no saber por dónde nos venían los tiros todo eran improvisaciones, errores, negaciones de lo obvio y de paso, posibles negocios. Si no negocios de “pela”, si negocios de interés político en todos los frentes. Gobierno Central, Comunidades Autónomas y hasta Perico el de los Palotes intentando sacar réditos de semejante la tragedia nacional, de ahí que muchos ciudadanos sigamos en el convencimiento de que en nuestro País siempre ha primado más lo individual que lo colectivo.

Y no digamos los ciudadanos que pintamos canas, sobre todo los más longevos, los que todavía retienen en la memoria cuando dependía del talante con que se hubiese levantado el político o política de turno para ser o no ser ingresados en los hospitales. Y claro, como discriminar por edad a ciertos ciudadanos, sin asistencia en UCI, ni respiradores, condenándolos a un final sin remedio, sin derechos y sin el calor familiar vende poco y da mala imagen, teniendo nombre y apellidos los responsables, como así ha sentenciado la juez del Juzgado número 5 de Leganés, éstos/as siguen mirando para otro lado mientras descargan su responsabilidad y mala bilis en el político o política de enfrente.

Pero de lo que nadie se puede quejar es que durante el periodo de pandemia no hayamos tenido información a tope guay, primero la plana mayor del ejército, más la policía y guardia civil, saliendo a la palestra todos los días a dar el parte de guerra, después la información quedó en manos de un comité de expertos, que luego resulto que ni estaban ni se les esperaba, comandado por Ministro de Sanidad, señor Illa, un sociólogo de  mucho tronío y otro señor que aunque tenga mal pelaje, según dicen, es un Seneca en esto de las plagas y sus pronóstico.

Además, visto su apoteósico éxito en las predicciones contra el Covid, el señor Simón se nos ha venido arriba, convirtiéndose últimamente en un Aironman de mucho lustre, un triatleta que igual vuela el espacio sideral que se sumerge a los fondos marinos. Aunque claro, todo no van a ser vítores y aleluyas para este personaje, del que dijo el presidente Sánchez en la Sexta que fue heredado del anterior gobierno, (¿preparando su recambio?) y al señor Simón habría que ir reconociéndole algún que otro fallo, sobre todo el más sonoro, con Italia como ejemplo más cercano, cuando otras naciones se estaban preparando para lo que se le venía encima, el señor Simón, experto él, decía que como mucho en España el tema se sustanciaría con un par de casos todo lo más.

Pero eso sí, en otro plano informativo, nadie negará que tanto el señor Simón como el señor Illa han conseguido que los españoles hayamos cambiado la piel de las manos por lo menos dieciocho veces, y que aún sigamos echándonos gel hidroalcohólico hasta para escuchar los cantares del Mío Cid. Y de las mascarillas, ni te cuento, fuera de que las orejas de muchos cada vez más se asemejan a un Seat 600 con las puertas abiertas, es tal la experiencia y cariño que le ha cogido la ciudadanía, que las ha adoptado en su vestuario como uno de los principales complementos de primavera verano, y posiblemente de otoño e invierno del presente año, del que viene… y que pare ahí. Modelos de mascarillas, mil. Infinidad de ellas. Y eso que tanto señor Simón como el señor Illa siempre han sido claros en la forma de utilizarlas, pero la ciudadanía, asilvestrados perdidos, se las pone como les sale de ahí; desde la clásica forma de asaltabancos, que es lo suyo, hasta llevarla debajo de la barbilla contra las Paperas, o arriba, en la frente, en plan chuli, o en los codos, cerca de los sobacos, y hasta hay quién se la pone adornando los cuernos.

Y es que pensándolo bien, todo lo que envuelve al virus ha terminado por convertirse en puro negocio; negocio económico, negocio político, negocio estratégico. Un negocio que ha conseguido cambiar por completo las costumbres de toda la sociedad mundial. Sobre todo porque la pandemia no sólo está compuesta de virus a destajo, también los virus económicos, que a juicio de muchos es la madre del cordero, han comenzado a enseñar la patita de forma virulenta, y ahí tenemos a ciento y la madre de laboratorios a nivel mundial intentando ser los primeros en llegar a la meta de la vacuna. Menudo pelotazo se avecina.

Pero nosotros, los españoles, a lo nuestro, a la anarquía pura y dura en costumbres e indicaciones, pasándonos por el arco de la entrepierna los consejos y las recomendaciones, aunque en esa función de tíos y tías “echás p´adelante” no sólo es culpable la ciudadanía, habría que recordar que el comité de “expertos” aconsejó recuperar la economía a marchas forzadas, y olvidándose por completo de los tres meses de confinamiento, se alentó a la población a gastar a tope, a disfrutar, que la vida son dos días, y ¡hale!, todos a la calle a consumir. Y gilipollas el último. Craso error, ya que en la negra historia del Covid ya se habían inscrito con letras de luto una considerable cantidad de españoles y españolas como bajas de guerra.

El número real de muertos…otro dilema, mientras los asesores del Gobierno bajan a la mitad los fallecidos, supongo que sus razones tendrán, las cifras reales que ofrecen los juzgados, los organismos oficiales mundiales y los medios de información, las duplican, y es que si nos asomamos a los periódicos más prestigiosos del mundo, desde el principio de la pandemia en España se ha puesto todo el foco en la ciudadanía quizá para tapar la mala gestión realizada.

Publicaba el Financial Times hace dos días:Medidas ciegas en España.” Escribe el New York Times sobre España: “Estereotipos sobre ineficiencia, imprevisión y cultura de la chapuza en España, la vida nocturna es más importante que las escuelas”. Remata Le Monde: “España, el país más afectado de Europa por la segunda ola del Covid”. O sea que, visto así, política del cangrejo. Para atrás. Tan para atrás que esta semana puede ser crucial para saber si de nuevo en media España o España entera, con mucho merito por medio, no colocamos en la fase uno. Para los creyentes, que el de Arriba y las vacunas no eche un cable, para los no creyentes, que el de Arriba, el de Abajo, el de Enfrente y las vacunas no ayuden porque de lo contrario, apaga y vámonos.