‘La leyenda del tiempo’, de Camarón, cumple 40 años

El mítico disco “abrió las puertas al campo del flamenco”

Habría que al aplaudir con el mayor ahínco posible el apagado de velas de esta inmortal tarta de cumpleaños. Y habría que hacerlo de manera unánime, socialmente hablando. Con el énfasis de la aprobación de todas las generaciones agrupadas durante los últimos 40 años y así también, de seguro, de todas las venideras de aquí a la eternidad. Porque ‘La leyenda del tiempo’ es un trabajo discográfico que superó todas las barreras de la innovación, de la transgresión, de la modernidad. Con el aditamento proverbial de la voz de Camarón. ¿Hemos dicho cualquier cosa?

Cuando los hados se confabulan a favor de una obra de arte, entonces ya sólo queda la admiración (sempiterna). ‘La leyenda del tiempo’ marcó y sigue marcando un antes y un después en la concepción moderna del flamenco. Lo que pudo entenderse como una herejía al cabo cuajó en una oxigenación del experimentalismo musical. Un hito. Sí. Un hito en la historia de la música. El origen se encuentra en Ricardo Pachón. Camarón fue valiente al arriesgar la pureza de su cante, su consagrada carrera artística, en esta explosiva coctelera de fusión. De fusión de flamenco y rock.

Camarón tenía olfato para la expresión que trasciende. Porque Camarón generaba una aureola mesiánica en sus adentros. En su silueteada traza de genio plenipotenciario. Pasó de principio gitano a Dios racial. Este atrevimiento no le jugó ninguna mala pasada. El disco salió al mercado el 16 de junio de 1979 al mercado. Hubo seguidores que lo devolvieron a las tiendas porque “aquel no era su Camarón”. Saltó la chispa del confusionismo. Crecieron los malentendidos. Y quizá una falta de agudeza visionaria en el público…

Solía vender 30.000 copias en los lanzamientos de cada disco y éste no superó los 7.000 durante los primeros meses de mercado. ¿Un fracaso o un signo previsible en función del carácter rompedor de la propuesta? No lo entendieron. Pero Camarón se tomaba a broma las críticas negativas. Estaba seguro del producto. Y de que se había adelantado 15 años al desarrollo de la música flamenca. Sabía a ciencia cierta que a medio o largo plazo este trabajo se convertiría en objeto de culto.

Y tanto que así ocurriría. No sólo en la fusión de estilos sino en el mensaje de libertad para todos los públicos. Camarón disfrutó muchísimo durante los dos meses que duró la creación del producto. Estaba feliz. Venía de la severa disciplina del padre de Paco de Lucía. Necesitaba cambiar de productora. Y además Camarón sin embargo estaba literalmente enamorado de cuanto muy poco antes ya habían emprendido Las Grecas, Lole y Manuel, Pata Negra. Aquello le seducía. Algo se movía en la base del flamenco. Una fuerza motriz de nuevos vientos.

No tenía temas para un nuevo disco. Ningún tema. Y ni corto ni perezoso a Ricardo Pachón se le ocurrió -cosas de los fenómenos de convergencia- ofrecerle varios que había compuesto con letras muy poéticas de García Lorca, como ‘La nana del caballo grande’ o ‘La leyenda del tiempo’. “No se los había cantado a nadie en mi vida -aclara Pachón-. Eran para mí un desahogo, pero no tenía la menor intención de cantárselos a nadie. De pronto me veo cantándoselos a Camarón, precisamente a Camarón». Diez temas de Pachón y otros dos de Kiko Veneno, como el célebre ‘Volando voy, integraron un álbum en apenas dos meses. Un tiempo estelar de risas, fiesta, y trayectos entre Sevilla y Madrid.