Y la vida sigue igual…

Llevamos casi dos meses donde la actualidad es acaparada durante las 24 horas por el coronavirus. La crisis sanitaria del Covid-19 continúa dejando estragos por todo el mundo. Pero llegará un momento en que acabé, estoy seguro, y espero que sea cuanto antes.

Mientras tanto, la vida sigue igual. La gente sigue trabajando, los niños siguen creciendo y las plantas siguen floreciendo, porque es primavera, aunque de eso quizás ni nos acordemos. Y es que hay vida más allá del coronavirus.

Hoy quiero hablar de un ejemplo de lucha. Porque cuando todo va mal, siempre hay un hilo de esperanza. Porque cuando todo está oscuro es cuando mejor podemos apreciar la luz. Porque la vida es así, nos guste o no.

Hoy quiero hablar de un amigo. Él es Salva, Salvi o Salvador, como quieras llamarlo. La mayoría no lo conocéis, pero quien sabe de él, hoy se ha alegrado. Hoy ha visto algo de luz en este desierto de penumbra.

Porque la esperanza es lo último que se pierde, y él de Esperanza sabe mucho, os lo digo yo, que lo conozco. Hoy ha dado un paso gigante en su lucha y sabe, de sobra, que mientras el daba ese paso, su gente le apoyaba inconmensurablemente.

Porque en todo este tiempo que llevamos metidos en casa, él estaba luchando y seguro que quería un abrazo, un beso o un ratito con los suyos para ‘venirse arriba’. La vida, o el destino, ha querido que no fuese así, aunque el apoyo no te ha faltado. Porque esos abrazos, esos besos y esos ratitos, que volverán dentro de poco, se escondían detrás de un ‘¿Cómo vas?’ o ‘¿Qué tal ha ido?’.

Hoy has ganado una batalla, quizás la más importante, pero estoy seguro de que está guerra la ganas. La ganamos. No tengo dudas. Hablando en tu jerga: hoy has dado una buena chicotá, la mejor quizás, como aquella en Molineros, pero todavía queda camino y tu gente te seguirá en el camino.