La muerte de un niño siempre desgarra de dolor. La muerte de un niño es un hecho contra natura. La vida temprana no debe calzar con la muerte. La muerte de un niño es una realidad que provoca el llanto en el común de los mortales. La muerte de un niño es el retorcimiento de la amargura de cualquier hijo de vecino.

Pero si la muerte de un niño ha sido provocada entonces la desesperación supera cualquier desconcierto. Y, si además, a más inri, es provocada por su propia madre, la incomprensión se torna rabia colectiva. Así ha sucedido con una joven de tan sólo 28 años de edad. Una joven que no sabe lo que ha hecho…

Porque ha asesinado a bebé. A la criatura que ha acunado entre sus brazos. A su bebé recién nacido. Todo un horror. Porque además lo ha asfixiado con una bolsa de plástico. Sin miramientos. Con una crueldad máxima. Con una crueldad que no ha tenido reparos en conseguir su macabro propósito.

Después de asfixiar a su bebé con una bolsa de plástico no ha tenido cosa mejor que hacer que abandonar su cadáver en el interior de un bar. ¿Cabe acción más dantesca?

La joven tuvo al bebé un parto secreto en un bar de Albacete

Los hechos sucedieron este pasado domingo 11 del actual mes de octubre. La joven tuvo un parto secreto en un bar de Albacete. Un parto proyectado a la nada. Un parto que nacía la muerte. Minutos después de nacer su hijo lo mató, asfixiándolo. Para esconderlo a continuación en un almacén.

La chica era trabajadora del local y, de buenas a primeras, de repente, le dijo a su encargado que se encontraba mal. Que se encontraba indispuesta. No sabía, en apariencia, qué le ocurría. Pero ella guardaba, silenciaba, la verdadera causa de su malestar.

Y, de un modo brusco, se encerró en el lavabo, donde nació su bebé, que fue brutalmente asesinado por su propia madre al cabo de poco tiempo de nacer. No se lo pensó dos veces. Ni tampoco reculó mientras sesgaba la vida de la criatura.

Inmediatamente después de parir, de dar a luz, se dirigió al hospital de Albacete, ya que había perdido mucha sangre. Había perdido demasiada sangre. Cuando llegó al centro médico, el personal sanitario vio que tenía el útero muy dilatado y, por este mismo motivo le preguntaron si había parido hacía poco rato. Entonces se extendieron los puntos suspensivos sobre los espacios de esta escena tan tensa.

Ella lo negaba todo

La mujer, insegura, asustada por si la descubrían, se lo negó en todo momento, ella negaba y negaba, pero los médicos sospecharon que los estaba engañando y decidieron avisar a la policía. Intuición profesional que no falla. Intuición que no opera por casualidad. Sexto sentido. Buen olfato. Mirada que trasciende…

Los agentes le preguntaron de nuevo, una vez más, si había estado embarazada o si había tenido un parto, pero ella lo seguía negando. Encerrada en su obstinación. Acorralada en su estrategia. Entre la espada y la pared. Erre que erre.

Con todo y con eso, no la creyeron y decidieron inspeccionar su lugar de trabajo y fue entrar en el almacén del bar y ver dos bolsas llenas de sangre. La sospecha se tornaba certeza. Algo olía a chamusquina.

Al abrirlas, no daban crédito a lo que estaban viendo: en una había la placenta y, en la otra, el cadáver de un bebé recién nacido. La mujer ha sido arrestada y, actualmente, está ingresada en la cárcel a la espera de que se celebre el juicio: se podría enfrentar a un delito de asesinato por haber matado su bebé. Una lástima la breve existencia de esta criatura que, por encima de todo, era inocente. Inocente en mayúsculas.