Hay pasiones que matan. Son las peores, son las más peligrosas si no se saben detectar -o paralizar a tiempo-. Son las más dañinas porque quien la padece no se percata de su peligrosidad. Son las más engañosas, porque producen un mal envuelto en apariencia de un bien. Son las más permanentes, porque se depositan dentro de la persona hasta profundidades incurables.

También existe otro tipo de pasiones. De otro corte. De otra índole. De otra materia. Otro tipo de pasiones que otorgan resultados distintos. Resultados beneficiosos. Resultados en positivo. Son las pasiones por las que uno daría la vida. O las pasiones a las que jamás podríamos brindar todo nuestro agradecimiento, aunque contáramos con siete vidas. Son pasiones que traspasan nuestra propia existencia.

Es el caso especial -y curiosamente particularísimo en su generalidad- de Juan José Mariño Padín. Cuya pasión traspasa las lindes de la propia vida. La suya personal. Ha fallecido Juan José a la edad de 64 años. Temprana edad sin duda. Pese a ello Juan José ha podido cumplir un deseo muy particular. Un deseo que transcendiera a su propia vida. Un deseo que le marcara un gol por la escuadra al más allá.

Rendir un merecido homenaje a Leo Messi

Y lo ha logrado. Con creces. Él decidió de antemano rendir un merecido homenaje a Leo Messi, su estrella del fútbol. Juan José moría -es un decir- por el deporte rey. Fue su hobby, su entretenimiento, su evasión, su oxigenación, su todo. Y Leo lo hizo más feliz aún si cabe como aficionado al fútbol. Las jugadas, los goles, los regates que le regaló Messi jamás Juan José podrá pagárselo de ninguna de las maneras.

Si preguntamos a los miles, millones de seguidores de Leo Messi, todos coinciden que no existe modo posible de agradecer al futbolista cuanto, en modo de auténtico espectáculo deportivo, de verdadera talentosa profesionalidad, hace por todos ellos. Leo está considerado de lo mejores jugadores de la Historia del Fútbol Mundial, equiparable a Maradona o Pelé.

Juan José quiso rendirle su tributo. Un tributo que trascendiera. Un tributo ¿trascedente? Por esta razón decidió hacerlo de la manera más original. Creatividad al poder. Aunque sea en forma de testamento público. De despedida de este mundo de los vivos.

No un adiós triste sino agradecido. Si de bien nacidos es ser agradecidos, de recién difunto también el agradecimiento es un signo de distinción. Nadie además puede pretextar lo contrario. Juan José así lo ha evidenciado…

Confesión y agradecimiento

Porque el del Vilaxoán (Pontevedra) ha compartido su afición, la ha hecho pública al publicarla, la ha amplificado, la ha extendido… ¡en su propia esquela! Ha tenido de palabras de confesión y agradecimiento hacia Leo Messi desde la cuadratura de su propia esquela. ¿Cabe eco mayor de su pasión que enmarcarla en la moldura negra de la esquela que lleva su propia muerte en el frontispicio?

Antes de morir dio unas directrices que no permitían ninguna vacilación. Como una orden póstuma de obligado cumplimiento. Quería dirigirse al futbolista argentino. Hacerlo en la lectura de una imaginaria voz de ultratumba. Con la alegría de un virtuosismo disfrutado una y otra vez. Escribir un mensaje en la esquela propia no rebaña ningún resquicio de tristeza. O no necesariamente. En este caso ha supuesto una constatación de felicidad.

La esquela que anuncia la muerte de Juan José dice literalmente así: «Natural de Vilaxoán e moi agradecido en Leo Messi miedo facelo disfrutar durante hueso sedes derradeiros anos de vida» (Natural de Vilaxoán y muy agradecido en Leo Messi para hacerlo disfrutar durante sus últimos años de vida).

Un guiño a la originalidad, sin duda alguna. El buen humor y el fútbol pueden ir de la mano. Juan José fue una persona contenta en orden a su pasión futbolística. Hay héroes que también sudan la camiseta y ejecutan la jugada imposible. En ‘La Voz de Galicia’ queda una esquela para posteridad. Nadie podrá negar a partir de ahora que Messi es un jugador de muerte.