Olvida 3 kilos de oro valorados en más de 170.00 euros en un vagón de tren

Las autoridades han hecho público ahora el hallazgo en busca de su propietario

Si el carácter es destino, el ser despistado es una loza que cae en picado sobre la propia sesera. Hay despistes y despistes, de mayor o menor grado, y asimismo de mayor o menor repercusión. Un despiste morrocotudo, mayúsculo, puede acarrear gravísimas consecuencias…

Pongamos el ejemplo de un olvido. De un olvido de los llamados ‘tontos’. Pues bien: un olvido tonto -por ejemplo dejarnos algo en cualquier parte- apenas cambia nada a excepción quizá de la pérdida del objeto por un tiempo limitado o ya para siempre. Mera anécdota.

Ahora bien: también depende del sitio donde dejamos el objeto olvidado para garantizar su rescate, su devolución, o no. No es lo mismo dejarse algo olvidado en un restaurante que en el banco de una plaza. ¡O en un medio de transporte, porque entonces la cosa se pondrá ya más complicada!

Hay estudios que señalan cómo medios de transporte tipos el metro, el autobús o el tren son puntos donde más objetos perdidos encuentran acomodo. Y donde pertenencias ajenas más inverosímiles se han hallado. Datos para una estadística punto menos que interesante.

En cualquier caso, nada de seguro comparable a cuanto le sucedió a un pasajero de un vagón de un tren en Suiza. En efecto olvidó algo. Pero no cualquier cosa, no un objeto de escaso valor, sino nada más y nada menos que 3 kilos de lingotes de oro. ¡Se dice pronto!

Para ser más exactos, cabe apuntar que se encontró en un vagón del tren que une las ciudades de Sankt Gallen y Lucerna. Un viajero, harto despistado, se olvidó coger los lingotes de oro que llevaba, valorados en 182.000 francos suizos, esto son más de 170.600 euros. ¡Para llorar a lágrima viva!

Las autoridades -no hay otra- siguen buscando al propietario de este preciado hallazgo, que se produjo el mes de octubre del año pasado, pero que no obstante la Fiscalía de Lucerna no ha hecho público hasta ahora, después de que la investigación para identificar al propietario acabara en nada.

Eso sí: las autoridades han puesto una condición por si a alguien se le ocurre presentarse reclamando los lingotes de oro: el beneficiario sólo podrá efectuar su reclamo debidamente justificado. Nada de listillos de poca monta. Debidamente justificado: y, en cualquier caso, para hacerlo, tiene un plazo de cinco años. De modo que, pasado este tiempo, la pertenencia será expropiada definitivamente.

La pregunta de cajón que muchos se hacen salta a la vista: ¿si durante ocho meses nadie ha reclamado la pérdida, lo hará ahora? O probablemente es que si no lo ha comunicado es porque el origen de estos tres kilos de oro debe ser un poco espeso -o demasiado sospechoso- teniendo en cuenta que hablamos de Suiza.