Recordando a Manuel Valderas, artífice del Rocío en Jerez

Restableció la Hermandad e impulsó un Camino con romeros jerezanos

Ya las arenas aguardan cada pisada de la devoción mariana de Jerez. Ya los rocieros de la ciudad han predispuesto su corazón hacia el Camino escrito con mayúsculas. Y sin apellidos. Porque el Camino es anónimo en su colectividad. Un año más la Virgen espera a los romeros de esta bendita tierra. Días de itinerarios y días de rezos musitados. De calor y de esfuerzo físico. De oración hecha sevillana y de sevillana hecha cante devocional…

Muchísimos devotos y hermanos de la Hermandad de Jerez se unen en la experiencia única de la romería. Reunidos en la Fe. Juntos en el seguimiento a la Blanca Paloma. Mas siempre no fue así. No siempre la Hermandad hacía el Camino ni con muchas ni con pocas personas. No siempre se sostuvo el esplendor y la concurrencia con las que se ha contado durante las últimas décadas y así hasta la actualidad…

Hubo un punto de inflexión y un pistoletazo de salida. Un ánimo, una promesa, de resurgimiento y de reorganización y reflote unipersonal de la Hermandad. Porque el rocierismo de Jerez renació -o nació en todos los sentidos- a partir de la ilusión y la devoción ejemplar de un sanluqueño afincado en Jerez (fue conserje del Casino Jerezano): Manuel Valderas Sevilla. Nombre y apellidos que al fin figuran con letras de oro en la Historia y en la intrahistoria del movimiento de masas del Camino jerezano.

Manuel Valderas en efecto estuvo dotado de unas cualidades roceras fuera de lo común. Prometió reorganizar la Hermandad de Jerez, a principios de los años cincuenta, y no desfallecer hasta conseguirlo. Como así fue en efecto. Promesa cumplida de que Jerez tuviese su ejemplar Hermandad cada año con más peregrinos pisando las arenas. Con la autenticidad y la verdad que la ciudad precisaba y la Virgen merecía.

Para Manolo Valderas Sevilla la Virgen del Rocío siempre fue lo primero. Todo lo dejaba por Ella. Para Ella. No encontró la Reina de Almonte mejor aliado en Jerez. Su aportación fue providencial para que la Hermandad con sede en Santo Domingo tomara el sendero mantenido hasta el día de hoy. Aquellos primeros años sin luz, sin agua, sin camas: sólo el amor por la Virgen. Un amor imbatible y trascendente.

En estos días el milagro volverá a suceder. Y en torno a la aldea llegarán personas de todo el ancho mundo. La universalidad del Rocío siempre vigente. Sin embargo nadie olvide que Jerez es cuanto es, en el Camino y en la Hermandad y en la devoción a María Santísima, gracias a un hombre que dio el todo por el todo. Y que luchó denodadamente por restablecer un objetivo, una necesidad, un proyecto también de espiritualidad. Ahora que el Camino se inicia, nuestro más encendido homenaje y tributo por Manuel Valderas Sevilla, rociero ejemplar donde los hubo, donde los haya, donde los hay.