Un fatalidad. Un golpe (mortal) de mala suerte. El destino no está escrito en ninguna parte, ni siquiera para un bebé. O, por mejor decir, sólo en una: al dorso de lo desconocido, de lo impredecible, de lo insondable. La muerte habita en el destino, pero nadie puede observarla con ojos localizadores. Porque la muerte se cuela de rondón en lo invisible.

Nadie posee las fechas exactas de la muerte. Ni tampoco el GPS de su dirección más o menos localizable. Menos aún cuando la muerte, tan esquiva, tan resbaladiza, tan diestra en el arte de zigzaguear, aparece y desparece, se acerca y se aleja, viene y va, como una estación vacía a los ojos de los seres humanos.

Y una muerte de sopetón, una muerte en un amén, una muerte en un abrir y cerrar de ojos -y no uno sino tres- es/son las protagonistas de un suceso tristísimo que mantiene aturdidas a todas cuantas personas se han eco de la desgracia. De la irreparable desgracia. La vida y el ser o no ser en apenas una décima de segundo.

Y es que una feliz y muy entrañable familia con una bebé han muerto. Inesperadamente. Han muerto aplastados por una roca en la playa.  Nada ni nadie hacía prever esta tragedia. Injusto final para tres seres excepcionales.

Pasar un día en la playa

Abundemos con mayor precisión: los hechos desgraciados han sucedido este martes 17 en la playa de Pipa de Rio Grande do Norte de Brasil. La familia había decidido ir a pasar el día en la playa, sólo un día, pero ni de lejos imaginaban que sería la última vez que lo harían.

Una familia muy unida. Una familia que se quería a rabiar. Hugo Pereira, de 32 años, Stella Souza, de 33 y el Sol, su bebé de siete meses, estaban tranquilamente, muy serenamente, pasando el día en la playa cuando, en un repente, una enorme roca de un acantilado se despeñó con tan mala suerte que cayó justo donde estaba la familia. Como una determinación de sangre y llanto.

Todo fue recogido por un video que además se ha hecho viral. En el mismo se puede apreciar cómo las personas que en aquel momento estaban en la playa, inmediatamente les intentan ayudar, lo hacen con generosidad en esta situación extrema, pero era imposible. No han podido salvar ninguna vida.

Cabe en cualquier caso apuntar que cuando han conseguido localizar a la madre y el padre enseguida se percataron de que estaban muertos a causa del fortísimo impacto de la roca, pero la bebé todavía respiraba. La bebé se aferraba a la vida con todas sus fuerzas.

Aquella parte de la playa era peligrosa

Pese a que un trabajador ya les alertó de antemano de que era peligroso situarse en aquella parte de la playa, bien es cierto la familia no les hizo caso, según explica Fábio Pinheiro, el responsable de comunicación del pueblo. No eran conscientes de la peligrosidad del sitio.

«Excavamos hasta que encontramos al padre, después encontramos a la madre y el niño. El bebé todavía respiraba. Por casualidad, un médico pasaba por aquí en aquel momento, intentó revivir a la pequeña, pero ya era demasiado tarde», declara uno de los testigos directos del terrible accidente.