Una joven se opera los labios, le explotan y casi se queda sin un ojo

“Estaba petrificada y sufrí fuertes ataques de pánico”

Las operaciones estéticas no siempre ofrecen el resultado más deseado. A veces cuajan todo lo contrario. Haciendo peligrar hasta la salud en según qué casos. Jessica Myott, de 25 años, de Stockport, ha tenido que ser trasladada de urgencia al hospital para una operación de emergencia porque tenía tanto dolor que no pudo comer ni beber durante más de una semana. Se había operado los labios.

Sí… La esteticista se inyectó 1 ml de relleno en los labios en Faces By AKJ Aesthetics, que había visto publicitado en Instagram. Un mero trámite, al parecer. Una cosa rápida. Pero la operación estética se le infectó y se extendió hasta su ojo y estuvo a punto de dejarla ciega. Tal como se escribe, tal como se lee.

«Estaba petrificada. Tuve que pasar cuatro días en el hospital por goteo y operarme para extirpar tres abscesos. Sufrí ataques de pánico y mi labio superior está permanentemente entumecido», ha indicado. El relleno hizo de las suyas. Por una mal calculada previsión. Cuando llegó al salón en Hazel Grove, Stockport, el 29 de noviembre de 2018, dijo que fue recibida por una mujer que no era la que aparecía en los anuncios…

Que no fuera la mujer que ella había visto en la publicidad ya le extrañó. Pagó un precio considerable para que le inyectaran 3 ml de relleno en los labios y la mandíbula. De entrada, no notó nada inusual hasta el día siguiente, cuando su labio superior comenzó a hincharse, pero Jessica pensó que era normal. No tenía por qué pensar lo contrario.

Pero el asunto comenzó a empeorar. Su aspecto ya llamaba a la preocupación. El siguiente domingo, el bulto era tan grande que se agobió. “Me desperté con un dolor horrible. Envié fotos de mi labio a Faces y pedí ayuda, pero me dijeron que como era domingo, no podían verme. Fui a dos clínicas sin cita previa pero no me pudieron ayudar. Esa noche fui a Stockport A&E. Confirmaron que tenía una infección y me diagnosticaron antibióticos».

Así las cosas, tomó los medicamentos pero se despertó por la noche sin poder respirar adecuadamente. En cierta manera se asfixiaba. O al menos ésa era su sensación. Sabía que la infección se estaba extendiendo, así que volví a A&E. «Me enviaron a casa con tabletas de esteroides. La enfermera incluso admitió que realmente no sabían cómo tratarme».

El devenir de este pormenor ya adquiría tintes muy pesimistas. Jessica asimismo acudió a su médico de cabecera ese mismo día y se le aconsejó ir al Hospital Wythenshawe, ya que tiene especialistas en cirugía facial.

«Fue una pesadilla. El dolor fue horrendo. Perdí mi primer día de trabajo y no podía comer ni beber ni ver a mi niña que solo tiene cuatro años», dijo Jessica. «Fui a casa de mi madre y lloré porque nadie me escuchaba. Sentí que tenía agua en el oído. Debajo de mi ojo comenzaba a arder. Tuve miedo de quedarme ciega», concluye. Ahora ha decidido contar su historia. Para viralizarla. Y para que sirva de prevención para otras mujeres que, como ella, convirtió un deseo en una auténtica pesadilla.