La UME en su misión más dura: Trasladar a 1.700 fallecidos

«Tratamos a cada uno como si fuera un compañero», explica un miembro de la Unidad Militar de Emergencia

La Unidad Militar de Emergencias (UME) recibió el pasado 21 de marzo uno de los encargos más duros de su tarea en la lucha contra el coronavirus, el traslado de fallecidos a las morgues provisionales habilitadas por la Comunidad de Madrid ante el colapso de los crematorios de la región.

Según relatan a Europa Press sus responsables, la unidad asumió la tarea con el deber de cumplir con unos estrictos protocolos administrativos y jurídicos, pero además sus efectivos decidieron afrontar la labor con una gran carga emotiva, intentando compensar la ausencia de los familiares que no pueden acompañar los féretros. «Están tratando a cada uno de ellos como si fuera un compañero», asegura un miembro de la UME.

La misión comenzó el pasado 21 de marzo con la planificación y organización de estos depósitos -inicialmente en el Palacio de Hielo de Madrid y más tarde también en la Ciudad de la Justicia y en Majadahonda (que fue ya clausurado esta semana)-. El objetivo era lograr a contrarreloj la certificación de estas instalaciones como ‘morgue provisional’ y la certificación de la UME como personal autorizado para la preparación y el movimiento de fallecidos.

Pero además de estos «certificados oficiales», los miembros de la UME relatan a Europa Press su esfuerzo en dotar a la tarea de un especial «cariño y respeto» para cada uno de los fallecidos. «Vela, respeto, silencio y, en algunos casos, hasta oración», asegura un responsable de la unidad, asumiendo los soldados un duelo que no pueden hacer los familiares.

«Ninguno ha sido anónimo para nosotros, sus nombres y apellidos están en nuestra mentes y en nuestros corazones», apunta un miembro de la UME, una unidad que nació hace 15 años para responder a todo tipo de emergencias, tanto dentro de España como en el exterior.

El día 23 de marzo la UME recibió el encargo para el traslado de los primeros siete fallecidos, que fueron velados durante toda la noche por los uniformados. Desde entonces la unidad se ha encargado del traslado de más de 1.700 féretros, un 25 por ciento de los fallecidos durante este período en la Comunidad de Madrid.

Para poder llegar a este punto antes tuvo que completarse un complejo procedimiento de organización técnica, administrativa y jurídica para garantizar la trazabilidad de los cuerpos, permitiendo que en todo momento se supiese dónde estaban las personas a las que se había recogido. Este proceso garantiza la correcta identificación de cada fallecido con tres comprobaciones que descartan cualquier equivocación.

La misión requiere una especial preparación, ya que se trabaja en un ambiente con gran carga vírica. Al frente se ha puesto el Grupo de Intervención en Emergencias Tecnológicas y Medioambientales (GIETMA) de la UME, aunque participa personal de varias unidades.

Un centenar de militares

En total están implicados en esta labor unos 100 efectivos de la UME que en momentos de gran carga de trabajo han recibido el apoyo de militares del Ejército de Tierra, numerosos vehículos y un importante esfuerzo logístico para habilitar y mantener la operatividad de estos depósitos.

Los especialistas de la UME se encargan de todo el proceso desde que el hospital comunica la necesidad de que un fallecido por Covid-19 sea trasladado a uno de estos depósitos. La tarea empieza en el propio centro con la desinfección, embolsamiento y enferetrado del fallecido.

Después llega el traslado en sí en furgones habilitados y certificados para esta tarea, custodia de los cuerpos y entrega a las funerarias correspondientes en una de las morgues habilitadas.

«Sin ocultar pero con discreción»

Durante su trayectoria, la Unidad Militar de Emergencias ha actuado en tragedias de toda magnitud, desastres naturales o incendios, siempre fiel al lema de la unidad: ‘para servir’. Y así asumieron también esta misión «especialmente dura», pese a las experiencias vividas anteriormente.

Por ello decidieron hacerlo de forma discreta, sin ocultarla pero con discreción «por respeto al dolor y dignidad de sus familiares». «Como si cada uno de ellos fuera un compañero», insisten.