India Martínez arrasa con el ramito de violetas de sus canciones

“Seguid quedándoos en casa. Hacedlo por nuestros mayores”

El confinamiento ha acercado, ha unido, humanamente, a los artistas con su gran público. De tú a tú. De casa a casa. De interior del hogar a interior de los hogares. Todos ya igualados bajo el tamiz y el matiz de saberse próximos. Frente a frente. Sin barreras ni desniveles de alturas de escenarios. Sin lejanías inalcanzables entre el fan y el ídolo. Entre la admiración y el mito. Entre la canción en vivo y el aplauso de las masas.

La generosidad de los artistas no tiene parangón. Se sienten extraños, desubicados, tan alejados de la actividad cotidiana. Que es pulso de los acordes. El arte no sabe de recesos. El arte es un punto y seguido. Un continuum creativo. Un maridaje nada desligado entre la melodía y la voz que la interpreta. La pandemia ha fusionado a las personas en la lejana cercanía del encierro entre las cuatro paredes de sus domicilios.

Las iniciativas de los conciertos en directo están dando mucho de sí. El artista no se devalúa por mostrarse tal cual, en la ventana abierta de la pantalla que da al salón de su privacidad. Sino más bien todo lo contrario: el artista se engrandece en su hábitat más doméstico. Más íntimo. Porque la grandeza también radica en las pequeñas maravillas de lo cotidiano. España está conociendo los rincones privados de los cantantes.

Propuestas como “YoMeQuedoEnCasaFestival”, “YoMeQuedoEnCasa” u otras similares han cosechado y siguen cosechando un éxito mayúsculo. “En estos días nos iremos conectando un poco más”. Comenta un cantante y otro. Aplausos a modo de emoticonos tras cada interpretación. Es el símbolo gráfico de un latido. Del latido de un agradecimiento unánime. El lado más tierno de quienes jamás se consideraron divos.

En esta espiral de entrañables conciertos en directo, destaca sobremanera la actuación de India Martínez. A quienes muchos españoles han conocido aún mejor si cabe. India, como una apache hippy, como una Pocahontas confinada en el blancor árabe de su hogar, canta como nadie su versión de los famosos ramitos de violetas de Manzanita. De Cecilia. Una versión que deslumbra. Desde su blog al encierro casero. Y del encierro al concierto publicado.

“Seguid quedándoos en casa. Hacedlo por nuestros mayores. Cuidaros mucho. Estoy deseando de volver al escenario”. India Martínez es seguida por fans de varios países. Y saluda y se emociona. “Aprovechad estos momentos de encuentro con uno mismo, con los hobbies que teníamos abandonados. Yo, por ejemplo, me he puesto a dibujar”.

Samba argentina a capela para emocionarse. Temas como ‘90 minutos’ para deleite del publico que la sigue. ‘La gitana’ al cajón con palmas imaginarias por tangos. No tienen por qué, pero se entregan a los conciertos -a los miniconciertos-. La voz de India suena a himno con interrogantes abiertos: “Quién te escribía a ti versos, dime, niña, quién era”

“A veces sueña ella y se imagina cómo será aquel que tanto la estima”. La voz de India Martínez te traslada. Te traspasa. Borra el virus de la preocupación en todo ambiente. Y las visitas se suceden y se suceden. Y regala canciones en tiempo récord. Sin tarjetas, sí. Con la melena suelta. Con la afinación en prodigio. Al natural. Sin maquillajes. A fin y al cabo estar con la multitud es permanecer entre amigos. Con la natural humildad de los seres excepcionales.