«Pactos, pactitos y pactetes»

Lo importante ha sido ir configurando un endiablado encaje de bolillos en el que todo el mundo queda colocado cerca de la chupeta

 Artículo de Opinión de Pascual Fernández Espín 

No sé si alguno de ustedes ha presenciado en directo un partido de tenis a nivel de pista, y no me refiero a un partido relumbrón de los jugados en el Rolan Garros entre Rafa Nadal y Roger Federer, ya que, sin tanto tronío, en cualquier lugar de España usted puede disfrutar o sufrir de un buen partido de tenis, sobre todo si por influencia o dinero queda acomodado en la parte central del campo.

Dicen los puristas del tenis que es el mejor lugar, sin embargo para otros puede llegar a ser tan incómodo y molesto, sobre todo para el cuello y la tercera y cuarta vértebra, que a partir de una hora de pelotazos para allá pelotazo para allá, con su correspondiente cabeza y cuello para allá y cabeza y cuello para acá, aunque trates de disimularlo con sonrisita de circunstancias, se te puede montar un tic nervioso entre la vista y el cerebelo difícil de controlar, pues justo esa es la sensación que he tenido en días pasados con el amplio muestrario de pactos en los ocho mil y pico ayuntamientos de España. Imaginen ustedes: politiqueos para acá, politiqueos para allá; amenazas de fuego eterno para acá, amenazas de fuego eternos para allá; novia despechada y novia con varios pretendientes; sí te quiero pero lo tengo que disimular; en fin, cómicas situaciones y continuo intercambio de cromos con dos huevos fritos como premio.

No es que uno esté en contra de que las fuerzas políticas dialoguen, se pongan de acuerdo para alcanzar pactos de gobernabilidad, pero coño, que pacten sin tomar el pelo a los ciudadanos, sin postureos ni circos, y aunque se eche mano de mil subterfugios que hagan solemne referencia, por ejemplo a coincidentes líneas programáticas, a afinidades, a bloques ideológicos y demás caramelos envenenados, si eso es válido para este ayuntamiento, ¿por qué no lo es para ese otro consistorio distante tan solo a escasos kilómetros, siendo los componentes ideológicos del mismo partido que negocian? Pues no señores, no es así, y si acaso acercan posturas para repartirse el pastel, donde hoy digo “a”, mañana digo “b”.

Visto lo visto, queda claro que lo importante, importante, a la vista del espectáculo-posturero-mercantilista que hemos vivido, no era el voto ni el votante, ni tan siquiera la ideología, lo importante era ir configurando un endiablado encaje de bolillos en el que todo el mundo quedara colocado cerca de la chupeta. Vamos, tocando pelo de poder. De ahí que no me extrañe el cabreo de mi vecino del quinto, cuando con las venas del cuello en relieve como el gran Camarón de la Isla en plena bulerías, dice, ya digo, mi vecino, que la sensación que más le ha indignado del mercado persa vivido era ver como su voto, un voto largamente meditado y responsable, pasaba de un lado a otro envuelto en papel de regalo para ser debidamente comercializado al mejor postor. Sí, sí, mi responsable y meditado voto vendido por los charlatanes políticos a quienes más les diera.

Porque vamos a ver, —continua encabritado mi vecino— no sólo ha sido el manoseo de mi voto de un lado para otro, es que cuando a media mañana el pacto ya parecía estar acordado, logrando con ello el perdón y relajo de mis esfínteres, llegaban nuevos aíres de Madrid, confusos y manipuladores, que nada tenían que ver con la buena gobernabilidad o la defensa de los intereses generales, y solo tiene que ver con  confusas estrategias partidistas o ambiciones personales, que también las ha habido, para seguir tensando la cuerda del pacto, y por tanto, como consecuencia de semejante galimatías se anulaba momentáneamente lo pactado, quedando la pelota en el tejado de otro. Y vuelta a empezar.

Imaginen la situación de muchos ciudadanos que en el día de las elecciones, por convicción democrática, por creencia o afinidad ideológica se sitúa frente al muestrario de papeletas de los diversos partidos, la selecciona y con el carnet y la responsabilidad ciudadana por bandera vota al partido que quiere votar. O sea, que no vota a ningún otro partido, y menos aún a aquel partido que durante el periodo de campaña electoral; campaña de escupitajos y descalificaciones, además de estar en las antípodas de sus convicciones políticas, en vez de mostrar el programa de gobierno que quería aplicar a sus administrados, o mostrar los resultado conseguidos en aquellos lugares donde en la anterior legislatura tuvo responsabilidades de gobierno, se dedicó a dar molestas pataditas en las mollas barriobajeras de algunos, además de pisotearle el eje de sus convicciones.

Queda claro que, aunque de seguro usted ya se ha dado cuenta y hasta es posible que antes que un servidor, al final sólo se acuerda de uno o una el día de las elecciones, después, por mor y gracia a la prestidigitación política su voto sólo es mercancía, y usted, es…ni me atrevo a calificarlo. Lo que si hay de cierto es que los del: “nada por aquí, nada por allí, pero al final todo para mí” después de desviar su atención fuera del foco de la realidad, terminarán quedándose, como decía Emilio El Moro, hasta con el rosario de la abuela y los calcetines sudados del abuelo. Porque usted, amigo o amiga mía, políticamente hablando, cuando conviene será elevado a rey o reina del mambo, al eje mismo de la democracia; pasadas las elecciones, sin transición ninguna, usted, usted y usted pasa a ser un estático jarrón encima de su mesa.

Por tanto, para no hacernos mala sangre en la segunda fase, o sea en la configuración del gobierno central o el autonómico, allá donde proceda, visto lo visto, dispongámonos a olvidar el pasado y pensemos en el futuro acomodarnos convenientemente, eso sí, frente al televisor, provisto güisqui y cubitos de hielo o de cervecita fresca y algunas gambas, porque lo que le ha tocado presenciar o oír en los distintos cambalaches municipales puede verse incrementado con otra buena dosis de pactos, pactitos y pactetes.

Pero no se alarme, ni denuncie a la policía o al juzgado el robo de su voto, ni tan siquiera piense que alguien le está tomando el pelo, porque todo lo expuesto ante sus ojos o entendederas, es legal, y por tal, todo está recogido en la Constitución Española y en la LOREG. (Ley Orgánica 5/1985, de 19 de Junio, del régimen electoral general; versión vigente desde 07/12/2018, modif. por LO 2/2018 y LO 3/2018) Lo que pasa es que algunos buscan los recovecos de la ley y la buena voluntad del pueblo para hacer bueno al refrán español, aquel que dice: “Dame pan y dime tonto”