El sexo en la nueva normalidad explicado con sencillez

‘Animales nocturnos’ se estrena con Cristina Tárrega en toda su salsa

Se apagó el día para encenderse la noche. Encenderse en todos los sentidos: televisivamente hablando, de entrada. Y también en cuanto a la temperatura más sensual y más sexual. Desde este pasado lunes día 15 -o por mejor decir desde la misma madrugada del martes 16- ya existe programación de la pequeña pantalla para los noctámbulos, para los noctívagos y para los crápulas.

Parece que la definición de crápula es la que más se asemeja al tipo de audiencia, al público objetivo, al target de ‘Animales nocturnos’, late night que ha estrenado Cristina Tárrega aportando un sesgo diferente, un olor distinto, una cercanía humana -dermis con dermis- cuya textura nada tiene que ver con la repetida y repetitiva cantinela de la franja nocturna de las televisiones de las Españas nuestras.

Cristina Tárrega en toda su salsa, que es la salsa picante de lo sexual como aditamento y no tabú para toda persona con nombre ya apellidos, salsa pimienta porque la presentadora añade preguntas de alto voltaje erótico en el tú a tú con los entrevistados, y salsa mostaza porque de alguna manera está presente pero sin imponer el yo: sin anteponer el sabor de una megalomanía periodística: es decir: escucha sin juzgar.

Una invitada dialogante y bien desenvuelta: Alejandra Rubio -léase: hija de Terelu Campos-. Pero otros diferentes protagonistas que también encontraron acomodo en este espacio de estreno: por ejemplo las personas que optaron por semejante servicio público para realizar sus consultas de toda índole: íntimas e intimistas, personales e incluso hasta de interés más generalizado. ¿Un otrora radiofónico ‘Hablar por hablar’ de Gemma Nierga con aliño de ‘En tu casa o en la mía’ de Lorena Berdún en la madrugada de la pequeña pantalla de Telecinco?

Quizá únicamente sobraran -entiéndase el verbo- algunos rostros ‘eróticos’ más afamados de Mediaset, como es el caso de Suso o la olvidada Fiama -de ‘La isla de las tentaciones’-: opción que probablemente desquitara matices de anonimia e intimidad al formato del programa. Téngase en cuenta que la naturaleza crápula se mueve entre la transgresión, la confesionalidad y el anonimato o, en todo caso, la máxima reserva.

Los códigos de la noche laten en sintagmas diferentes. Y en este colchón -de cama donde precisamente no se duerme- no podía faltar una sexóloga: Ana Sierra. ¿Para hablar de qué? De un tema de candente y crujiente actualidad que si embargo parece anatema en su tratamiento televisivo: el sexo en la así denominada ‘nueva normalidad’. ¡Ahí es nada!

Trató cómo puede fabricarse una barrera de látex para el sexo oral -a partir de dos cortes de tijera en un preservativo- o la obligatoriedad de la mascarilla cuya molestia ha de complementarse con otros juegos sexuales alternativos. Incidió en los preliminares, que “no han de denominarse así porque son sexualidad en sí”. Ana Sierra puso de relieve el valor de la mirada como nueva arma de seducción. El arte de ligar ya se mueve en otros contextos.

La experta contrarrestó la escasa información que llega -que ha venido llegando- al ciudadano sobre este tenor que incumbe a todos sin excepción ninguna. Pongamos que hablamos de la nueva normalidad… sexual. Y dio ideas para besarse con precaución, para hacer el amor siguiendo las medidas de sanidad y para “ligar” sin que el covid-19 se propague.

La paradoja radicó en las redes sociales. Muchas críticas negativas del estilo “no me gusta nada este programa pero aquí sigo viéndolo sin saber el porqué”. Es decir: incluso hasta los detractores a primera vista no pudieron desconectarse de un anzuelo con sabor a curiosidad. ¿O quizá estaba tratándose -aunque con una televisiva puesta en escena que recordaba a la estética de los 90 o a algún set de consultorio de tarot- asuntos no tratados pero sí necesariamente tratables de ser humano?

Y es que el espectador también marida la curiosidad y el morbo por la intimidad ajena. De ahí que ganara enteros el don natural de Cristina Tárrega para extraer los secretos más inconfesables de quienes realizaban las videollamadas. No todas trataban el tema sexual, pero ahí estaba la Tárrega para preguntar sin imposiciones: siempre en tono de escucha cómplice. Con ‘Animales nocturnos’ ha llegado la hora de las deshoras… intempestivas.