Pacientes con Covid-19: ¿Cómo se decide el uso de respiradores en la UCI?

«Hay una individualización de cada uno de los casos», sostiene la doctora María Ángeles Ballesteros

Durante esta pandemia de Covid-19 ha saltado la polémica con las decisiones que se están tomando desde las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) a la hora de concederles a unos pacientes sí y a otros no los famosos respiradores, un halo de esperanza e incluso un impulso, según el caso, a la hora de superar la infección.

En estos días, la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) ha hecho público un documento que ha elaborado sobre ‘qué hacer y qué no hacer con los pacientes de Covid-19’ que deben ser ingresados en las Unidades de Cuidados Intensivos, dentro del contexto de crisis sanitaria que estamos viviendo por la pandemia.

En una de sus recomendaciones hace referencia precisamente a esa toma de decisiones sobre la ‘limitación de tratamientos de soporte vital’, entre los que se encontrarían los respiradores, remarcando que sus decisiones se adoptan «de acuerdo a la gravedad y a la necesidad de recursos en una situación de epidemia, y atendiendo a la justicia distributiva».

Según justifica, «la adecuación de tratamientos de soporte vital es una decisión clínica, frecuentemente tomada en las UCI, para evitar la obstinación terapéutica, así como los tratamientos fútiles».

En situación de epidemia, además de tener presentes los hechos clínicos y valores del paciente, la SEMICYUC sostiene que «se contemplarán los recursos disponibles y el coste de oportunidad, por un principio de justicia distributiva, maximizando el bien común para el mayor número de personas».

Según reconoce, «la dificultad de estas decisiones contempla el que sean preferiblemente tomadas en equipo, siguiendo las recomendaciones de las sociedades científicas, e incluso con la participación del comité de ética asistencial si fuera necesario».

En una entrevista con Infosalus, la doctora María Ángeles Ballesteros, coordinadora de los Grupos de Trabajo de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, señala así que las decisiones sobre los respiradores se están tomando de acuerdo a la práctica clínica habitual, es decir, siempre han sido así.

«Sí que es verdad que se ha podido generar cierta inquietud por si se han tomado decisiones acordes a determinados umbrales de edad. Pero desde mi experiencia puedo decir que no existe un umbral, sino que lo que hay es una individualización de cada uno de los casos», mantiene la intensivista.

Asimismo, pide no olvidar que hablar de un paciente crítico por Covid-19 que ingresa en la UCI es hablar ya de «una entidad devastadora», es decir, de casos donde no sólo hay un fallo respiratorio, «que es donde todos tenemos asimilado que un respirador lo soluciona todo», sino que hablamos de una afectación renal, muscular, sistémica, incluso del sistema nervioso central.

«Esto nos obliga a individualizar las decisiones en cada uno de los potenciales enfermos, ver la posibilidad que hay de reversibilidad del proceso, y siempre dentro de este contexto», insiste Ballesteros.

Una realidad que se ha hecho siempre

La miembro de la SEMICYUC mantiene que quizá ahora, durante esta pandemia de Covid-19, ha surgido también la polémica se habla de múltiples pacientes, de una crisis sanitaria en la que llevamos inmersos semanas, y no de un momento puntual, «y eso quizá ha hecho que se ponga el foco en una realidad que hacemos a diario».

Por esto, la experta mantiene que las recomendaciones que se han redactado desde su sociedad científica sobre los tratamientos de soporte vital (donde se enmarcaría el uso de respiradores) se han realizado como un «posible guión o marco» frente a una «situación de catástrofe», a la que no han llegado todos los centros sanitarios, según celebra.

«Hay unidades que han estado al límite pero el sistema ha demostrado que hasta la fecha ha sido capaz de afrontar este reto y que las unidades han incrementado su área de extensión gracias a reconvertir otras áreas, las de reanimación o quirófanos, por ejemplo, en UCIS. Pero esas recomendaciones se han dado ante una catástrofe, y en función del contexto del centro sanitario, se han ido adoptando o no», agrega la coordinadora de los Grupos de Trabajo de la Sociedad Española de Medicina Intensiva.

Así con todo, Ballesteros insiste en que las decisiones en las UCI se toman de forma individualizada, en función de la edad y de las patologías crónicas que pueda presentar el paciente, y además es una decisión de equipo, que se toma entre varios expertos de las plantas de hospitalización, e incluso si se puede, con el propio paciente y con sus familiares, «como se hace siempre».

«Hay personas con menor edad pero con enfermedades crónicas, por ejemplo, una mujer de 50 años con una patología crónica, donde su situación puede ser hasta terminal. Todo paciente tendrá tratamiento, pero el llegar al nivel de complejidad de invasividad que se da en la UCI se puede ver limitado en este contexto de pandemia y de crisis sanitaria», remarca.

Una prueba de UCI y el papel de los Comités de ética

Incluso, según mantiene la intensivista, hay casos en los que si persisten las dudas se hace lo que se conoce como ‘una prueba de UCI’, personas que, tras su ingreso, se estudia su evolución, y se decide si se continua con el tratamiento o bien se adecua el esfuerzo terapéutico en función de la respuesta del paciente. «No es blanco ni negro, sino matices de grises», considera Ballesteros.

Aquí recuerda el papel de los comités de ética de los hospitales en este tipo de decisiones, que siempre que se puede participan en las decisiones de los casos dudosos. «Se intenta siempre que se puede, aunque a veces las circunstancias de la urgencia no lo permiten, pero habitualmente las decisiones se toman con los compañeros intensivistas, de la planta, incluso con los familiares, y otra opción son los comités de ética de los centros hospitalarios», sentencia la experta de la SEMICYUC.