El tabaco es nocivo para la salud. El tabaco es inadmisible dentro de un hogar. En casa no se debe fumar nunca delante de los hijos. Porque perjudicamos en este caso la salud de los más pequeños. Los adultos deben tomar ciertas medidas cuando ya han traído hijos al mundo. Se deben extremar ciertas precauciones. No se debe descuidar ningún detalle.

Ningún detalle que sea susceptible de peligrosidad. Siempre se ha dicho, y no con falta de razón, que con los niños hay que tener mil ojos. Que cualquier riesgo puede aparecer de un momento a otro, sin apenas habernos percatado siquiera. Hombre precavido vale por dos… y por cien si tiene niños cerca. Muy cerca. Tanto de día como de noche…

Precaución que, precisamente en alusión al tabaco y a los niños, no ha tenido una pareja que se ha dormido mientras estaba fumando en la cama. Lo que es manifiestamente reprochable, porque el acto de irresponsabilidad es doble y porque además no tuvieron en cuenta cuantos pequeños habitaban en el hogar. En el dulce hogar.

Una secuencia infernal

No tuvieron en cuanta a los cuatro hijos de 3, 4, 6 y 8 años que dormían plácidamente en el momento que tuvo lugar, que se originó, un aparatoso incendio provocado por los cigarrillos encendidos. Se produjo en un santiamén una situación dantesca. Una secuencia infernal. Un fuego que se extendió en un visto y no visto.

El incendio arrasó la casa. La abrasó. Este hecho sucedió el pasado mes de febrero. Un mes de febrero fatídico. Un mes de febrero maldito. Dentro también de un año maldito. Natalie Unitt, de 26 años, y su pareja, Chris Moulton, de 30, padres de cuatro niños se quedaron dormidos mientras fumaban en la cama, se quedaron dormidos a pierna suelta, en su casa de Stafford (Inglaterra).

No advirtieron en ningún momento el asomo de la desgracia. Revalidaron la mala costumbre de fumar entre sábanas. Sin prever cuanto podía suceder. El sueño a menudo atrapa a traición. De manera fulminante. El descuido no fue calamidad, sino fatalidad, y el piso enseguida fue pasto de llamas…

Homicidio involuntario

Y sucedió lo peor: murieron los cuatro niños. Los progenitores fueron detenidos. Ambos bajo sospecha. Bajo sospecha de homicidio involuntario por negligencia grave. Una desgracia con protagonistas infantiles. Una desgracia con cuatro inocentes de vidas sesgadas. Una desgracia que provoca mucha tristeza.

Cabe reseñar que en su declaración ante el juez de este mismo jueves 12 de noviembre, la madre ha afirmado que sufría de un trastorno de estrés postraumático y no recordaba nada. No podía recordar lo que hizo después de que estalló el incendio. El padre, por su parte, ha asegurado creer que el incendio había empezado en un rellano.

Un cigarrillo sin apagar provocó el incendio

Todo se ha clarificado. Las pruebas son evidentes. No existe posible confusionismo en este sentido. La investigación ha concluido con que los niños murieron como consecuencia de «humos del fuego causado por un cigarrillo sin apagar». Cigarrillos sin apagar en una costumbre inadmisible: la de fumar a tus anchas en la cama. La humareda se originó al arder la ropa de cama del dormitorio de los padres.

La ropa de la cama como germen de unas llamas que parecían infernales lenguas de fuego. «A la señora Unitt le habían aconsejado que no fumase en la propiedad, pero hay pruebas sustanciales de que continúan haciéndolo», ha afirmado contundentemente en el juicio el forense Andrew Haigh, añadiendo que “es comprensible que hayan tratado de restar importancia teniendo en cuenta la gravedad de lo que ha sucedido». La extrema gravedad. Restarle importancia a un suceso de tal calibre es una postura de auténtica insensatez.