Una madre siempre suele desvivirse por sus hijos -aunque existan contadas y execrables excepciones- y asimismo los hijos han de darlo todo por sus padres, muy especialmente cuando ya se hacen ancianos. Lo contrario es una actitud inconcebible que no entra en cabeza humana.

Ha sucedido un hecho que está conmoviendo a todos cuantos conocen el origen del mismo. Se trata de la imagen de una anciana, de 88 años de edad, que ha aparecido literalmente tirada en la calle. Tan sólo cubierta con una manta y junto a su única pertenencia: una maleta.

La imagen conmueve el alma y remueve las entrañas. Y por esta razón ha adquirido en las últimas horas una proyección de impacto mediático. Y no es para menos. Es intolerable una realidad así. Aún más cuando se ha conocido la historia de Adriana.

¿Qué le habrá sucedido a la buena señora? ¿Qué circunstancias han propiciado este estado de abandono? ¿Este desamparo tan recubierto de soledad? ¿Este desenlace incierto de vida desamparada? ¿Esta tristeza sin hogar?

Los antecedentes ponen los vellos de punta. En plena pandemia la anciana ha sido engañada por su hija quien, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, ha vendido la casa familiar sin avisar a nadie. Sin avisar absolutamente a nadie.

Vendió la casa unifamiliar por su cuenta y riesgo. Sin consultar. Sin consensuar la decisión. Lo hizo a las bravas, pero con nocturnidad. En un secreto negativo y harto perjudicial para la mujer que la trajo al mundo.

Sin importarle lo más mínimo que la anciana quedara sin techo, abandonada de extremo a extremo, sin un colchón sobre el que dormir. Sin nada de nada. ¿Puede hacer una hija algo así con una madre tan entrada en edad? A las pruebas hay que remitirse.

El maquiavélico plan de Fernanda

Habla ahora una de las hijas de Adriana. Su nombre es Alejandra. Comenta: “Nos acabamos de enterar que en diciembre mi hermana Fernanda engañó a mi madre, para que le diera los derechos de la casa, quedando a su nombre”.

Alejandra no tiene pelos en la lengua y apela a la verdad de los hechos. De este modo explica la gravedad de lo acontecido. La madre fue terriblemente engañada. Por su hermana. Y es que Fernanda urdió un plan maquiavélico para quedarse con el dinero de la venta de la casa.

“La situación se agravó tras la denuncia de los vecinos, que me indicaron que mi madre había sido desalojada de su casa y, literalmente, dejada en la calle«, sigue comentando Alejandra. Los vecinos quisieron solidarse con esta canallada. Una canallada que no tiene perdón de Dios.

La noticia ha sacudido Chile

La noticia se ha hecho viral en Chile, de donde es Adriana. La anciana no para de preguntarse cómo puede dejar una hija a su madre en la calle. Algo inconcebible que no entra en la comprensión de esta buena señora. La pregunta le da vueltas y vueltas en la cabeza.

Adriana recuerda cómo ha cuidado a sus hijas, el amor que depositó en todas ellas. Las horas de desvelo. Los esfuerzos, la felicidad del nacimiento de cada una de ellas.

Fernanda no ha tenido más remedio que dar la cara. Aunque mejor, a resultas de sus palabras, que incluso hubiera guardado silencio. Sus expresiones hablan por sí solas. En un alarde de egoísmo sin parangón.

«He tenido que decidir entre mi madre y mi hija de 5 años, y primero está mi hija«, detalla Fernanda, que considera que su madre estará mejor en un centro especializado que en su casa. «Le dije a mi mamá que se tenía que ir por su bien y por el bien de todos».