El domingo 22 de septiembre de 2020, el verano dará pasado al otoño. Este cambio de estación no irá acompañado, al menos en los primeros días, de un cambio de hora. En este sentido, habrá que aguardar un mes para introducirnos de nuevo en el horario de inverno. Concretamente, en la madrugada del sábado 24 al 25 de octubre todos los relojes deberán atrasarse en España una hora. Por todo ello, en la fecha mencionada, a las 03:00, los relojes deberán atrasarse a las 02:00 de la madrugada.

Esto implica que ese día dormiremos una hora más. Y a partir de entonces, anochecerá una hora antes. Por las mañanas nos levantaremos con más luz solar y ya no tendremos esa sensación de ir a trabajar en plena noche.

A pesar de que este cambio puede beneficiarnos, parece que hay mucha gente que no está de acuerdo. Hay que recordar que el cambio de hora se produce cada año el último domingo del mes de octubre. Este acuerdo forma parte de la Directiva Europea 200/84CE que también establece la aplicación del horario de verano a finales de marzo.

Esta normativa es de obligatoria aplicación en todos los países miembros de la UE y tiene como objetivo lograr un ahorro energético y aprovechar las horas de luz natural. Supone además un beneficio para sectores como el transporte y las comunicaciones, para la seguridad vial, las condiciones de trabajo, la salud, el turismo y el ocio, según argumentaba la Comisión Europea en 1999.

Muchos sistemas dirigidos por computadoras son capaces de ajustar sus relojes automáticamente, pero en ocasiones se llegan a producir errores, sobre todo cuando las reglas del horario de verano cambian.

Un cambio adaptado en España desde 1974

La mayoría de los países de la Unión Europea situarán el domingo 25 de octubre sus relojes una hora por encima del horario GMT (Greenwich Mean Time). Una directiva europea regula el cambio de hora con el objetivo de ahorrar energía y unifica los días en los que se realizan las variaciones de hora en todos los países de la Unión (el último domingo de marzo y el último de octubre). En España se aplica desde 1974 aunque diversos colectivos sociales rechazan esta modificación horaria. Reclaman que el país mantenga el horario que le corresponde por su posición geográfica. Por el contrario, supone un beneficio para sectores como el transporte y las comunicaciones, para la seguridad vial, las condiciones de trabajo, la salud, el turismo y el ocio.

Aun así, el origen del cambio horario se remonta a la Antigua Roma. Entonces, las clepsidras o reloj de agua de los romanos tenían diferentes escalas en función del mes del año que fuera.

Según los cálculos del Instituto español para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el potencial de ahorro en iluminación en España por el cambio de hora puede llegar a representar un 5% del consumo eléctrico en iluminación, equivalente a unos 300 millones de euros.

Afecciones al organismo

En principio, el adelanto o retraso de una hora no tiene mayores consecuencias para la salud. El organismo tiene capacidad suficiente para adaptarse en cuestión de muy pocos días a un cambio horario que por otro lado resulta mínimo.

Es posible que en algunas poblaciones especiales (niños, ancianos, o en algunas personas con problemas oftalmológicos o neurológicos) dicho proceso de adaptación requiera más tiempo. Pero, en cualquier caso y en términos generales, pero para el organismo representa un obstáculo menor.

En niños y ancianos, el cambio de hora puede provocar leves alteraciones en el sueño, los hábitos alimenticios y el estado de ánimo, con un aumento del cansancio, la irritabilidad o la falta de concentración.