Nos lo repiten como una cantinela rítmica: manos, mascarillas, distancia y gel desinfectante. El orden de los factores no altera el producto, esto es, el resultado. Es decir: la finalidad: nuestra salud. Es un mantra que beneficia a todos. Las autoridades sanitarias la repiten hasta la extenuación. E incluso pueden provocar situaciones curiosas al volante. ¿Un gel desinfectante puede provocar el positivo en un test de alcoholemia? Aquí te lo descubrimos.

La distancia es la más complicada en según qué casos. En algunas ocasiones por circunstancias de espacio y, en otras, desafortunadamente, por una actitud pretendidamente incívica de quienes se saltan la norma a la torera, haciendo caso omiso de cuanto se ha dispuesto para la seguridad de todos en la lucha contra el coronavirus.

De las mascarillas se habla y escribe por activa y por pasiva. En su necesidad, en su idoneidad y en su obligatoriedad. Más vale prevenir que curar. Máxime cuando en este caso del virus maldito la curación a veces se convierte, para el paciente, para los enfermos, en un auténtico calvario.

El lavado de manos es otra de la indicaciones de obligado cumplimiento. Con frecuencia. Cada dos por tres. Un hábito que ha de imponerse a rajatabla. Existen elementos -antes impensables- que ahora forman parte de nuestro kit cotidiano. Forman parte de las prioridades marcadas por la nueva normalidad. Pongamos como ejemplo el uso del gel hidroalcohólico.

Se trata de un desinfectante al alcance de la mano -y nunca mejor dicho-. Es un garante de traer y llevar, de ida y vuelta. Una solución cómoda. Aseguramos que no infectaremos los elementos que tocamos con nuestras propias manos. Los observamos en las entradas de la práctica totalidad de los establecimientos públicos.

Garantizamos, sí, que no vamos a infectar nada que toquemos con las manos pero, al mismo tiempo, nuestras extremidades superiores quedan impregnadas por el alcohol. Y es que -no solemos fijarnos en ello- el gel desinfectante debe contener, para ser efectivo, un mínimo de 60% de alcohol.

Un uso habitual a día de hoy

Ahora bien, debemos formularnos la siguiente pregunta: ¿qué sucede o puede suceder cuando nos sentamos al volante con restos de gel en las manos? No es circunstancia imposible sino más bien todo lo contrario: habitual a día de hoy. ¿Podríamos dar el positivo en el test de alcoholemia? ¿Cabría esta opción que, por otro lado, no es nada rocambolesca?

La respuesta es afirmativa La respuesta es sí. Le ha sucedido, sírvanos el caso, al reportero de ‘Sálvame’ José Antonio León. Le sucedió durante el pasado mes de agosto. Con la obviedad, además, de que José Antonio León es abstemio. Blanco y en botella. O transparente y en botecito de gel desinfectante.

Se trata de un falso positivo. Cabe subrayar que José Antonio León usó asimismo el gel desinfectante para desinfectarse las manos y así manipular la boquilla desechable con la que expiró el aire en el test de alcoholemia. De modo que los vapores desprendidos por el gel desinfectante penetraron en las vías respiratorias del reportero e igualmente en la boquilla que se llevó a la boca para soplar.

No es un casi único, ni muchísimo menos. De hecho estudios realizados en 2016 en Estados Unidos aconsejaban al personal sanitario que utilizaran agua y jabón para la desinfección de manos siempre que fuesen a ponerse al volante, ya que podrían dar positivo en un control de alcoholemia en los siguientes 15 minutos.

Régimen sancionador

No debemos pasar este detalle por alto. Valga apuntar que la multa que conlleva un positivo en el test de alcoholemia siempre dependerá del grado de alcohol en la sangre. Por un valor comprendido entre 0,25 mg/l y 0,50 mg/l en aire expirado, se sanciona con una multa de 500 euros y la pérdida de 4 puntos del carnet.

A partir de 0,5 mg/l la multa se eleva a 1000 euros y además la pérdida de 6 puntos. Con más de 0,6 mg/l en aire y 1,2/l en sangre se considera un delito con penas de prisión de tres a seis meses, multa de seis a doce meses o trabajos a beneficio de la comunidad y pérdida del carnet por un periodo comprendido entre uno y cuatro años.