Un asunto turbio, a no dudarlo, que merece su dura sentencia. El martes 24 del actual mes de noviembre llega a juicio el caso de un conocido fotógrafo de Barcelona. Un fotógrafo que, según la Fiscalía, llegó a abusar sexualmente de una chica de 15 años. Lo hizo con premeditación.

Este fotógrafo conoció a la menor en la calle. Poco a poco, de manera paulatina, fue ganándose su confianza. Lo hizo después de sucesivas sesiones de fotos y encuentros personales. Las intenciones finales del fotógrafo eran inicialmente desconocidas por la chica. En realidad nada hacía prever este desenlace catalogado como delito.

El juicio que comenzará el día 24 de noviembre se desarrollará en la sección 22.ª de la Audiencia de Barcelona. El acusado se enfrenta a una condena -a una posible condena- de cuatro años y medio de prisión por los delitos no sólo de abuso sexual y sino asimismo por exhibición de material pornográfico. Un doble delito que cometió sobre la menor.

Precisemos en el contexto de la narración de los hechos. Según consta al escrito de acusación de la fiscalía, Ricard C. J., de unos 50 años, tuvo claro desde el principio su modus operandi. ¿Cómo procedió? Conoció a la chica de 15 años por la calle, prácticamente de manera fortuita, y le ofreció tanto a ella  como a su hermana hacer una sesión de fotografías.

El objetivo del fotógrafo estaba marcado

El ofrecimiento se elevó en todo momento con formas exquisitas. Con aparente profesionalidad. Con una actitud nada sospechosa de inminente abuso. Según el fiscal, el fotógrafo ya perseguía desde el primer momento mantener relaciones sexuales con la chica. Su objetivo estaba marcado de inicio.

El encuentro tuvo lugar. Consiguió por tanto su germinal propósito. La propuesta, de entrada, fue todo un éxito porque la chica quedó muy satisfecha con el resultado artístico de las primeras fotografías. Por consiguiente volvieron a quedar. Todo iba viento en popa. Para él. Para ella, sólo eran inadvertidos nubarrones con apariencia soleada.

En el segundo encuentro el fotógrafo ya quiso encandilar a la víctima. Porque en ese segundo encuentro también se hicieron fotos pero además el acusado invitó a comer a la chica menor de edad. La confianza ya se iba moldeando. Y hasta le pagó un vuelo de avión que la adolescente había in extremis perdido. ¿Todo demasiado ideal?

No, ideal no: el fiscal advierte que se trataba de una estrategia para ir sumando puntos en la confianza de la chica. Y a fe que lo consiguió. Más pronto que tarde. Antes que después. Porque Ricard, en el transcurso de las sesiones fotográficas, hizo fotografías tanto con ropa interior como sin ninguna ropa a la menor.

La prueba del delito

Fotos que guardó celosamente en su casa  que, cuando fue registrada, los Mossos d’Esquadra las encontraron. Eran la prueba del delito. La huella a las claras identificada. Según la fiscalía, a raíz de la versión de la menor de edad, una versión bien explícita, el hombre igualmente mostró imágenes de chicas, de apariencia de menor de edad, teniendo relaciones sexuales o dígase de actitudes sensuales, y que según él, las había hecho él mismo. No había vuelta atrás.

¿Qué hizo estallar esta historia de engaño y abuso? ¿Cuál fue el punto de ebullición de esta treta sexual? Hubo un hecho que lo desencadenó todo. No hay mal que por bien no venga. Algo sucedió. Algo que propició la ruptura entre ambos, ruptura de la relación de amistad y, por ende, el inicio del procedimiento judicial.

Fue el 31 de agosto de 2016. La chica y una amiga suya, de 14 años de edad, se desplazaron a la playa en el coche del acusado. Decidieron hacer una sesión de fotografías. Después de la misma, el fotógrafo se ofreció para hacer un masaje a las menores. Es decir: sus intenciones perversas aumentaban a cada paso. Todo muy gradual, todo envuelto en una celosía de aparente amabilidad.

El masaje acabó en tocamientos. Se estaba extralimitando de tal manera que las dos menores tuvieron que pararlo. Así sucedió según la fiscalía. Los detalles empeoran el proceder del fotógrafo porque, según consta al escrito de acusación, el acusado no tuvo mejor idea que suministrar bebidas alcohólicas a las chicas menores de edad. Y no contento con eso, les verbalizó varias insinuaciones de carácter sensual para así conseguir su fin único: mantener relaciones sexuales con una de ellas.

Constitutivo de delito

La fiscalía lo tiene claro: el comportamiento del hombre, que es conocido en el mundo de la fotografía amateur, es constitutivo de un delito de abuso sexual a menor de 16 años y también de un delito de exhibición de material pornográfico.

¿Qué se pide por tanto? Cuatro años y medio de cárcel, una orden de alejamiento de las menores durante cinco años y, por descontado, libertad vigilada durante diez años. Además, y con todo y con eso, la fiscalía pide que el hombre pague una indemnización a la chica, que ya es mayor de edad, de 3.000 euros.

El juicio contra el fotógrafo dará comienzo a las diez de la mañana del 24 de noviembre, en la sección 22ª de Barcelona. Está previsto que el hombre, de nacionalidad española y sin antecedentes, sea interrogado en primer momento. Posteriormente también declararán las chicas que sufrieron, que padecieron presuntamente, los abusos del acusado. Chicas que ya no aceptarán sesiones de fotos de cualquier fotógrafo que conozcan a pie de calle.